Dominio público

Negacionistas, la internacional del odio

Jorge Fonseca

Profesor de Economía Internacional en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Científico de ATTAC

Concentración de negacionistas de la covid-19 en la plaza de Colón de Madrid. EFE
Concentración de negacionistas de la covid-19 en la plaza de Colón de Madrid. EFE

Las manifestaciones en España y Argentina de negacionistas de la pandemia que se oponen a la cuarentena, al uso de mascarillas y demás medidas de prevención del contagio de covid19, forman parte de la estrategia basada en el odio para deslegitimar y acosar a gobiernos progresistas, manipulando a parte de la población, que enfrenta una dura situación sanitaria, económica y anímica.

El rechazo a la cuarentena y la acusación de que es una medida autoritaria de los gobiernos progresistas de España y Argentina, tiene antecedentes en el manifiesto de abril del batallón  de agitprop internacional de ultraderecha neoliberal encabezado por Vargas Llosa, ("el hechichero de la tribu"  que reconoce que le encanta "escribir mentiras que parezcan verdades", como le caracterizó Atilio Borón), además de los expresidentes Mauricio Macri y José Mª Aznar, junto a  Patricia Bulrich, Álvarez de Toledo, Esperanza Aguirre y el imputado por terrorismo de Estado en Colombia, Álvaro Uribe.

No es casualidad que con un día de diferencia en Madrid y Buenos Aires (además de otras ciudades argentinas) hace unos días se convocaran manifestaciones  con las mismas consignas: el virus es una farsa, es como una gripe, la cuarentena es privación de libertad, no a las vacunas, sí al dióxido de cloro (en Argentina se investiga si pudo causar la muerte de un niño), y no a las mascarillas. En Madrid pocos de los dos millares de manifestantes las usaron;  ya hay uno de ellos hospitalizado con covid19.Tampoco es casualidad que el 27 de julio, se realizara en Madrid una reunión de negacionistas de la pandemia, bajo la denominación de "médicos por la verdad", con discursos políticos de extrema derecha y muy poco de medicina, con argumentos falsos sobre el virus, su tratamiento o el uso de mascarillas. Tres de los ponentes eran argentinos: Ramiro Salazar afirmó que "estamos frente a un plan global para someter los pueblos del mundo", mientras que Cornu, en línea con  Trump y Abascal señaló a China como origen y  manipulador de la epidemia. Chinda Brandolin, (participante en algún foro filonazi) aseguró que "el último fin de la falsa pandemia es imponer por la fuerza un régimen comunista…como ya estamos viendo en España o Argentina…" y anunció que en Argentina habían "concertado con corporaciones médicas muy numerosas para parar el país". Además afirmó que esta "maniobra política generalizada… trata de quebrar las economías nacionales" y defendió la vía del contagio  para conseguir la denominada "inmunidad de rebaño".

La masacre para inmunizar "al rebaño"

Una semana antes Salazar había encabezado la lista de firmantes (que incluía a Cornu) del comunicado  dirigido al presidente  argentino Alberto Fernández en el que se criticaba la cuarentena y se defendía la "inmunidad innata" y "natural celular… de anticuerpos por vía del contagio", o "inmunidad de rebaño", que es una lógica que prioriza los beneficios privados a costa de la población y que subyace en las estrategias de Trump en EEUU, Bolsonaro en Brasil y Johnson en el Reino Unido, países que en conjunto suman casi diez millones de contagiados y más de 330 mil muertos por covid19. La "inmunidad de rebaño" está cuestionada por los numerosos casos de recaídas de muchos contagiados,  y evitar o reducir la cuarentena para conseguirla no impide la recesión, como se vio en Reino Unido, donde hubo una elevada mortalidad y la quiebra económica (20,4% de caída del PIB en el 2º trimestre) fue peor que en España. En cualquier caso es un despropósito, pues para conseguir que los sobrevivientes adquieran una supuesta inmunidad, habría que dejar que se contagie al menos 60% de la población. Esto en España implicaría 28 millones de personas contagiadas y más de 2 millones de muertos  y  en Argentina más de 27 millones contagiadas y más de medio millón de muertos, considerando sus porcentajes de letalidad (es decir de contagiados confirmados  que han muerto). Estaríamos ante un genocidio

La negación de la evidencia que la cuarentena evitó una descomunal mortalidad

En la reunión en Madrid, la española Natalia Prego afirmó que la epidemia es una farsa y que, si en España la hubo, había llegado a su fin en abril considerando los datos de contagios y muertos en esa fecha. Esta conclusión oculta el hecho decisivo que la reducción en ambas variables se debió al efecto de la cuarentena iniciada en marzo y las demás medidas de prevención adoptadas, y que ellos rechazan,  como uso de mascarillas y distancia social. Sin ellas se hubiese multiplicado exponencialmente el número de contagios y muertos, como se infiere de los datos: las muertes por los contagios producidos antes del periodo de confinamiento se concentraron en torno a la última semana de marzo y la primera de abril, rozando los mil por día (1342, si nos basamos en el "exceso de muertes") el 31 de marzo; luego fueron decreciendo por efecto de la cuarentena, hasta  menos de 100 diarios en junio. De marzo a junio hubo elevado "exceso de muertes" respecto a lo normal en muchos países: en España el exceso fue de 56%, en Reino Unido 45%,  en Italia 44% y en EEUU 23%%. Pero el exceso fue mucho mayor en las regiones más afectadas de cada país (en Madrid fue de 157% y  en Nueva York 208%). Si no hubiese habido cuarentena, las muertes, que en España a fines de marzo se duplicaban en una semana,  hubieran seguido creciendo exponencialmente y en pocos meses hubiesen sumado cientos de miles, además de provocar un descomunal colapso sanitario, económico y social. Aún suponiendo –ilógicamente-  que sin cuarentena el número de contagios en España no hubiera crecido exponencialmente y que las muertes se hubieran mantenido en torno a 1000/1300 diarios como el 31de marzo, al mes hubieran sumado entre 30 mil y 40 mil, cifras que en proyección anual equivalen a 360 mil/480 mil fallecidos solo por covid19, equivalente al 0,8% de la población.

