Opinion · Posos de anarquía

Campaña de reproches

Tiende a decirse que en España votamos en contra más que a favor. Pues bien, abocados a una nueva cita con las urnas, lo que nos espera es una precampaña y una campaña muy acorde, llenas de reproches en detrimento de propuestas. El único consuelo es que la campaña sólo durará ocho días.

El pasado 28 de abril la ciudadanía cumplió con más de un 75% de participación en las elecciones. Ayer, en cambio, nuestros representantes políticos culminaron su fracaso. Como históricamente sucede el día del escrutinio, ninguno de ellos admitirá la derrota cuando, en realidad, todos ellos tienen sobrados motivos para dimitir. Pese a las hinchadas aborregadas de cada partido, que seguirán enseñando los dientes en defensa de sus colores políticos, lo cierto es que ningún líder de los principales partidos ha estado a la altura.

Nadie entonará el mea culpa; en su lugar, se avecina desde hoy mismo un periodo de reproches, de vómitos de culpa con los que salpicar al contrario. Quienes sepan dar un paso atrás  y ponerse las gafas críticas, ya les avanzo que lo pasarán mal al ver el espectáculo de patio de colegio entre los que están llamados a gobernar el país. A ello se sumarán, además, esas hinchadas que apoyarán la campaña de reproches, quedándose únicamente con la versión confeccionada a medida por el partido político con que comulgan.

Personalmente, me provoca naúseas asistir a la desfachatez de PSOE, UP y Cs cuando aseguran haber sido los únicos o los que más han hecho por evitar las elecciones. Falso. Su fracaso es notable. El PP, por su parte, abrazó la derrota previamente, en unas elecciones en las que se escoró tanto a la extremaderecha que todavía le pasa factura, toda vez que sigue flirteando con Vox para atraérselo a España Suma. Escuchar a los de Casado criticar la incapacidad de Sánchez para llegar a acuerdos también es de traca, después de lo vivido con Mariano Rajoy, el presidente más estático a la hora de gestionar crisis que ha pasado por La Moncloa.

El resultado electoral el próximo 10 de noviembre, casi con toda probabilidad, precisará de consensos entre partidos para formar partidos. ¿Serían más fáciles con otros líderes al frente? Y la respuesta mayoritaria, dado el fracaso e ineptitud de los presentes, parece que es afirmativa. No sucederá, sin embargo, porque ninguno tendrá el coraje ni la responsabilidad de ese golpe de efecto.