Punto y seguido

El "sofagate" y la intervención de Turquía en Ucrania y Afganistán

Instante en el que Von der Leyen se queda sin silla en la reunión con Erdogan.- EFE

El extraño incidente del "Sofagate" consiguió ocultar lo que realmente sucedió en la trastienda de la reunión entre los representantes de la Unión Europea (UE) y de Turquía, que no fue otra cosa que dar un giro al panorama geopolítico de Eurasia. Relegar a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a un sofá, mientras el presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, y el jefe del Consejo Europeo, Charles Michel, se acomodaban en majestuosos sillones, presidiendo la sala oficial, fue calificado por la prensa europea como un "error" de protocolo e incluso de "ramalazo de machismo" por parte de Erdogan. Los turcos, por su parte, respondieron que habían colocado los asientos conforme a los deseos de la delegación europea, y concretamente del equipo de Michel. 

Una tercera versión apunta al caos que reina en la política europea y la cuarta indica que habría sido una jugada de Michel para humillar a su rival Von der Leyen. La política conservadora, en vez de protestar, exigir un sillón o abandonar la reunión, aceptó con la resignación de una mujer sometida lo ofrecido por aquellos hombres, y justificó su ‘sacrificio’: lo hizo para dar prioridad a los intereses de la familia europea, que ha ido perdiendo peso en favor de una Turquía cada vez más poderosa, ahora que Irán se ha debilitado e Irak, Libia y Siria han sido desmantelados como estados que le hacían de contrapeso. 

La opinión pública condenó a aquellos señores, pero, aludiendo al refrán "El que ríe al último, ríe mejor", el mandatario turco terminó exhibiendo su poder ante el mundo, al sentar a la jefa de la UE en el sofá; eso sí, con dos cartas guardadas en la manga: alrededor de cuatro millones de refugiados ansiosos por pisar Europa y una inversión de cien mil millones de dólares de los bancos europeos en Turquía. Si la clasificación de las personas entre "importantes e irrelevantes" no se diera en la jerarquía social capitalista, este tipo de ‘incidentes’ no existirían. 

La UE sigue soportando a la Turquía de Erdogan simplemente porque la necesita para su agenda en Oriente Próximo, Asia Central y Europa Oriental. 

Para ello le ofrece: 

- Algunas mejoras económicas a través de la unión aduanera y la liberalización de visados. Bruselas sigue oponiéndose a la integración de Turquía en la UE porque prefiere que siga siendo un estado tapón entre las fronteras europeas y los países en guerra, como Irak y Siria, o Irán.  

- Aumentar la dependencia de Turquía a la UE, mientras rebaja su peso en favor de fortalecer la posición de Grecia como la frontera sudeste de Europa.

- Ayuda económica y facilidades para reubicar a los refugiados sirios.

Unos días después del incidente del sofá, Ankara tuvo la oportunidad de desmontar la importancia de este incidente, de cara a la OTAN, de dos maneras: Por un lado, en medio de la creciente tensión entre Ucrania y Rusia, invitó al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski; y, por otro, se produjo el enésimo anuncio del repliegue de las tropas de la OTAN de Afganistán.

Recep Tayyip Erdoğan necesita tanto la legitimidad que le ofrece la UE como  como su financiación para que Turquía siga siendo el retén de los refugiados de guerra que provoca el propio Occidente en la región. Por ello, el presidente turco ha rebajado las tensiones con Grecia y Francia en el Mediterráneo Oriental, al renunciar a realizar perforaciones en busca de gas y, de paso, mejora su relación con Israel, Arabia Saudí y Egipto, tras años de tensión. 

¿Qué pretende Ankara en Ucrania?

- Parar los pies a los rusos, como lo hizo, supuestamente, en Siria, Cáucaso Sur y Libia, e incluso unirse a la Plataforma por Crimea, creada por Kiev y bendecida por el gobierno de Joe Biden, bajo el pretexto de "estar preocupada por los intereses de los tártaros musulmanes de Crimea". Quizás Erdogan cree que se podrá repetir el escenario de la Guerra de Crimea del 1853, cuando los otomanos, en alianza con los británicos y franceses, derrotaron a las tropas rusas. Erdogan y Zelenski prometieron coordinar sus esfuerzos para desmantelar la (no reconocida internacionalmente) República Popular de Donetsk. Según el diario ANHA, próximo a los kurdos sirios, los servicios de inteligencia turcos (MIT) están reclutando a miles de mercenarios ("yihadistas"), con pagos de hasta 4.000 dólares al mes, para enviarlos a Ucrania y ‘liberar’ las zonas ocupadas por los prorrusos. 

-Al salir de Oriente Próximo, Turquía pretende transitar de una potencia regional a una mundial.

