Dominio público

El reto del empleo

CELESTINO CORBACHO

05-01.jpgEl Primero de Mayo de 1886, la American Federation of Labor había convocado una huelga para exigir la jornada laboral de ocho horas. En el curso de esa reivindicación, Chicago fue escenario de la masacre de Haymarket Square. Se ignora cuántos trabajadores y trabajadoras murieron en la carga policial que tuvo lugar esa noche, y en la represión que se desató posteriormente. Trascurridos casi 124 años de esa fecha, el pasado 21 de abril, quien es hoy el más relevante de los representantes públicos de Chicago, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, nos recibió a los ministros de Trabajo de los 20 países que representan el 85% de la economía mundial.
En 2009, en la cumbre del G-20 de Pittsburg, se nos encargó a los ministros de Trabajo que evaluáramos las medidas de estímulo a la economía y creación de empleo. El documento de recomendaciones, para la cumbre G-20, que se celebrará en Toronto los próximos días 26 y 27 de junio, ya ha sido presentado al presidente Obama.
En la reunión del G-20 de empleo en Washington, los responsables de trabajo hemos concluido que las diversas medidas que ya se han puesto en marcha para reactivar la economía eran necesarias y, además, que se precisa de esfuerzos adicionales para asegurar que la recuperación es sostenida y produce un crecimiento económico con un alto nivel de creación de empleo. El buen resultado de los estímulos a la economía se aprecia con sólo dos datos: la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que, gracias a los esfuerzos realizados, en el año 2009 y lo que llevamos de 2010 se preservaron o se crearon 21 millones de puestos de trabajo y se redujeron en un 40% las pérdidas de empleo a escala mundial.
A pesar de que el crecimiento ha comenzado a reaparecer en muchas de nuestras economías, el desempleo, a escala mundial, se sitúa en altos niveles históricos y en muchos países las tasas de paro están aumentando todavía. De ahí la necesidad de dar prioridad a la creación de empleo.
La OIT estima que la mitad de los 3.000 millones de trabajadores del mundo están empleados bajo formas precarias de empleo. Por ello, los ministros de Trabajo hemos planteado en este sentido una de las recomendaciones y el Gobierno tiene claro que debe situar la calidad del empleo en el centro de las estrategias económicas.
En las recomendaciones al
G-20 se incluyen también elementos que presiden las líneas de actuación del Gobierno de España, como asegurar una recuperación sostenible y establecer sistemas de protección social adecuados. Se trata, en definitiva, de situar el empleo como elemento central de la agenda de los gobiernos, tal y como lo hace el Gobierno de España.
Si bien en los últimos días la estadística trimestral nos ha llevado a una visión sesgada, la visión global confirma que, en el último año, el paro en España se comporta mejor. En este último año, el desempleo ha crecido menos de la mitad que en el año anterior. Paralelamente, la afiliación a la Seguridad Social también muestra una evolución paulatinamente mejor.
Pero, igual que en los países de nuestro entorno, el paro puede crecer en los próximos meses, de ahí que el Gobierno vaya a seguir aplicando medidas y actuando, pero también precisamos de otro tipo de actuaciones que incidan sobre cuestiones más estructurales de nuestro mercado laboral.
A primeros de febrero, el Gobierno fijó la agenda del Diálogo Social. Una agenda que pasa por reducir la temporalidad y estimular la estabilidad de la contratación, porque la temporalidad es el problema más grave de nuestro mercado de trabajo y es, sin duda, una de las causas por las que en nuestro país se ha destruido más empleo que en otros países de la Unión Europea.
Además, Gobierno e interlocutores sociales también han establecido en la agenda la revisión de la actual política de bonificaciones a la contratación, la mejora de la intermediación laboral y la reducción de jornada como instrumento de ajuste temporal de empleo, el llamado modelo alemán. Iniciativas que buscan acelerar la creación de empleo y conformar un mercado laboral más eficiente.
Pero si la sociedad española afronta un reto de gran trascendencia social, ese es favorecer el empleo de los jóvenes. El Gobierno ha propuesto articular un programa extraordinario de empleo para jóvenes, en línea con lo realizado en otros países europeos, que implique la mejora de los contratos formativos y el desarrollo de acciones particularizadas para los jóvenes desempleados.
Se trata de un reto de tal dimensión que la acción del Gobierno del Estado no basta para hacerle frente. Gobierno, interlocutores sociales, comunidades autónomas. La universidad, las empresas,… todos tenemos la responsabilidad de ofrecer a nuestros jóvenes confianza en su futuro, en su futuro inmediato para que la generación mejor formada de nuestra historia no pague las consecuencias de la crisis más profunda que nos ha tocado vivir a todos. Pero el futuro también pasa por mejorar la capacitación ante los retos que plantean las futuras necesidades de cualificación de la UE.
Para competir en el mercado global, Europa necesita generar productos y servicios más innovadores y de mayor calidad. Empresarios, trabajadores y administraciones debemos invertir en nuevas capacidades, elemento imprescindible para sentar las bases de la futura creación de empleo sostenible y de calidad.
El objetivo de la UE es que en 2020 un 75% de la población entre 20 y 64 años esté ocupada. Para cumplir ese objetivo será imprescindible aprovechar el talento y el conocimiento de todos, en especial el de los jóvenes.

Celestino Corbacho es ministro de Trabajo e Inmigración

Ilustración de Alberto Aragón