La dignidad de los rectores

España es el único país de la Unión europea en el que gobierna la derecha más extrema. Pero esta peculiaridad de nuestro sistema político es difícil de detectar a primera vista. En otros países la ultraderecha se caracteriza por sus malos modos. Aquí muchos de nuestros líderes conservadores se caracterizan por su desparpajo. Yo creo que esa es la  clave para entender al ministro de educación, otrora amable tertuliano de las ondas, convertido hoy en gracioso fustigador de maestros, profesores y rectores universitarios.

Lo que está ocurriendo en el Ministerio que ocupa Wert es de antología. En poco tiempo él solito ha hecho que toda España se ponga por fin de acuerdo en algo: todos queremos preservar y defender la escuela pública, todos queremos mantener la igualdad de oportunidades para el acceso a la educación y todos queremos preservar nuestro sistema universitario. La ciudadanía la llegado a una convicción: si Wert lo ataca, es cosa buena.

Han hecho bien los rectores en negarse a sentarse a la mesa del Consejo de Universidades para recibir instrucciones del jefe. La Constitución Española (artículo 27) garantiza la autonomía universitaria y uno de los órganos a través de los que se ejerce tal autonomía es el Consejo de Universidades, en el que participan los rectores, no por ser funcionarios del Estado, sino por ser depositarios constitucionales de esa autonomía. No vamos a discutir ahora los motivos que tenía el Gobierno de Rajoy para subir las tasas universitarias. Lo que es evidente es que no tenía ningún motivo para hacerlo como lo ha hecho. Desde 1983, cuando se aprobó la LOU (Ley Orgánica de Universidades) los gobiernos de todo signo y orientación política han ido revisando año a año los costes de las matrículas universitarias y lo han hecho siempre dialogando con los Rectores y Consejeros de las Comunidades Autónomas y logrando consensos prácticamente unánimes.

¿Qué ha sucedido ahora para que se rompa esa línea de diálogo, colaboración y respeto a la autonomía universitaria? Hay varias hipótesis. Una, que Wert no se ha enterado todavía de en qué sillón ministerial está sentado.  Dos, que los rectores constituyen una secta judeo masónica que quiere la ruina de este país. Y tres, que los bárbaros se han hecho dueños del gobierno, o al menos del Ministerio de Educación, y lo están usando como plataforma para reiniciar la cruzada.

Los rectores han hecho bien en negarse a participar en el vodevil y en defender la dignidad y la autonomía de las universidades. Felicidades.

Miguel Ángel Quintanilla Fisac, Universidad de Salamanca