La moral y la izquierda
Tags: filosofía políticaCARLOS PARÍS
Invocar la moral, sus normas y directrices como guía de la conducta humana supone adoptar una actitud conservadora? Pienso que más de uno así lo cree. Desde luego aquellos que, considerándose muy progres, pretenden descalificar cualquier argumentación que apele a la ética, con el despectivo término de “moralina”. Tal confusión, que olvida toda la tradición ética de la izquierda, no es concebible, a mi modo de ver, sino como producto de los equívocos inducidos por la dictadura franquista y por la frustrante salida de esta en la Transición, incapaz de abrir los nuevos horizontes que el desarrollo de nuestra sociedad, apoyado por la oposición más radical, exigía.
Es evidente que el franquismo ha marcado a la sociedad española con una profunda huella que todavía, desgraciadamente, permanece. Pero no sólo en aspectos muy llamativos –como la existencia de una derecha montaraz o la prepotencia de la jerarquía eclesiástica, así como la difusión de la corrupción o el atraso de nuestro Estado del bienestar–, sino en aspectos más sutiles, en trampas tendidas a la lucidez del pensamiento y de la acción, resultantes de la identificación del régimen dictatorial con realidades que, aun siéndole ajenas, se apropiaba y deformaba. Tal, como he comentado en otra ocasión, ocurrió con la idea de España, que dejaba fuera de su ámbito a la mayoría de la realidad española, convertida en la Anti-España. Pero ahora querría referirme a la atribución y mixtificación de la moral, en la cual los sectores nacional-católicos del régimen encontraron su campo propio de acción.
Mientras se guardaba un silencio cómplice con los crímenes y la corrupción de un régimen resultado de la sublevación –bendecida por la jerarquía eclesiástica– contra un gobierno legítimo, la supuesta moralización de nuestra sociedad se centró, según viejas obsesiones, en la sexualidad. Los que hemos vivido bajo la dictadura no podemos dejar de recordar, con cierto regocijo, el pintoresco panorama de aquella pseudo-moralización. Las cómicas predicaciones en que, desde el púlpito, el orador sacro describía, con morboso deleite, la apariencia de mujeres descocadas que circulaban por las calles con provocativos y ceñidos vestidos y que, desprovistas de la púdica faja, bamboleaban provocativamente su cuerpo. Los discursos en que se explicaban los terribles efectos destructivos de la masturbación. La persecución y detención de las parejas que osaban besarse en un parque. La censura de las películas. Las normas impuestas al atuendo en las playas, hasta que el negocio del turismo venció a la pudibundez. Todo ello acompañado, sin embargo, por el más desatado machismo en que los prepotentes presumían, sin empacho, de tener atractivas amantes y de llevar a los hijos a los prostíbulos para “hacerlos hombres”. La más rotunda hipocresía presidía la situación. Confundir semejante mundo con la moral es hacer un involuntario favor al franquismo y someter a sacrificio la verdadera moral.
El resultado fue que, apenas iniciada la Transición, levantadas las barreras, se desembocó en el “destape”. Las portadas de las revistas y las nuevas películas ofrecían hermosas jóvenes brindando su desnudez a los ávidos ojos masculinos. Aquello parecía la veloz salida de los niños al recreo, gritando eufóricos al verse liberados de las paredes del aula. Para completar el panorama apareció la droga, exaltada como la avanzada forma de liberación. El hedonismo de la satisfacción inmediata se alzó como negación de la anterior represión. Pero en el fondo no constituía sino una reacción primaria que, marcada por la etapa anterior, asumía el mismo terreno de confrontación. Y, lo que es más grave, tal situación ahogaba las fuerzas que luchaban por lograr la necesaria transformación de la sociedad española, degradada por la dictadura. Y amenazaba con hundir la necesaria rebeldía en el conformismo. La estrategia conservadora podía ver con agrado este giro que imponía la docilidad a una sociedad cuya emergencia de tendencias revolucionarias en la oposición no había dejado de inquietarle.
Y aquella ficción de la liberación se sigue prolongando, en el desconocimiento de una auténtica moral. Aquella que, frente al conformismo y la reducción de la vida a la persecución alienante de gratificaciones placenteras, parte de la convicción de que en los seres humanos alienta la potencia de su más alta realización, en una sociedad de seres libres e iguales, hoy frustrada por las relaciones de dominación y explotación. Que aspira a dignificar a los seres humanos por encima de las diferencias de sexos, de razas, de clases. Una dignificación que ve la sexualidad como un componente fundamental de la vida, pero exige que las relaciones sexuales se den entre seres libres en condiciones de igualdad y mutuo consentimiento, sin coacción. Y rechaza todas las formas de mercantilización que degradan en este noble impulso humano.
La moral de la izquierda, frente a la cómoda indolencia, exalta el trabajo y el esfuerzo, y lucha por recrearlos en una estructura social guiada por los trabajadores, por la ciencia y la creación renovadas. Es una moral prometeica, el titán que, frente a la tiranía de Zeus, arrancó el fuego a los cielos para traerlo a los humanos y crear la civilización. Y que soportó con heroísmo el sufrimiento de su condena, consciente de la grandeza benefactora de su obra.
