Otras miradas

Las dudas sobre la víctima de Dani Alves

Ana Bernal Triviño

La madre y el hermano de Dani Alves en el centro de la foto del juicio en la Audiencia de Barcelona. EFE/Enric Fontcuberta
La madre y el hermano de Dani Alves en el centro de la foto del juicio en la Audiencia de Barcelona. EFE/Enric Fontcuberta

¿Por qué la víctima de Dani Alves entró en el baño? ¿Por qué dicen que está destrozada pero sale tan normal del baño? ¿Por qué ahora quiere dinero? 

Terminó el juicio oral contra Dani Alves y las redes se llenaron de estas preguntas. Eso sí, con el antecedente de "soy feminista, pero..." En verdad, podemos cambiar la "víctima de Dani Alves" por cualquier otra porque en el fondo piensan igual de todas: que son cuentistas, troleras, y unas aprovechadas.

¿Por qué la víctima de Dani Alves, o cualquier otra, entró en el cuarto de baño? ¿Pues será, quizás, porque pensamos que podemos ir donde donde nos dé la gana sin que nos violen? Fue porque quiso o porque lo necesitaba. Tú puedes estar bailando y hablando con una persona con la que sientes cierta conexión e intimar con ella en otro espacio más privado, y esperar que también tendrás capacidad de decisión, que una negativa será respetada y que no te van a agredir.

¿Saben qué ocurre? Que cuando se trata de agredirnos, la historia de las mujeres y de los feminicidios está repleta de violaciones en portales, en la calle, en fiestas privadas, en sus propias casas o en sus propias camas por sus parejas. La pregunta no es por qué entró, la pregunta es por qué se viola cuando las mujeres dicen NO.

¿Por qué dicen que está destrozada pero sale normal del baño? Dicen, no. Está. Porque hay unos informes forenses, que se realizan con pruebas científicas rigurosas, que certifican el estado de la víctima. El culmen del negacionismo, aunque se diga muy feminista, es negar incluso los informes médicos porque siempre ese machismo es el que vierte un halo de sospecha sobre el comportamiento posterior. Pues sí, el estado de shock paraliza los instantes posteriores, sobre todo cuando tu mente tiene que disociarse para superar un trauma. La vuelta a la realidad, la aceptación de que lo que ha ocurrido es cierto, te deja sin aliento. De la misma manera que ocurre con tantas otras situaciones críticas, como cuando te dicen que ha muerto un familiar y no rompes a llorar hasta minutos después. Y en el caso de la víctima de Alves la chica se muestra visiblemente nerviosa ya antes de abandonar el local. La pregunta no es cómo ella u otras se comportan.

La pregunta es, cómo en tantos otros casos, los violadores salen tan tranquilos después de haber forzado y agredido a una mujer y son capaces de dormir y vivir con ello, como si nada hubiese pasado. Y, encima, culpar a ellas. Quizás porque saben que la sociedad siempre estuvo con ellos.

¿Por qué ahora ella quiere dinero? Porque ella está en su derecho y porque ninguna víctima debe de renunciar a ello. Pero, sobre todo, porque un agresor te destroza la vida. Porque estás tiempo de baja, porque no puedes trabajar, porque no puedes estudiar, porque tienes que cubrirte muchas terapias, porque necesitas tiempo para ti, porque hay agresiones que te dejan secuelas físicas de por vida, porque tienes miedo a volver a relacionarte y porque, en derecho, todo daño se paga, aunque el dolor sea irreparable.

El machismo de esta sociedad se desvela solo cuando esta idea se cuestiona sobre las víctimas. ¿De verdad piensan que una víctima se va a inventar una situación así solo por dinero cuando un perito acredita que tienes 24/7 pesadillas, traumas, ansiedad y supone un freno de tu vida profesional y personal durante años? Eso no hay nada que lo compense.

Hay quienes dicen que tenemos que escuchar a los familiares de los agresores para saber cómo son ellos. De hecho, los familiares se han escuchado en el juicio oral, como tantas veces. Y aquí hemos visto tópicos como el de la madre de Dani Alves, cuando dice: "Mi hijo es ese hombre que abre la puerta del coche a las mujeres".  Quizás, si nos ajustamos al relato de la víctima, parece que a Alves no se le olvidó abrir la puerta del coche, sino abrir la puerta del baño para dejar marchar. Eso es más importante de aprender.

Estaría bien que, dado que hay que ser imparcial en los juicios populares, según nos recuerdan, focalicen entonces comentarios en las dos partes, porque se olvidan de preguntar siempre por qué se viola, por qué agreden, por qué abandonan un lugar sin preocuparse de ver llorar a quien hace un rato has usado dentro de un baño o por qué intentas llegar a un acuerdo a la desesperada si tan inocente eres.

Al final, lo de Alves es solo la réplica de lo que pasa con cada caso de agresión sexual denunciado: que el machismo quiere protagonizar el relato. Porque ellos nos quieren decir qué es una agresión sexual o qué es una buena víctima. Pero nunca responden a la pregunta de cómo esos hombre que siempre son amables y que abren la puerta del coche terminan por convertirse en agresores.

 

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