Que las muertes no estropeen los beneficios de los superricos

Sería aventurado extrapolar ese 0,8% a nivel planetario (equivaldría a 64 millones de fallecidos en un año), pero de los datos se puede deducir que sin cuarentena hubiésemos tenido muchos millones de muertos por covid19 en el mundo. Una situación que ya anticipaba el informe de la OMS de septiembre de 2019, A World At Risk, que hablaba de 50 a 80 millones de muertos por una posible pandemia:

"Si bien la enfermedad siempre ha formado parte de la experiencia humana, una combinación de tendencias mundiales, que incluye la inseguridad y fenómenos meteorológicos extremos, ha incrementado el riesgo... y … el espectro de una emergencia sanitaria mundial se vislumbra peligrosamente en el horizonte.(…) nos enfrentamos a la amenaza muy real de una pandemia fulminante, sumamente mortífera, provocada por un patógeno respiratorio que podría matar de 50 a 80 millones de personas y liquidar casi el 5% de la economía mundial. Una pandemia mundial de esa escala sería una catástrofe y desencadenaría caos, inestabilidad e inseguridad generalizada. El mundo no está preparado. (…).El mundo necesita establecer de forma proactiva los sistemas y compromiso necesarios para detectar y controlar posibles brotes epidemiológicos. … Ha llegado el momento de actuar… El mundo está en peligro, pero colectivamente tenemos las herramientas para salvar a las poblaciones y las economías. Lo que necesitamos es liderazgo y la voluntad de actuar con firmeza y eficacia."

No hubo ni liderazgo ni voluntad ni preparación. Sí intereses.  En un mundo dominado por las grandes potencias, donde EEUU es país hegemónico y  el G7  virtual Consejo de Administración Global, era de esperar que fueran ellos quienes convocaran a organizar los sistemas de prevención ante la previsible pandemia. Pero el gobierno de Trump, estaba adscrito a la teoría conspirativa de QAnon, el grupo ultraderechista surgido cuando Steve Bannon era su asesor y le diseñó la estrategia que le llevó a la presidencia. Esta estrategia combina neoliberalismo (reducción de salarios y derechos) con chauvinismo corporativo (apoyo a las transnacionales "locales")  e incluye el uso sistemático de fake news y lawfare. También  una teoría conspirativa que sitúa a Bill Gates y George Soros como parte de una red que pretende dominar el mundo, ahora también con el virus. Como si estos millonarios, y otros como Bezos o Zuckerberg, sus empresas Microsoft, Google, Apple, Facebook, Amazon o BlackRock, no tuviesen   ya un inmenso poder de dominación global, lo que les permite usar la pandemia –incluyendo la competencia por la vacuna- y el miedo que provoca para acrecentar fortunas y poder.

Generar odio y utilizarlo

Las políticas antiderechos practicadas por Trump y emuladores generan rabia y odio en los perjudicados. Bannon ha defendido abiertamente la idea que "el odio y la ira son motivadores", es cuestión de saber aprovecharlos, y con esa filosofía asesoró a líderes ultraderechistas de Europa, (Salvini de Italia, Le Pen de Francia, Orbán de Hungría, ideólogos de VOX de España), y de América Latina (Bolsonaro y otros), construyendo una auténtica "internacional del odio", que intenta desestabilizar gobiernos democráticos progresistas, con campañas de acoso –incluyendo asedio personal y familiar a sus miembros como está ocurriendo en España-, tratando de impedir políticas sociales y de imponer un orden social global que combina el neoliberalismo con elementos clásicos del fascismo. Sus "imanes" discursivos también atacan a movimientos igualitarios que unen a la humanidad en todo el mundo en contra del odio: al feminismo no solo porque defiende la igualdad de género sino porque sitúa los cuidados, la igualdad y los derechos humanos en el centro de la vida y de la economía, articulando al movimiento social que defiende servicios públicos, las pensiones o la renta ciudadana; el neoliberalfascismo ataca también al ecologismo, porque une globalmente a quienes luchan por un futuro para la humanidad y la naturaleza, lo que perjudica los intereses de las grandes corporaciones extractivistas; ataca a los movimientos antirracistas porque jaquean la pretensión supremacista de países hegemónicos con predominio de fenotipo "caucásico"; ataca la cultura, porque representa el goce, el pensamiento y la memoria, lo opuesto a su orden basado en la opresión y el miedo.

La "internacional del odio"  ha convertido la pandemia  en un arma neoliberal de destrucción, pues la negación de ella no solo justifica el mantenimiento normal de las actividades que son la fuente de sus beneficios, sino también la vulneración de la salud y los derechos de los trabajadores expuestos al virus; también la eliminación de parte de la población "improductiva", los mayores, con lo que se reduciría el gasto público en pensiones y sanidad, permitiendo la rebaja de impuestos a las rentas del capital. Mientras recrudece la pandemia, y nos hacen discutir sobre las mascarillas, el odio cotiza en los mercados y aumenta beneficios de los más ricos.