Opinion · Estación Término

Portugal: un marco progresista para el avance de las libertades

Loren Arseguet
Sociactivista de DMD.
 

 

Como militante de DMD -asociación Derecho a una Muerte Digna– no puedo dejar de mirar hacia Portugal con un enorme interés. El 4 de noviembre de 2015, se celebraron las elecciones legislativas en el país vecino. ¿Qué pasó entonces? La lista de derecha fue la más votada, pero la suma de los escaños alcanzados por los partidos de izquierda (Socialistas, Bloco de Esquerda, Comunistas y Verdes) resultó mayoritaria en el Parlamento. El presidente de la República no consiguió, a pesar de intentarlo, imponer un gobierno conservador: fue rechazado por una moción de censura el 10 de noviembre, lo que permitió al socialista Antonio Costa formar gobierno, apoyado por el Bloco de Esquerda, los Comunistas y los Verdes. En este marco político favorable a debates y avances de corte progresista en cuanto a derechos y libertades individuales empezó a andar la campaña del “Movimiento Cívico Direito a Morrer com Dignidade”.

Anteriormente, el médico Joao Ribeiro Santos había solicitado en varias ocasiones sin éxito al Colegio de Médicos de Portugal la apertura de un debate sobre la muerte asistida; y Laura Ferreira dos Santos, catedrática jubilada de filosofía de la universidad do Minho había intervenido a menudo en la prensa y escrito libros sobre el tema. Pero tomaron conciencia de que era insuficiente para provocar un debate amplio en la sociedad así que, una vez pasada la efervescencia de la campaña electoral de las legislativas, convocaron una reunión con unas treinta personalidades convencidas de la necesidad de lanzar el debate alrededor de la Muerte Digna. La reunión se celebró en Oporto el 14 de noviembre de 2015: así se creó el Movimento Direito a Morrer com Dignidade.

El impacto en los medios fue enorme: fue noticia en los periódicos y las televisiones. Pero alcanzó repercusiones todavía mayores con la publicación de un Manifiesto, el 6 de febrero de 2016, reclamando la despenalización y la regulación de la Muerte Asistida, firmado por más de un centenar de personalidades muy conocidas: académicos, artistas, médicos, profesionales sanitarios, políticos de diversos partidos, etc. Luego y con el mismo texto, se puso en marcha una petición que se podía firmar a través del portal “peticionpublica.com”. Se trataba de recoger un mínimo de 4.000 firmas para poder conseguir que el tema de la Muerte Asistida sea debatido en el Parlamento.

Durante los meses de febrero, marzo y abril, las noticias se suceden en los medios de comunicación, con posiciones en pro y en contra del manifiesto. Un médico reconoció haber practicado eutanasias, enfermeras declararon haber visto prácticas eutanásicas en hospitales. Se había conseguido la primera victoria: romper el silencio sobre el tema tabú de la muerte y de la libre disposición de la vida y acabar con la hipocresía social. El tema se encontraba por fin con toda su crudeza en el centro del debate público.

El intenso debate sirvió también para aclarar una importante controversia de carácter político: algunos propusieron la solución aparentemente democrática de organizar un referéndum para que el pueblo soberano decidiese sobre la despenalización y la regulación de la muerte asistida. El Movimiento Cívico se opuso con contundencia a esta falsa solución con el argumento de que hacer depender un derecho fundamental del sufragio universal es negar los fundamentos de la democracia. En efecto, ¿es concebible que en una democracia, una mayoría, con su voto, restrinja los derechos fundamentales de una minoría? No se pueden refrendar derechos fundamentales: es el Parlamento, el Presidente de la República y eventualmente el Tribunal Constitucional que tienen que promover los cambios legislativos destinados a hacer respetar los derechos fundamentales.

A finales de Abril, la petición fue presentada al Parlamento con 8.400 firmas, más del doble de las necesarias para solicitar la apertura del debate. Se constituyó una comisión, encabezada por un diputado del Bloco, encargada de coordinar la agenda preparatoria a la discusión de la petición de despenalización de la eutanasia en el pleno de la Asamblea.

El Bloco de Esquerda pide trabajar sin precipitación para dar tiempo a un debate sereno “dado la complejidad del tema” y se compromete a llevar una propuesta de ley antes del final de la legislatura. Y finalmente, último paso por ahora, dos diputadas han presentado una moción en el último día del congreso del Partido Socialista portugués, el 5 de junio pasado, moción que pide abrir el debate en el partido y avanzar hacia la despenalización y la legalización de la muerte asistida (eutanasia y suicidio asistido) así como la abrogación del artículo 1340 del código penal que castiga la ayuda a morir.

¡Qué cercano -y qué lejos a la vez- tenemos Portugal! Aquí en España, ciertos jueces, con una ideología profundamente reaccionaria, siguen confundiendo sedación terminal y eutanasia, y condenan todavía hoy, apoyándose en el artículo 143 de un Código Penal de raíces franquistas,  la ayuda compasiva a morir, aunque la solicite el paciente, negándole así autonomía y libertad al final de su vida.

Y sin embargo… ¡Claro que hay luz al final del túnel! Después del 26J, podrían cambiar las cosas y crearse las condiciones para abrir un debate sin tapujos y avanzar hacia el derecho a la última libertad, la de decidir hasta el final.