Opinion · Posos de anarquía

Salas, tanto la violencia machista como usted tienen remedio: la educación

«Este es un problema gravísimo en nuestra sociedad que, desgraciadamente, es muy difícil de solucionar. Es una manifestación más de la maldad». Así tuiteaba el 1  de enero, después de otro asesinato por violencia machista, el magistrado de la Sala I (Civil) del Tribunal Supremo, Antonio Salas.

Es cierto que es complicado de solucionar porque, si fuera sencillo, hace ya mucho tiempo que las mujeres no estarían siendo asesinadas por sus parejas o, incluso, por sus hijos. Y es complicado, entre otros factores, porque existe gente como Salas.

El magistrado conservador, que hace más de un década aterrizó de manera irregular en la Sala Especial del artículo 61 (encargada de aplicar la Ley de Partidos y juzgar las listas de Batasuna) apoyado por los vocales del Poder Judicial propuestos por el PP, inquieta. Un tipo que reduce la violencia machista a una cuestión de maldad y que equipara el asesinato de una mujer con el de un perro al señalar que quien es malo igual maltrata a una que a otro, no favorece en absoluto a erradicar esta lacra.

El juez se ampara en la libertad de expresión que, por supuesto, tiene, para publicar tales barbaridades que, según indica, van contra «la verdad oficial». ¿Qué verdad oficial es esa, Salas? ¿La de que la educación es primordial para acabar con este terrorismo machista?

El magistrado conservador simplifica la violencia machista a una relación de fuerza: «Si la mujer tuviera la misma fuerza física que el hombre… no pasaría esto». Desde su punto de vista, ni siquiera es una cuestión de machismo y lanza la pregunta «¿por qué en el colegio el grandullón siempre ha abusado del menos fuerte? ¿También es machismo?».

Sorprende con un tipo con unos razonamientos tan básicos pueda ser juez del Supremo. Y digo básicos, porque ni siquiera se da cuenta que su misma argumentación es machista, dado que en otras declaraciones indica que si la mujer hubiera sido más fuerte y más inteligente y hubiera salido a cazar -remontándose a la Prehistoria-, otro gallo cantaría.

Otro tuit que no tiene desperdicio: «No creo necesitar formación en género. Siempre he respetado igual a mujeres y a hombres. Pero tengo preferencia por las primeras. De nacimiento».

Así las cosas, ¿cómo no va a negar que la solución a la violencia machista venga del lado de la educación? El magistrado sostiene que «la maldad del ser humano no tiene solución. Se ve todos los días en las noticias. Si alguien tiene alguna solución viable que lo diga ya!!!!».

Salas parece retrotraerse a las teorías del gen malo: quien lo tiene, lo lleva crudo. No hay remedio… y casualmente lo tiene más el hombre porque es el más fuerte. Precisa que «la idea de posesión, o incluso de propiedad, es muy peligrosa, pero se da en ambas direcciones». En ese mismo hilo argumental, tiene la osadía de indicar que «hay mucha cifra negra porque el hombre no denuncia», en referencia a los casos de mujeres maltratadoras.

Señor Salas, ni hay gen de la maldad ni, para su tranquilidad, del machismo y la estupidez. En todos los casos, la educación es un gran remedio.

Es en días como estos en los que más tenemos que aplaudir la libertad de expresión porque, precisamente gracias a ella, podemos identificar a este tipo de sujetos. Él mismo lo tuitea: «hay seres humanos fantásticos y otros absolutamente despreciables».  Pues eso, a buen entendedor, sobran palabras.