Posos de anarquía

Las cuentas globales de la Comunidad Internacional

Las campañas electorales no perdonan; explotan y amplifican, no sólo todo lo aprovechable, sino también lo reprochable. Basta mirar a Sarkozy, que tras desplegar todo su poderío anti-inmigración ha subido en las encuestas. Al mismo tiempo, vuelven a la carga las acusaciones de que su última campaña contó con financiación de Gadafi. Extremo que el presidente galo niega rotundamente. Sin embargo, de confirmarse tal financiación, ¿sería Sarkozy peor que el resto de los mandatarios europeos que, por aquel entonces, eran amigos del dictador libio?

¿Qué diferencia hay entre esta financiación, legal por aquel entonces, y todos los contratos armamentísticos suscritos, por ejemplo, entre España y Libia? Se lo diré yo: ninguna. En ambos casos es igual de reprobable, porque quienes no vieran que por aquel entonces el régimem libio no era precisamente un reducto de respeto por los Derechos Humanos es que estaba ciego. Reprender ahora a Sarkozy sin hacer autocrítica por parte de todos quienes apoyaron a Gadafi en el pasado es hipócrita. ¿Justifica eso que Occidente haya vuelto a instrumentalizar una masacre como la guerra libia guiado por sus intereses particulares? Por supuesto que no, pero huyamos de mezclar churras con merinas.

El intervencionismo instrumentalizado por parte de la Comunidad Internacional es una sucesión de error tras error. Afganistán es otra buena prueba de ello y la reciente matanza del soldado estadounidense, la guinda del pastel. Clinton asegura que esa masacre no refleja lo que es EEUU, pero yo creo que sí, al menos, el desarrollo posterior de los acontecimientos: el soldado será juzgado bajo la justicia estadounidense -podría ser condenado a pena de muerte-, no afgana. ¿Por qué? Pues uno de esos grandes misterios. ¿Se imaginan que fuera a la inversa? Es sencillamente impensable.

Que EEUU sea quien juzgue al soldado no es más que el reflejo del fracaso de democratización que pretendía liderar Obama por la vía de las armas y, además, de una nueva imposición de su justicia, capaz de ejecutar sin juicio previo en otro país -vulnerando su soberanía-, a un terrorista como Bin Laden y negando la aplicación de la justicia a un país al que han asesinado a sangre fría a 16 civiles.

Esas son las cuentas reales de estas injerencias, y no las que suscriben en su artículo conjunto Cameron y Obama hoy en el Washington Post.