Como Hércules, en la encrucijada entre el vicio y la virtud, debemos escoger nuestro camino entre las atracciones alienantes de la sociedad actual o la aspiración a una nueva historia. ¿Seremos capaces de elegir el camino más arduo, pero también más noble?
Carlos París es presidente del Ateneo de Madrid. Filósofo y escritor
Ilustración de Jordi Duró










Comentario por Tersites
10/11/2009 @ 08:42
Tanto la izquierda como la derecha utilizan la fuerza del Estado para imponer una determinada moral.
Ya se ha descrito la cruzada Nacionalcatólica contra el vicio
Ahora la izquierda hace lo mismo. Censura la publicidad, quiere prohibir la prostitución, regula las tareas domésticas en el código civil, persigue a fumadores, porreros y bebedores…
Comentario por Dia
10/11/2009 @ 09:26
No se puede ser libre sin dominar sus pasiones.
Comentario por sorgin
10/11/2009 @ 10:39
Moral y ética son terminos diferentes ,moral tiene que ver con religión y los que no tenemos creencias religiosas utilizamos el termino ”ética”.Si me equivoco coregirme por favor.Un saludo.
Comentario por LectorSeLectivo
10/11/2009 @ 10:45
Aunque estoy básicamente de acuerdo con el contenido de este artículo, la moral de la izquierda tiene un problema de cimientos, pues ¿quién determina las normas morales? Los creyentes en religiones este problema lo tienen resuelto, las normas morales las determina, según su creencia, Dios, o en todo caso los ”pastores” de su comunidad religiosa, pero a los laicos de izquierda, cuando discrepamos en según que normas morales, ¿quién determina sobre la corrección o incorrección de las visiones enfrentadas? Y si se tiene en cuenta además que la gente de izquierdas nos definimos como antidogmáticos, determinar normas fijas e iguales para todos se hace aún más difícil, y el relativismo y que cada cual haga lo que quiera tampoco es una salida para una moral de izquierdas. ¿Cómo se resuelve este problema fundamental?
Comentario por Augusto
10/11/2009 @ 11:57
Para Sorgin:
Los términos ”moral” y ”ética” se usan a veces como sinónimos. Pero la distinción más frecuente consiste en usar ”moral” como el deber de hacer el bien y evitar el mal, mientras que ”ética” es la reflexión filosófica sobre la moral (ética aristotélica, ética kantiana) El término ”moral” no implica un deber de tipo religioso, aunque, por supuesto, las religiones tienen su propia moral. De modo que es legítimo hablar de una moral laica.
Comentario por LectorSeLectivo
10/11/2009 @ 12:03
Sí, Augusto, claro que hay una moral laica, pero el problema consiste en saber si es una sola moral o son muchas morales diferentes, pues ¿quién y con qué criterios determina las normas de esa moral laica? ¿cómo conseguirá quien fija los criterios y fija las normas morales que unos y otras sean aceptados por su grupo de referencia?
Comentario por lula
10/11/2009 @ 12:36
Yo creía que la Declaración de los Derechos Humanos era el código ético laico.
Comentario por LectorSeLectivo
10/11/2009 @ 12:40
No lo creo, Lula, no me parece que de una declaración tan general puedan deducirse normas para el comportamiento cotidiano concreto e individual. Por ponerte un sólo ejemplo: ”No robarás” es una norma moral universalmente aceptada, pero ¿de qué artículo de la Declaración de Derechos Humanos la deducirías?
Comentario por Chan Kai Chepa
10/11/2009 @ 13:08
DONDE NO HAY PROPIEDAD, NO SE PUEDE ROBAR.
Comentario por X
10/11/2009 @ 13:23
Completamente de acuerdo.
Comentario por LectorSeLectivo
10/11/2009 @ 13:33
¿Y la moral laica implica la erradicación de la propiedad privada? ¿Dónde dice eso? Desde luego en la Declaración de Derechos Humanos, no.
Comentario por Franciscus
10/11/2009 @ 13:45
Pienso que la moral de la izquierda debe de estar constituida principalmente por normas de contenido económico. Los bienes y rentas que les sobran a muchos (los ricos) , no se justifican cuando a muchisimos , esos bienes y esas rentas , les son imprecindibles (los pobres). Por esto debe aparecer la acción ética del Estado como órgano redistribuidor a través de la política fiscal y de gasto sobre dichas rentas.
En lo que respecta a los asuntos sexuales y de contenido hedonista, soy partidario de las máximas libertades y la mínima pseudomoralización sobre los mismos.Por ejemplo, en la sexualidad , salvo el uso la violencia y el empleo de menores todo debe de estar permitido. Y me parece que ésta posición es la más ética, porque durante la existencia vital es perfectamente lícito intentar lograr la propia felicidad, sin mermar ningun disfrute ajeno.