-Cooperación militar: Ucrania es el principal cliente del material militar turco, como drones Bayraktar TB2, misiles antibuque Atmaca, motores de cohetes, sistemas de radar o tecnología espacial. Y ahora que EEUU ha paralizado la venta de ciertas piezas militares a Turquía, como castigo por su compra de los sistemas de defensa rusos S-400, puede obtenerlas de Ucrania. Erdogan ha ofrecido 40 millones de dólares a Kiev para que desarrolle su tecnología militar; y eso, a pesar del aumento espectacular de la pobreza que ha forzado al gobierno repartir patatas y cebollas gratuitas entre la población desfavorecida, por cierto, compradas al régimen islámico de Irán que ha provocado la escasez de esos productos en su propio país.

-Entablar buenas relaciones con la Administración Biden a pesar de reconocer el "genocidio armenio". Teniendo en cuenta que Ucrania es una prioridad en los planes estratégicos antirrusos de EEUU, Biden busca, por un lado, impedir el progreso y avance de China; y, por otro, seguir con el rediseño del mapa de Oriente Próximo que incluye contener el desarrollo de Irán, Arabia Saudí y Turquía, en beneficio de Israel. Por esa razón, mantendrá la presión sobre Erdogan, como en 2016, cuando la Administración Obama-Biden organizó un fallido golpe de estado contra el presidente turco. En una división de trabajo con sus socios europeos (recuperando la ‘alianza transatlántica’), el presidente de EEUU ha asignado a los europeos ocuparse de Turquía

Regalar un canal a la OTAN

El fracaso del erdoganismo dentro y fuera de las fronteras turcas es el principal motivo para buscar respaldo en la UE y EEUU, y si para ello tiene que hacer de faraón y levantar mega infraestructuras, lo hará. El proyecto de construir el Canal de Estambul, de 45 kilómetros de largo y que conectaría el Mar Negro con el Mar de Mármara, fue ideado en los años noventa para aligerar el tráfico en el Estrecho del Bósforo y ahora ha sido resucitado por el sultán con el objetivo de hacer posible la entrada de los buques de guerra de la OTAN. 

Este estratégico cuello de botella, que se rige por la Convención de Montreux firmada en 1936, restringe el paso de los buques de los estados no ribereños del mar Negro, por lo que el canal de Erdogan sería una ruta alternativa y ‘libre’. La peligrosa iniciativa fue duramente criticada por un centenar de exmilitares de la corriente eurasianista (que aboga por más proximidad a Asia que a Europa), al considerar que  "amenaza la Convención de Montreux y la neutralidad del país". Unas diez personas fueron arrestadas por "incitación a un golpe político". El hábil malabar turco, a pesar de un acercamiento obligado a Moscú, nunca tuvo la intención de  romper los lazos con la Alianza Atlántica. La respuesta del Kremlin no se hizo esperar:

-Ordenó reducir los vuelos comerciales entre Rusia y Turquía, que dejaban a medio millón de turistas rusos en este país. 

-Le recordó a Ankara que mantiene abierta en Moscú la oficina de representación de las Unidades de Protección Popular (YPG en kurdo) sirias. Rusia apoyó la independencia del Kurdistán iraquí.

-Y que no le temblará el pulso imponer al país duras sanciones, como hizo en 2015, cuando los turcos derribaron un avión de combate ruso en Siria

Biden ha ignorado la propuesta turca sobre el mar Negro, un espacio que, de momento, no le interesa. Postura que tranquiliza al Kremlin y, de paso, permite a Ankara la ‘moderación’ y un ‘equilibrio suave’, evitando conflictos sin perder la cara. Al final, Erdogan archivó la idea del canal, a pesar de que ya había negociado con China su financiación. Pero, sigue con el "no Oriente, no Occidente", copiado del ayatolá Jomeini, con el fin de reforzar su imagen en el interior mostrándose capaz de vencer a las potencias sin desmelenarse. Las posturas anticolonialistas de Erdogan -sobre todo contra Francia- son una artimaña para ocupar su lugar en Asia y África y hacer lo mismo, utilizando ‘la hermandad musulmana’. Los ataques del presidente francés, Emmanuel Macron, a su homólogo turco tampoco son de un demócrata a un dictador, sino de un viejo colonialista a quien le reemplaza en las regiones en disputa como Siria (donde París apoya a los kurdos) o en Libia, desde donde Ankara reivindica su "patria azul". 

En Afganistán (vecino de China, Irán, Rusia e India) , la OTAN retira a los soldados occidentales y en su lugar instala equipamientos militares más avanzados y tropas turcas para que salvaguarden los intereses de Occidente. De allí, la confesión del secretario de Estado, Antony Blinken: "Tener a Turquía en la OTAN es especialmente beneficioso para nosotros". La visita de Mohammed Zarif, el ministro de exteriores de Irán, el 5 de abril a las capitales de Asia Central ha sido un mensaje a Ankara por si los turcos habían pensado que los iraníes iban a renunciar de esa zona de su influencia, a sus recursos y a su mercado.  

Los reajustes geopolíticos son dinámicos. Mañana podemos tener un nuevo mapa.