Del consejo editorial

El INE lo pinta gris

ANTONIO IZQUIERDO

La Proyección de Población a Corto Plazo elaborada por el Instituto Nacional de Estadística no hay que sorberla de un trago y sin paladear. Los cálculos reflejan nuestra historia y hay que ponerle palabras a los guarismos de la fábula.
El INE nos anuncia que la población crecerá de aquí a diez años algo más de un millón de personas. Los medios han reflejado la noticia como "caída vertiginosa de la inmigración" o "frenazo en el aumento de la población". ¿Es tan alarmante el pronóstico? Si el futurible acierta, el agregado será de 110.000 personas como media anual hasta 2018. ¿Está tan arraigada la ideología del crecimiento que nos deprimimos como país si el aumento no es exponencial? ¿Acaso queremos otra vez 600.000 viviendas y 900.000 inmigrantes anuales?
En realidad, cuando se leen las seis hojas que detallan la proyección, se da uno cuenta de que el INE lo pinta gris. En primer lugar, la población no disminuye y la inmigración tampoco, lo que se reduce es el ritmo de crecimiento. En segundo término, la inmigración masiva parece que no dejará una huella reproductiva tan fuerte y, en tercer lugar, cabe aprovechar esta pausa demográfica para reflexionar.

Empecemos por examinar los componentes de ese escenario, es decir, el saldo natural y el migratorio. El crecimiento vegetativo (nacimientos menos defunciones) en su punto mas bajo triplicará el que tuvimos en 1998 y los nacimientos se situarán al nivel de 1986, así que no es para tanto. Lo que crece sin pausa es la parca y aún así rozaremos los 47 millones de habitantes. Conclusión, la proyección augura un aumento natural inferior al de los ochenta pero superior al de los noventa del siglo pasado.
¿Y el saldo migratorio, es decir, la diferencia entre inmigración y emigración? La proyección no es tan catastrófica pues también vendrán más de los que se marchen. Llegarán 400.000 inmigrantes cada año, cuatro veces más que en 1999, mientras que la emigración se mantiene por encima de los 320.000. De manera que el crecimiento social será positivo pero ligero de equipaje. ¿Y cómo se explica que la emigración tenga semejante potencia? Ciertamente la crisis no va a durar diez años, así que sólo cabe imaginar que no somos capaces de retener a la población.
Detrás de la proyección aparecen señales de desesperanza vegetativa y migratoria. Se malogra la emancipación económica y la fecundidad. Los jóvenes no pueden irse a vivir juntos. Las mujeres nativas no tienen los hijos que quieren ni a la edad que desean, ni tampoco las foráneas. La segunda frustración es la que empuja a irse a extranjeros y españoles. Resumiendo, el INE nos pinta una sociedad con agujeros en su reproducción natural y social.
Estos pronósticos nos brindan la oportunidad de repensar nuestro modelo social y migratorio. No se trata tanto de un déficit generacional como de fallos reproductivos. En realidad, los treintañeros no son tan escasos porque a los nacidos aquí durante la década de los ochenta se añaden los inmigrantes coetáneos. Lo que se apunta es que unos y otros tendrán el nido medio vacío.

Antonio Izquierdo es catedrático de Sociología