Posos de anarquía

Qué suerte tenemos con Ibai

Captura de una de las retransmisiones de Ibai Llanos.

Tras el repugnante episodio protagonizado por Naim Darrechi y Mostopapi -que emulando a nuestros políticos, ahora miente indicando que se malinterpretaron sus risas- se vuelve a confirmar: Qué suerte tenemos con Ibai Llanos. La respuesta que ha tenido este streamer nos reconcilia con ese nuevo fenómeno de los influencers, que ha venido para quedarse porque, en realidad, nunca se fue. Son los líderes de opinión de toda la vida, pero con otros canales de comunicación.

He hecho el ejercicio de ver vídeos de Darrechi y continúo sin alcanzar a entender cómo es posible que cuente con 26,7 millones de seguidores en TikTok. No se trata de un conflicto generacional o de una mente viejuna anclada en el UHF porque, sin ser consumidor del contenido de Ibai, visualizo sus vídeos y no se me antoja extraño que 6,7 millones de personas le sigan en Twitch; 4,7 millones en  Twitter, 4,4 millones en Instagram o 6,25 millones en YouTube. Es una cuestión de calidad, de generar contenido interesante y, en lo que respecta a esta columna, de sensatez.

No es la primera vez que Ibai pone pie en pared y, espontáneamente -y esto le aporta aún más valor-, da una lección a esa turba descerebrada que, como Mostopapi, le ríe las tonterías a Darrechi, que ahora tiene en el cuerpo más miedo que vergüenza con la querella que se le viene encima. Ya lo hizo cuando se produjo la estampida de youtubers a Andorra que detestan la progresividad fiscal que trata de asentar la justicia social. Previamente, Ibai  ya había lanzado sensatez a raudales en otras cuestiones, desde las vacunas contra el coronavirus, al uso de la mascarilla o las manifestaciones por la marcha de Messi... y posteriormente ha seguido, con sus reflexiones sobre la salud mental o los estudios. 

Negar fenómenos como Twitch es negar la realidad y ser arrollado por ella. Esta plataforma que compró Amazon en 2014 -eso merecería otra reflexión- está arrasando. En lo que va de año, ya se han visualizado en esta plataforma cerca de 15.000 millones de horas (casi un 40% más que en 2020), con 9,3 millones de creadores únicos cada mes. Desde que Ibai comenzara casteando (comentando) en 2014 partidas de League of Legends (LoL) ha llovido mucho y nos ha calado hasta los huesos. Sus retransmisiones de las campanadas de Nochevieja ya superan en audiencia a algunas televisiones privadas y recientemente hizo historia con la compra de los derechos y la retransmisión vía Twitch de la final de la Copa de América entre Brasil y Argentina, con una audiencia de 750.000 espectadores y espectadoras.

Los hábitos de consumo, especialmente entre las personas más jóvenes, han cambiado, desplazando a medios todopoderosos como la televisión porque, incluso el contenido generado en televisión es ahora más consumido desde dispositivos móviles. Me incluyo en esa generación que no concebimos ver una serie o una película en la pantalla del teléfono móvil con auriculares, no lo hago ni lo haré, pero no niego esa realidad... como tampoco niego la realidad de esos nuevos líderes de opinión, ahora llamados influencers, aunque su onda expansiva no me alcance ni me resulte atractiva.

Sin embargo, cuando según los propios datos de Twitch, casi la mitad de su audiencia está compuesta por jóvenes entre 18 y 34 años, y un 21% se mueve entre los 14 y los 17 años, doy las gracias por tener entre nosotras y nosotros a gente como Ibai. Su cautela y buen juicio hacen falta, más aún viendo todo el dibujo, con personajes que también influyen en los más jóvenes pero desde la imprudencia, las más absoluta inconsciencia.

La diferencia entre unos y otros viene marcada por la asunción de la responsabilidad que conlleva arrastrar a millones de seguidores. No sólo es un negocio, que lo es y muy lucrativo, como admite el propio Ibai, es una cuestión de tomar conciencia de la atención con que te escucha tu audiencia, cómo influyes en sus juicios, en su modo de ver la vida. Lo que ha sucedido toda la vida con los líderes de opinión, pero con una diferencia crucial: los segmentos mas jóvenes que quedaban excluidos, que eran totalmente ajenos a los discursos de los referentes de antaño, ahora sí son alcanzados por estos influencers, con todo lo que ello implica.

Mírenlo por otro lado: imaginen a alguien con el carisma, el gancho mediático y la influencia de Ibai desplegando toda suerte de valores antisociales, que confundiera transgresión con imprudencia para hacer caja, que en lugar de inspirar, hiciera perder la cabeza a los más jóvenes, cayendo en la superficialidad, en el desenfreno de lo efímero, en los atajos a lo inmediato. Lo hay, ciertamente lo hay pero, al menos, tenemos a Ibai como el mejor antídoto contra eso. En cierto modo, me siento más seguro con streamers como él y apuesto a que millones de padres y madres también.