Posibilidad de un nido

La buena víctima

El futbolista Dani Alves. -REUTERS
El futbolista Dani Alves. -REUTERS

La víctima correcta. La denunciante correcta. La feminista correcta. La agredida correcta. La correcta madre violada y golpeada que entrega a su hija al padre el fin de semana que le toca porque hay que cumplir la Ley pese a saber lo que le va a suceder. La buena víctima.

El multimillonario y estelar futbolista Dani Alves miró hacia la pista de baile, localizó a la muchacha, llamó al tipo del servicio de la discoteca Sutton de Barcelona y le pidió que se la subiera. Ayer oí a alguien llamarlo "cortejo". Yo lo llamo caza. Se podría también llamar comida. He visto hacerlo en algunas ocasiones, "que pasen esas", a la puerta del backstage. "Esas" siempre son las más jóvenes, hay patrones.

Lo anterior sucedió así porque así lo han contado los protagonistas, excepto Alves. Que se fueron juntos al baño también sucedió, porque lo ha visto el Tribunal en las grabaciones de las cámaras de seguridad, así como que tardaron alrededor de 15 minutos en salir. De lo que pasó dentro tenemos la declaración de la chica. Que la violó.

Pero tenemos más cosas, y merece la pena detenerse en ellas. Han informado, y así consta en el informe forense, que la muchacha tenía, e imagino que sigue teniendo, marcas de violencia. En las informaciones que se han ido haciendo públicas se habla de "violencia leve" o de que "la abofeteó" y cosas así. ¿Qué caray es "violencia leve"? Cuando alguien te agarra del pelo para obligarte a que le hagas una felación, la violencia es grave, gravísima, y puede ni siquiera dejar rastro. Una moradura, un arañazo, contusiones en cualquier parte del cuerpo son violencia grave, muy grave. Estamos tan acostumbradas a cuchilladas, mandíbulas rotas, patadas, huesos quebrados, que a cualquier cosa le quitamos importancia. Ella tiene marcas evidentes de violencia. Cualquier marca evidente es gravísima. Las que no lo son también, dicho sea de paso.

La joven salió del baño contusionada y confusa algo después del futbolista, y de eso también tenemos constancia, gracias a las cámaras, como de que acudió a los responsables de la sala llorando y narrando lo que le acababa de suceder. Después llegaron la ambulancia, el informe forense, los protocolos.

O sea que de lo único que no tenemos constancia exacta, visual, grabada, es de lo que sucedió dentro del baño del que la chica salió contusionada y narrando una violación. La siguiente información "relevante" que recibimos por parte de los medios de comunicación es que la víctima renuncia a la cantidad X de dinero que le corresponda como reparación del daño sufrido.

Aquí el relato se bifurca en dos opiniones encontradas, ambas putrefactas desde mi punto de vista.

Opinión A: La actitud de la víctima es encomiable, porque así se evita la duda de que todo se trate de una montaje para sacarle dinero al futbolista. Eso además, dicen, "refuerza la credibilidad de la víctima". Es tan brutal esta postura, tan contraria a todo aquello que significa la justicia y por lo que llevamos décadas luchando, que huelga cualquier comentario.

Opinión B: La víctima no debe de ninguna manera renunciar a la remuneración que le corresponde como parte de la condena, ya que eso sienta un precedente nefasto y refuerza la idea de las denuncias falsas, las denuncias interesadas, el afán de lucro que late bajo la idea de la violencia machista.

La víctima puede hacer lo que le venga en gana. Si decide renunciar a la indemnización, ella sabrá por qué lo hace, y ¿quiénes somos nosotras para juzgar sus decisiones?

Eso sí, lo que deberíamos hacer inmediatamente es preguntarnos las razones que le llevan a tomar esa decisión. Durante todo el lunes, los debates y tertulias en radios y televisiones, y lamentablemente los conozco bien, han alabado la postura de la muchacha denunciante por el simple hecho de que ha renunciado al dinero y "solo quiere que se haga justicia".

Más allá de que, insisto, ella puede hacer lo que le venga en gana, faltaría más, alrededor de este caso se está construyendo el retrato de la buena víctima, la víctima correcta. Ojo.