Opinion · Voces de la precariedad

Como el TDAH te lleva a un centro de menores

Hoy en un bus: abrígale la infancia y no tendrá tendrá frío nunca. Se me abre la mente; decido escribir esta nota. Os cuento, soy una mamá muy corriente, embarazo, parto y crianza. He trabajado siempre. Soy la mamá de un niño que no puede ser más precioso, mi precioso tiene ya  13 años. Ya de bebé era como el mar, no paraba quieto, travieso y con una gran fantasía. Cinco. Sí, no os asombréis, cinco colegios ya. Y solo tiene 13 años de vida. Tiene su explicación, se llama trastorno por déficit de atención por hiperactividad (TDAH).

Son niños cuya curiosidad y exploración del mundo se basa siempre en el movimiento, es su forma de aprender. Son niños impulsivos, y los convierten en discapacitados. Discapacidad  invisible a los ojos. El Sistema Educativo los quiere quietos, sentados y sumisos, en vez de estimularlos apropiadamente, los convierten en niños con necesidades educativas especiales. Ríos de papel y tinta, evaluaciones psicopedagógicas efectuadas por personas de los equipos de orientación psicopedagógica, personas en su mayoría funcionarios, pero que no poseen ni siquiera el título de psicología, ni son médicos. Son opinadores profesionales. Sus evaluaciones, aún en el caso de que algo bueno recojan, no se cumplen. Los pedagogos terapeutas y las ayudas logopédicas, no las hay, y cuando las hay son escasas y les dedican tan poco tiempo que de nada sirven. ‘No tenemos medios’, responden. Cinco colegios. Empiezo:

El primero: religioso, concertado, sentado solito en una mesa, apartado de los demás, expulsado del comedor. El comedor no es educativo, ¿ lo sabíais? ¡Cuando un niño estorba se le expulsa!. Un día, en judo, oigo como uno tan pequeño como él le decía «la monja dice que eres malo y que iras al infierno». Acoso desde el mismo colegio. Tuve que llevármelo. No querían jugar con él, ni siquiera en el parque. Hasta al Defensor del Menor tuve que ir. Resultado: el niño a otro colegio.

Segundo colegio: público, ahí estuvo desde segundo de infantil hasta cuarto de primaria. La primera profesora maravillosa. Primero y segundo de Primaria, los profesores, interinos, hicieron cuanto pudieron por ayudarle. Todo se complica al llegar al tercer curso y en cuarto, explota. Solito, al lado de una columna, detrás del todo y al lado de una puerta. La tutora no demuestra ninguna empatía, lo pone lo más lejos posible de ella. «Estás mal del cerebro», las palabras más bonitas que recibe de sus compañeros. Filtran que toma medicación, ninguna excursión, solo se le castiga, se le grita, se le expulsa de refuerzo. Expulsado de ajedrez, por cierto con medalla. La PT solamente le grita y así lo reconoce, y reconoce también que es disruptivo y que, aunque solamente tiene cuatro alumnos, no puede con él. Le deja solo, según ella para darle habilidades sociales. Tras preguntarle innumerables veces que en qué consisten y qué está haciendo con él, me reconoce la tutora que no están haciendo absolutamente nada. Totalmente aislado, olvidado y marginado, no le llevan a ninguna actividad extraescolar. Le dejan solo, le acusan de cuanto suceda en el colegio. Me llaman, me reciben cuatro personas que van contra mí. Me leen un acta de la que no me dan copia, se niegan, me presionan y me invitan a marchar del colegio.

Mi hijo es castigado y según él, incluso agredido. Según los otros niños y algunos padres, es cierto. En la clase de educación física les dejan solos, le tiran unas colchonetas encima, todos los niños se tiran sobre ellas esas y casi le asfixian. Consigue zafarse mordiendo una pierna. Cuando por fin aparece la profesora le grita. Etiquetado como está, él es el malo y culpable, perro rabioso y mordedor es lo que le grita la profesora. Estando sometido a una situación que le generó tremenda impotencia, ansiedad, miedo, frustración. Solo pensó en defenderse desesperadamente y lo hizo de la única manera que pudo. Yo hubiera hecho lo mismo.

Tercer colegio: público, no es elegido por mi. DAT Área Territorial de Madrid Capital decide a qué colegio tiene que ir mi hijo. En este tercer colegio que es la ONU, muy poquitos niños españoles y muchos niños de otras nacionalidades y costumbres diferentes. Quinto curso. No recibe ninguna ayuda ni logopédica ni PT. Consideran que no tiene ningún retraso escolar. Su madre se ha esforzado muchísimo y pagado para que le ayuden y enseñen. Todo lo que ha aprendido es en casa, en 2 horas los domingos, y con la ayuda de su madre el resto de la semana .

