Dominio público

El bloqueo se llama Mariano Rajoy

Enrique del Olmo

Sociólogo y militante socialista

Enrique del Olmo
Sociólogo y militante socialista

Si en algo tiene habilidad el PP es para machacar una idea simple hasta la saciedad, y en eso Rajoy es el campeón. La idea del momento es el bloqueo y el responsable: Pedro Sánchez. Entre todos han logrado introducir en el debate público la idea del bloqueo y todos bailan alrededor de ello. Para la derecha, tanto para la tradicional como para la tradicional-renovada de C's, el culpable es el PSOE y sobre todo su secretario general Pedro Sánchez. Para este, el bloqueo es culpa de Podemos en primer lugar y de su otrora socio Rivera en segundo. Ellos se vetan mutuamente e impiden un "Gobierno de cambio". Por su parte los barones, baronesa y jarrones chinos piden, que Pedro Sánchez rebaje el listón y permita mediante cualquier subterfugio el gobierno de Rajoy.

El desbloquear pasa a ser una virtud absoluta, es pensar en todos los españoles y tener altura de Estado. Pero si logramos escapar de esta retórica y este postureo que nos inunda desde hace ya demasiados meses y que tiene a la ciudadanía, y particularmente a la favorable al cambio, absolutamente harta, podemos entrar en el fondo de las cuestiones.

Rajoy y el PP han sido los más votados en las dos elecciones que hemos tenido —20-D y 26-J—, eso es incontestable, pero también es incontestable que son los partidos y el candidato que más rechazo concentran, tanto en votos como en diputados, y eso es una expresión categórica de lo que no quiere la mayoría del país. Ello es absolutamente lógico pues el Gobierno del PP es el responsable del deterioro social, de los recortes de los servicios públicos, de la quiebra del mercado laboral, del incremento de la desigualdad, del deterioro de las relaciones con Cataluña, de la máxima responsabilidad de la corrupción política y económica, del inmovilismo institucional, de la insolidaridad en el marco europeo. El gobierno del PP y su presidente Rajoy no es simplemente un mal menor frente a las dificultades de no tener gobierno (ese es su último chantaje), es una opción profundamente negativa para la mayoría de la población y a eso es a lo que deben responder las diversas fuerzas políticas.

Esa mayoría parlamentaria que dio 180 votos negativos a la investidura de Rajoy tiene que asumir generar una investidura para otro candidato. Lo más lógico es que sea Pedro Sánchez, pero lo esencial es que quitemos la piedra que bloquea que el agua fluya y que se llama Mariano Rajoy. Un Gobierno de Rajoy seria consolidar una derrota sin paliativos de los millones de españoles que llevan movilizándose desde 2012 para frenar las políticas antisociales y corruptas del PP. Cualquier otra opción será un respiro para mejorar y seguir avanzando.

Los partidos que se definen del cambio: PSOE, Podemos, Compromís, confluencias, etc. miran más hacia lo que sucede en sus filas y las pugnas por el poder interno que a dar respuesta a la perentoria necesidad política de echar a Rajoy. La poderosa corriente de cambio que surgió a partir de 2011, que puso patas arriba el tablero político e institucional, que tuvo un reflejo político importantísimo en Podemos, las Mareas, las confluencias y las candidaturas del cambio, ha tenido un claro reflujo el 26-J. La gestión de ese caudal de cambio ha sido muy mala, por ser condescendiente por parte de todos, el PSOE vacilante entre el cambio y la continuidad, entre el miedo al sorpasso y el rechazo al PP, jugando al acuerdo con Ciudadanos (tan del gusto de barones y jarrones chinos) un callejón sin salida como se ha demostrado y al antipodemismo primario. Por parte de Podemos un no manejo del tiempo político existente ("el empate técnico") empeñados en la formación de un gobierno que se ha mostrado inviable, abriendo grietas en la relación con los socialistas cuando lo necesario era implicarlos y seducirlos y cuando además había múltiples formulaciones, todas ellas favorables a la formación morada, que hubiesen permitido lanzar la legislatura con acuerdos programáticos positivos para la población y sin el deterioro que para la alternativa política de un cambio más profundo que ha tenido.

A la ciudadanía los problemas de Sánchez con los barones, las disputas de los errejonistas y los pablistas, las controversias con las mareas, las imputaciones de culpas por la repetición de elecciones les traen absolutamente al pairo. Eso sí que es vieja y agotadora política.

Pero volviendo al bloqueo, hay que situar en primer término el impedir un gobierno del PP y de Rajoy. Esta es la salida más positiva para todos, en primer lugar para los ciudadanos pero también para las diversas fuerzas políticas. Sin quitar a Rajoy, ni puede haber mejora en la situación social, ni se va a combatir a la corrupción, ni se va a avanzar hacia reformas constitucionales de calado (ley electoral, reforma del Senado, financiación de partidos), ni se podrá hablar con Cataluña para sacarla del camino sin salida en el que les han metido Mas, sus herederos y sus subalternos, ni por supuesto va a existir en Europa una voz diferente a la Merkel y los populismos de derechas en ascenso. Para todos Podemos, PSOE, los comunes, los nacionalistas, los independentistas, Compromis, los ayuntamientos del cambio, etc no hay mejor escenario para sus aspiraciones que quitar al PP y Rajoy. Eso es lo que está en juego.

Alberto Garzón señaló recientemente unos puntos de acuerdo para apoyar la Presidencia de Sánchez, pienso que marcó un camino viable: acuerdo programático y voto de investidura, no poner palos en las ruedas. En un sentido muy parecido se manifestó Núria Parlón, alcaldesa de Santa Coloma y candidata a la primera secretaría del PSC, derrotar a Rajoy y acordar para ello con todos los que estén por la labor, incluidos los independentistas, y pactar una tregua para hablar de las relaciones con Cataluña en un tiempo fijado lo que puede conectar con lo mismo que dijo Puigdemont. Tanto CCOO, como UGT se acaban de manifestar en el mismo sentido, para lograr una nueva política social y laboral. Todo el resto de consideraciones: problemas internos, agravios preexistentes, campaña mediática, presiones del IBEX, etc., que haberlas haylas,... todo ello es totalmente secundario frente al problema serio y determinante para las vidas de nuestros ciudadanos que es la continuidad del PP y de Rajoy como figura egregia.

En definitiva, que las presiones, las pugnas del poder interno, los titulares ruidosos no nos despisten ni por un momento de que el bloqueo se llama Rajoy.