Opinion · Punto y seguido

5 opciones de Bashar al Asad en el último plan de paz para Siria

John Kerry, tras regresar de Moscú el pasado abril, anunció una hoja de ruta para la transición política en Siria, que pondría fin a las esperanzas de Bashar al Assad de seguir en el poder. El plan, que en palabras de Barak Obama está basado en “las revisadas estrategias de Irán y Rusia” respecto a Siria, y se pondría en marcha el próximo mes de agosto, consiste en: redactar una nueva constitución bajo la supervisión de la ONU que cambie el modelo actual de la república presidencial a otra parlamentaria (reduciendo las facultades del presidente), y prepare unas elecciones legislativas para el 2017. El acuerdo muestra que el eje formado por Occidente, Turquía, Arabia Saudí e Israel, y el de Rusia e Irán han acordado dos puntos básicos: uno, separar el destino del país al del futuro del presidente Assad, y dos, su salida del poder.

Ha sido Serguéi Lavrov, el canciller ruso, quien ponía el último clavo al ataúd del jefe del Estado sirio: «Asad no es nuestro aliado. Lo apoyamos en la lucha contra el terrorismo y para preservar la integridad del Estado sirio«, insinuando que su marcha podrá ser negociada  (quizás, a cambio del levantamiento de las sanciones contra Rusia). Moscú ha declarado su disposición en colaborar con los candidatos elegidos por el pueblo sirio, y tener reuniones con el Comité Nacional de Coordinación de las Fuerzas de Cambio Democrático, que agrupa a partidos y personalidades de izquierda y nacionalista en favor de un cambio no violento (¡a estas alturas!) en el país. Aun así, el ministro de Exteriores sirio Walid al-Moalem, como si estuviera en otra galaxia, seguía insistiendo en que la permanencia de Asad es la línea roja del gobierno en negociar la situación del país con las potencias mundiales.

Es de señalar que Moscú y Washington están negociando de forma bilateral y sin presencia de otros actores del conflicto. ¿Es otra señal de que el mundo vuelve a ser bipolar?

El futuro de Assad, en “sus manos”

Ahora la pelota está en el tejado del “doctor Assad”  quien deberá elegir uno de los siguientes destinos que “la vida” le ofrece:

1.El compromiso de abandonar el poder de forma ordenada. Barak Obama, que al contrario de otros presidentes de EEUU, no ha podido hacerse la foto tradicional con los líderes de Palestina e Israel, necesita un relevante logro en Siria en la víspera de las elecciones presidenciales de EEUU del noviembre, aunque esto suponga que durante unos meses Asad le sobreviva. Si todo marcha como afirma la Casa Blanca, el actual jefe del Estado sirio incluso podrá presentarse como un candidato más en las futuras elecciones, una vez que finalice el proceso de paz, que en realidad es una tregua y una trampa:  destinará 100 millones de dólares más a los grupos terroristas con el fin de mantener el control sobre el caos creado y seguir trazando las fronteras del Nuevo Oriente Próximo. Moscú, insiste en mantener la estructura del estado, temiendo una libización de Siria y un final trágico para Assad, quien se niega a dejar el palacio ash-Shaab. Lo cual complica el escenario: puede suceder una matanza de civiles de bandera falsa que le culpe y justifique una intervención militar abierta de la OTAN en el país.

2. Permanecer en el poder en una región de Siria, como cuando EEUU dejó que Saddam Husein gobernase la región árabe del país en 1992, separando el Kurdistán. Sin embargo, esta vía ya ha sido agotada. La CIA y el Mossad si aun no han acabado con Asad con uno de sus “asesinatos selectivos” ha sido, entre otros motivos, para convertir Siria en una trampa donde desgastar a los enemigos y rivales. Tampoco es probable que fructifique la mediación que según el diario Asharq al-Awsat está realizando Egipto para que Arabia Saudí dejara a Asad gobernar algunas regiones del país.

3. Exiliarse y abandonar la política. Assad, si bien guardó silencio ante la oferta de Vladimir Putin de compartir piso en Moscú con Edward Snowden, ha rechazado públicamente la propuesta de Irán en trasladarse a Teherán para “desde allí dirigir la resistencia”, como una salida elegante del país. Emiratos Árabes Unidos, Omán o Gran Bretaña -patria de su esposa Asma al-Akhras-, pueden acogerle, antes de que se convierta en una patata caliente, como el Sha de Irán, que tuvo que peregrinar por varios países para al final morir humillado en Egipto.

4. Esperar a ser derrocado por los “republicanos” de EEUU, Israel, Turquía o Arabia Saudí que además de tener mucha prisa en poner fin a la era del Partido Baas, cuentan con sus propias agendas en Siria que no es precisamente la de Barak Obama. Si eso ocurra, él se convertiría en un héroe, a un mártir, ya que todos los posibles escenarios del futuro de Siria son más oscuros que la era de los Asad.

5. Comparecer ante un tribunal. Al contrario de Hosni Mubarak, Assad no disfrutará de un juicio teatral, ni de una jubilación en su propio país. El asadismo no sobrevivirá sin él, como lo ha hecho el mubaraquismo sin Mubarak en Egipto. Le sustituirá otra familia que salvará el sistema capitalista, quizás con algunos cambios en la administración territorial del país. Aunque en el noviembre del 2015, EEUU dejó de financiar la comisión que recopilaba los crímenes del presidente sirio, la justicia francesa, -que nunca ha juzgado la barbarie que han cometido los mandatarios occidentales y sus aliados por el mundo-, pretende llevarle ante los tribunales galos.

Dos principales factores han sido la perdición de Asad: ser jefe de un pequeño régimen dictatorial capitalista que lleva en sus entrañas la injusticia social y la opresión de toda índole, y carecer de poderosas armas capaces de disuadir a los depredadores del Estado sirio.

No habrá milagros para al- Asad, y en este caos controlado en Oriente Próximo, el «derecho del pueblo a la libre determinación» es una macabra broma.