Opinion · Voces de la precariedad

Érase una vez… Un cuento

Dependencia

Los cuentos de nuestra infancia empezaban por ‘Érase una vez…’. Cuentos para sosegarnos, entretenernos o vencer nuestros miedos, y que siempre tenían un final feliz.

Bueno, pues ahora los cuentos no sosiegan; no entretienen. Ahora aumentan nuestros temores. Ahora los cuentos son de miedo y acaban (que no empiezan) por esa coletilla tan manida: Érase una vez…

La dignidad de nuestros mayores en las residencia, érase una vez. La accesibilidad a servicios básicos como transportes y administraciones; la inclusión plena y real; el derecho a la movilidad; los derechos de las trabajadoras y la justa remuneración por su trabajo, con los medios necesarios, tanto humanos como materiales; la revisión de las tutelas y la reversión de sus derechos básicos; la ayuda a domicilio; la mal llamada ‘Ley de Dependencia’; las pensiones y en general todos los servicios sociales, Érase una vez…

Nos hablan de un país llamado España, que camina imperial por el siglo XXI, solidario con sus gentes, cumplidor de leyes y moderno en su concepto, mas nosotros solo oímos Érase una vez…

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Érase una vez, que usted tuvo derechos. Lo que no nos cuentan es que las instituciones en general no están a la altura de los ciudadanos. Ni nos cuentan que los chalaneos entre mercaderes, las privatizaciones  y las políticas que se han acometido con la excusa de la crisis, han servido para instaurar un régimen mercantilista, donde los grandes inversores, a la sombra de sus apadrinados, han tomado al asalto, como corsarios de lo público que son, el erario público. Como en los cuentos de piratas, están dispuestos a saquear el cofre del tesoro. Tras piratear Cajas y Bancos, Sector Inmobiliario, salud, educación y pensiones, han encontrado un terreno abonado y fértil. Tomando como rehenes a los más débiles, a los más necesitados, han instaurado un sistema de mercado que atenta en sí mismo, contra las normas básicas en un Estado de Bienestar.

Corren historias en las calles, en los corrillos del mercado y entre los vecinos, repitiéndose sin cesar, de ancianos fallecidos en residencias por falta de atención adecuada; de niños privados de educación; de trabajadores pobres; de pensionistas jóvenes o enfermos crónicos que han de elegir entre medicación o comida; de pacientes de salud mental atados a la cama durante horas sin su consentimiento; de servicios públicos y privados inaccesibles, tanto física como digitalmente; de familias empobrecidas por el recorte en prestaciones. Corren rumores de hambre en las instituciones; de olvido de las prestaciones mínimamente exigibles por ley; de fallecidos que no han visto cobrada su ayuda a la dependencia, aun habiéndosela reconocido años antes.

Constatamos con estupor como organizaciones que nacieron con un carácter de defensa de los derechos de los trabajadores y los colectivos más olvidados, se han ido convirtiendo paulatinamente en peones necesarios, acomodándose a la situación han ido mutando en ‘empresas sociales’ olvidando las premisas fundamentales por  y para las que se crearon.

Ahora mismo nos encontramos una situación excepcional por el número de personas afectadas, donde las y los trabajadores de los diversos servicios sociales ven como menguan sus recursos, así como los escasos rendimientos obtenidos por su labor. Donde la comida en las instituciones, en vez de ser considerada pieza fundamental  y básica, ha pasado a entenderse como un gasto, con la consecuente disminución en  su calidad y cantidad.

Estamos asistiendo al desmantelamiento de la educación pública y por tanto inclusiva, en aras de un modelo que prima la segregación, cuando no el abandono de los niños y niñas señalados por su diversidad como ‘no normales’.

En un ámbito donde el alto porcentaje de trabajadores mujeres es la tónica, la aventura de conciliar se torna en misión imposible; donde la brecha salarial castiga en demasía y la falta de medios es notable, ha de implementarse un cambio urgente y necesario. Puesto que este muestra, sin pudor alguno, un interés crematístico y donde asociaciones de defensa y ciudadanos en particular, suplen con su esfuerzo y tiempo las carencias presentes y de futuro.

Nacemos dependientes y morimos dependientes, y es en esa última fase de la vida cuando es más necesario el descanso y cuidados de cuerpo y espíritu. Cuando después de bregar toda una vida, contribuyendo al proyecto de Estado, debe ser garante este mismo de los derechos fundamentales de las personas que en el habitan.

No podemos olvidar el desmantelamiento de los servicios de salud mental en todos los ámbitos del sector, (el 25 % de la población Española sufrirá al menos un proceso a lo largo de su vida) y nos retrotraen a pasadas prácticas de confinamiento y/o medicación abusiva que se han demostrado lesivas tanto para los usuarios, como para sus derechos.

Podríamos relatar más historias que vemos  y recogemos a diario. Pero al final todas nos llevarían al mismo desenlace, precario y abandonado.

Y aquí es donde este cuento de miedo cautivo que nos relatan debe de cambiar. Aquí es donde debemos tomar las calles y las conciencias de la ciudadanía de bien.

https://twitter.com/nomasprecario/status/1067708358822715392

Un cuento que empieza más o menos así: ‘Por los Derechos Fundamentales para todas y todos, MENOS DISCURSOS Y MÁS RECURSOS. EL 1 DE DICIEMBRE YO VOY’, Y que iremos escribiendo entre todas y todos, para llegar a un final feliz.

Javier G. Garzón

Unión de Plataformas en Defensa de los Servicios Sociales y la Diversidad

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