Dominio público

Así que la transversalidad de Yolanda Díaz era esto

Sato Díaz

Yolanda Díaz, en un momento de su debate con Thomas Piketty. FOTO: Mariña Sánchez Testas
Yolanda Díaz, en un momento de su debate con Thomas Piketty. FOTO: Mariña Sánchez Testas

"No voy a dar más agradecimientos, aunque estoy muy agradecido, pues no quiero que esto parezca una gala de los Goya". El que hablaba era Berna León, investigador y profesor asociado en SciencesPo en París y uno de los organizadores del seminario La desigualdad: una introducción transdisciplinar que se celebrará en el Círculo de Bellas Artes de Madrid en próximas fechas. León presentaba el coloquio celebrado este viernes entre Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, y Thomas Piketty, profesor en la Paris School of Economics y una de las figuras clave en los estudios mundiales sobre desigualdad.

Y aquello no era una gala de los Goya, pero lo parecía, según cuentan las malas lenguas. El Círculo de Bellas Artes siempre se presta al postureo, el entorno es envidiable y los modelos, elegidos para la ocasión. El contenido de la conversación entre Díaz y Piketty fue exquisito. El profesor francés pudo exponer sus planteamientos sobre la desigualdad, motivos por los que apostar por un "socialismo participativo".

La política gallega, por su parte, mostraba algunas claves más de su proyecto político, tanto del presente, el que desarrolla en el día a día desde su cuartel general del Paseo de la Castellana, en los Nuevos Ministerios, como del futuro, ese nuevo sujeto político aglutinador de las izquierdas que aspira a ser clave en el próximo ciclo electoral.

Del presente, de lo relativo a su cartera ministerial y su vicepresidencia en el Gobierno de coalición, lanzó dos mensajes: por un lado, apretó en el sentido de la necesidad de una reforma fiscal (este es el año señalado por el Gobierno para "abrir este melón") de manera que se corrija la lacra de que "los hiperricos asistan a una deserción fiscal". Por otro, anunciaba, parafraseando a Marcelino Camacho ("las democracia se quedó en la puerta de las empresas") una nueva batalla para democratizar el mundo de la empresa, una pelea que ya habría comenzado al dotar de más competencias reales a los sindicatos con la reforma laboral en trámites.

En cuanto al futuro, Díaz aprovechó para esbozar dos ideas. Por un lado, una declaración de intenciones que marca cuál es el objetivo último de su proyecto político: "Apelo a un proyecto de país basado en la igualdad". La igualdad, la equidad, una sociedad más justa como propósito por el que embarcarse a liderar un espacio que está patas arriba. Y, por otro lado, la necesidad de trascender la actual idea de Europa, cambiar la arquitectura europea y desechar esa inercia hacia la austeridad, cambiar la dirección hacia lo social.

El perfume del centro de Madrid, de la academia, las elevadas reflexiones y teorizaciones se diluirá en una semana. En siete días, la gallega cambiará de registro y de auditorio. Toca arremangarse y pelearse la reforma laboral. El viernes que viene, Díaz debatirá con 200 delegados sindicales de diferentes sectores (hostelería, comercio y restauración) sobre la reforma laboral. El acto será en Barcelona. Antes, visitará la factoría de Seat en Martorell y se reunirá, además de con Wayne Griffiths, presidente de la automovilística, con el equipo de recursos humanos de la misma y con el comité de empresa.

De conversar con Piketty a hacer lo propio con las bases sindicales de Catalunya. Precisamente de Catalunya. Esta asamblea sindical supone un simpático mensaje para ERC, partido que poco a poco va modificando su posición inicial contraria a aprobar la reforma laboral. Tras una cena mantenida esta semana entre Pere Aragonès, president de la Generalitat y líder de ERC, y la propia vicepresidenta, los independentistas han suavizado su postura, su no inicial. Las bases del histórico partido catalán están unidas sentimentalmente a UGT y, en menor medida, a CCOO.

La misma semana que Díaz participaba por segunda vez en el podcast radiofónico Buenismo Bien y hacía reír a los oyentes, marcaba su carácter de líder al mandar a sus socios de coalición gubernamental "cuidar la coalición", tras los abusos de algunos dirigentes socialistas cargando contra su compañero, el ministro de Consumo Alberto Garzón, con motivo del bulo de la carne y las macrogranjas.

Así que la transversalidad de Yolanda Díaz era esto. Tener la capacidad de hablar a todo el mundo, de adaptarse a diferentes situaciones de la vida, a múltiples contextos e interlocutores. Y de hacerlo para acercarse a un horizonte. Un propósito subrayado este viernes: la igualdad.