Buzón de Voz

Monolingüismo

El modelo educativo vigente en Catalunya nace de una ley aprobada por el Parlament catalán en 1983 sin un solo voto en contra. El Tribunal Constitucional refrendó en 1994 la legitimidad de la inmersión lingüística, elogiada por la Unesco, por la UE y por los órganos más competentes en la materia como una herramienta ejemplar para una sociedad bilingüe. No se conoce un solo estudio científico que demuestre que los alumnos catalanes tienen una menor competencia en castellano que los de otras comunidades. De hecho, los informes PISA apuntan precisamente lo contrario. Se cuentan con los dedos de una mano los casos concretos de padres que no quieran que sus hijos conozcan y utilicen como mínimo dos lenguas. ¿Por qué vuelven entonces a sonar las trompetas de la ruptura de España? Porque el chapucero rompecabezas en que finalizó el cepillado del Tribunal Constitucional al Estatut ha permitido que algunos jueces del Tribunal Supremo y del TSJC puedan dar alas a una interpretación falsa de la realidad. El castellano no está "perseguido" en Catalunya, como se empeñan en proclamar las voces más montaraces de la derecha política y mediática. Y lo saben, como también saben que la inmensa mayoría de la sociedad catalana no aceptará que se entierre alegremente su modelo educativo. Esas voces solo hablan de "órdago nacionalista-separatista". Lo anuncian con tanta insistencia que cabe preguntarse si no lo estarán deseando.