Este curso lo supera a trancas y barrancas y llegamos a  sexto, ya tiene PT. Los problemas se hacen mayores. Paso más tiempo en el colegio que en mi casa y trabajo, intentando ayudar a mi hijo y mediar, al final acabo teniendo que llevarle a un Hospital de día privado de 900 € al mes, tres días a la semana, y dos días a la semana  al cole en El Escorial, para lo cual tengo que hacer muchísimos documentos que incluyo y llevo al colegio. Discapacidad incluida. Resultado desastroso. Solo piensan en la medicación, nada más. Se niegan incluso a llevarlo de excursión de fin de curso. Motivo «tengo 30 más, no sabemos, no tenemos obligación de dar medicación, no entendemos, lo sentimos, dile que eres tú que no le dejas». Llaman a su padre, el padre le da una bofetada y a partir de ahí es la ruina de mi hijo y de mi familia.

Nos derivan al CAI. Para quien no lo sepa, el CAI son los servicios sociales, que bajo el paraguas del Ayuntamiento de Madrid han sido privatizados mediante ofertas públicas a la baja, trabajadores precarios que no se identifican ni con nombre y apellidos, ni tampoco con su especialidad, ni facilitan su número de colegiación y especialidad. En el caso de mi hijo, al ser discapacitado, cualquier intervención tiene que ser con un psicólogo clínico.

Cuarto colegio. Este es un colegio considerado feminista, concertado. ¿Problemas? Los mismos que en cualquier otro. No tienen medios, no saben, no entienden, no se encuentran capacitados, acoso al niño y acoso a la madre. Por fin la familia explota a través del acoso a la que le somete el CAI. Acabo siendo denunciada por malos tratos. ¿En qué consisten esos malos tratos ? En darle la medicación pautada por la psiquiatra. En llevarle a una psicopedagoga y en poner límites, que trabaje en sus deberes, dosificar las consolas y ordenadores y teléfonos móviles que su padre y más familia le regalan. Mientras tanto, al niño el padre y la abuela lo convencen de que su madre no le quiere porque le medica y eso son drogas. El niño así me lo verbaliza. Que no le quiero porque le estoy drogando.

Una mañana se levanta, no quiere desayunar, no quiere tomar la medicación, no quiere hacer absolutamente nada. Ante su actitud  le contengo como se me ha enseñado y le hago tomar la medicación, para ello le abrazo hasta que rompe a llorar, ya se lo ha tomado, ya se ha calmado. Se viste, se arregla y pide disculpas, coge su perrito y se va de paseo hasta la hora de la comida. Serían las 11 de la mañana. Mi hijo no volvió nunca, le recogieron su padre o mi madre o alguna persona que no me pidió ningún permiso, y se lo llevaron. Hasta las 7 de la tarde no recibí ninguna respuesta a mis múltiples llamadas. Me llaman del Hospital Puerta de Hierro y me dicen que allí está mi hijo, que vaya inmediatamente, que hay una denuncia por malos tratos. Cuando llegó el niño no está, el padre no está, nadie está .Por teléfono hablo con mi hijo y me dice que se va a quedar con su padre esa noche. Esa misma noche viene la policía y me acompaña a comisaría. Allí me meten en un calabozo hasta el día siguiente a las 15.00h . En ese momento me habían puesto el abogado. Me  toman los de huellas digitales, y ya domingo por la tarde me ponen en libertad. El lunes acudo a mi puesto de trabajo y el mismo día por la tarde juicio rápido. Una vez allí, la fiscal me pregunta que por qué insisto tanto en la medicación del niño puesto que no le va a hacer más inteligente. Explico lo que es  el TDAH. Sentencia archivada y desestimada la acusación. El mal ya está hecho. No he vuelto a estar con mi hijo. La Comisión de tutela me informa que nos quieren retirar a ambos padres la patria potestad y tutela. Todo por una intervención errónea de un CAI. Nuestro hijo necesita su farmacología, psiquiatra, psicólogo clínico, Hospital de Día especializado, y mucho amor y acompañamiento. Que se respete la Constitución Española y la Convención de Derechos del Niño Discapacitado, los Derechos Humanos y, sobre todo  que nadie no cualificado se le acerque.

Ana Ríos

La Unión de Plataformas en Defensa de los Servicios Sociales y la Diversidad