Comentario por Carlos García
10/11/2009 @ 13:58
La moral es la relación de uno con sigo mismo. Ética, es la relación de uno con los demás. La moral atañe a uno exclusivamente. No se puede regular, se la regula uno mismo. Si creo en algo, acato los preceptos que yo mismo me impongo. La ética como atañe a los demás, si se regula. Aunque yo crea en algo no puedo imponer mis preceptos a los demás. Yo me puedo pegar un tiro si a sí lo creo justo para mí. Pero no puedo pegar un tiro a ninguna persona aunque crea que es justo para mí. En definitiva yo puedo hacer cualquier cosa que me ataña a mi exclusivamente, pero jamás podré hacer lo mismo a otra persona si no lo desea.
Otro tema que también se debe abordar es la superioridad moral que se siente hacia los otros al no tener la misma moral. Los que creen en Dios ( cualquiera que sea) se sienten superiores a los que no creen. Los que comen zanahorias se creen superiores a los que no las comen. Los que toman drogas se sienten superiores a los que no las toman. Los que practican deporte se creen superiores a los que no lo practican, etc. Este es el verdadero problema, que como todos tenemos una moral, siempre creemos que es mejor que la de los demás. Nunca aprenderemos a relacionarnos con nosotros mismos sin sentir que somos superiores moralmente a los demás.
Comentario por Yubil
10/11/2009 @ 14:04
Estoy de acuerdo en que las relaciones sexuales se den entre seres libres en condiciones de igualdad y mutuo consentimiento, sin coacción. Y no sólo las relaciones sexuales, sino todas las demás también. Pero no entiendo, si se dan los supuestos mencionados, que una relación contractual degrade el noble impulso humano del sexo ni otros igualmente nobles.
Comentario por LectorSeLectivo
10/11/2009 @ 14:05
Respuesta conjunta para Carlos García y Franciscus:
¿Por qué debe considerarse como mala moralmente la violencia? ¿Quién determina esa norma moral?
Si alguien es lo suficientemente fuerte y listo como para conseguir sus objetivos personales mediante la violencia impune, ¿con qué razonamiento moral le convenceremos de que no debe emplear la violencia?
(No sirve el razonamiento ”No hagas a otro lo que no te gusta que te hagan a ti”, porque este hombre puede estar convencido de que no hay nadie capaz de pillarlo en un descuido ni poder con él mediante la violencia; con lo cual puede pensar: ”A mí no me gustaría que me lo hicieran, pero es que nadie me lo va a hacer, pues yo no se lo voy a permitir”.
Comentario por Carlos García
10/11/2009 @ 14:54
Lector selectivo: Confundes moral con ética. La moral es tuya y solo tuya. Si tu crees que la violencia no es mala,(por emplear tu misma palabra) ejércela contigo.(Supongo que no lo haces a menudo), y aunque así lo hicieras; a mí no me atañe. Es tu moral.
Yo me relaciono conmigo mismo a través de mi creencias, MORAL.
Yo me relaciono con los otros a través de no imponer mis creencias, ÉTICA.
Comentario por LectorSeLectivo
10/11/2009 @ 15:44
Carlos, si la moral es mía y solo mía, como tú dices, yo puedo decidir emplear la violencia para conseguir mis objetivos. La moral, Carlos, es para relacionarse con los demás; para relacionarse con uno mismo están el autoanálisis, el autoconocimiento, o el diván del psicoanalista.
Comentario por Augusto
10/11/2009 @ 16:26
Para Carlos García
Decir que la moral es la relación de uno consigo mismo y ética la relación con los demás es un uso totalmente arbitrario de los términos. No existe literatura que los use en ese sentido.(Claro que si yo quiero puedo llamar ”techo” al ‘’suelo”, pero nadie me va a entender) Algunos autores han usado ”moral” para las relaciones privadas y ”ética” para las públicas y políticas, pero no es el uso más frecuente.
Comentario por Xacost
10/11/2009 @ 16:55
Estoy de acuerdo con el articulo; la izquierda lo que tiene que lograr es la autodeterminación moral y ética de los seres humanos.
Acordandome de Pi y Margall; ” Mí soberanía no consiste, sino en la autonomía de mi inteligencía”
Comentario por pepe 111
10/11/2009 @ 18:01
La moral (reglas, normas o mandamientos sobre cómo debo conducirme o comportarme)se diferencia de la ley en que ésta emana del poder político explícito y concreto y aquélla del poder civil difuso.
Otra cosa es la interiorización o asunción íntima de una y otra, esto es, si es por convicción propia o por coacción externa, lo que llamaríamos poder duro y blando.
En lo que a poder blando se refiere el laicismo no ha podido, hasta ahora, llegar tan lejos y tan hondo como han llegado las religiones. Lo que me parece todavía peor, creo que ni lo ha intentado; de ahí que en las filas de la izquierda haya habido más oportunistas, gorrones, trepas y traidores que en la derecha
Comentario por MARIO, NO OS LO CREEIS NI VOSOTROS
13/11/2009 @ 18:38
.