Justicia, memoria y reconciliación tras la violencia

Carmen Magallón

Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

El cese de la violencia por parte de ETA ha desatado un torrente de emociones, declaraciones y actitudes. Desde la alegría a la desconfianza, desde la celebración a la tristeza por el recuerdo de tantas víctimas cuyas vidas quedaron en este largo trayecto. Sin duda, sin olvidar a las víctimas, es tiempo para celebrar. Y también es tiempo para agradecer el trabajo de tanta gente que, a lo largo de los años, ha llevado a cabo una tarea silenciosa y lenta: horas de debates, charlas, cursos, manifestaciones, encuentros, jornadas, seminarios, publicaciones, todo un trabajo encaminado a deslegitimar la violencia en los corazones y las mentes de la gente –que es algo fundamental–, para hacer ver lo que finalmente se ha visto: que la violencia no es la vía para conseguir objetivos. En esta tarea, los centros de investigación y educación para la paz del País Vasco han hecho una gran labor, algo que hay que reconocer.
Porque no es fácil desaprender la violencia. La historia transmitida y el panorama internacional convertido en noticia han abonado la creencia de que la violencia es necesaria para conseguir determinados objetivos. Vemos que no es así. Que la violencia es un lastre para el desarrollo de sociedades libres y democráticas. Y que, en el caso en que parece lograr sus objetivos, estos quedan contaminados hasta hacerse irreconocibles, ya no son los buscados.
Ahora queda el largo proceso de la reconciliación, de la reconstrucción de vínculos en una sociedad tremendamente dañada en la que habrá que desplegar la mejor inteligencia colectiva y la excelencia de todos para que haya curación, sin olvido. Para que haya reinserción, sin impunidad. Para que no se repita. Al fin, ahora es la palabra la protagonista. Ahora es posible y necesario dialogar, trabajar sobre la memoria, la justicia, el daño, la reparación. Disponemos de marcos como la Justicia restaurativa, que ofrece un horizonte de humanización en la interacción entre víctimas y victimarios. Pero no pidamos que todo suceda en dos días. Demos espacio y tiempo al proceso que ahora comienza. Personalmente, y porque confío en los seres humanos, creo que también llegará el tiempo del arrepentimiento, y el de la petición y otorgamiento del perdón.