Dominio público

Por un nuevo pacto antifascista en el Parlamento Europeo

Sira Rego

Portavoz de Izquierda Unida y eurodiputada de Unidas Podemos

Letras gigantes "Europa" en los pies del edificio Metrópoli de Gran Vía, a 17 de septiembre de 2021, en Madrid, (España).- Ricardo Rubio / Europa Press

En unos días, coincidiendo con el ecuador del mandato, se vota el cargo de la presidencia al Parlamento Europeo, renovando la figura de máxima responsabilidad de la única institución europea que se elige por sufragio directo. Una elección que estará marcada por el recuerdo de David Sassoli, un presidente que estuvo a la altura de un momento complejo y lleno de retos. Durante su mandato, demostró que era posible alcanzar acuerdos mediante el diálogo, alejados del dogmatismo y útiles para el momento de cambio que vivimos en la UE.

Si por algo se caracteriza el Parlamento Europeo es por tener escasas competencias para hacer propuestas legislativas. Lo convierte de facto en un espacio fundamentalmente deliberativo, en una institución que por su carácter supranacional está sirviendo para acordar y cambiar los límites de los marcos de convivencia. El Parlamento Europeo es un dispositivo perfecto para producir nuevos consensos. Pero, ¿qué significa esto? Que teniendo en cuenta estos tiempos de crisis ecosocial, crisis del modelo de reproducción social y el auge de la extrema derecha, es el lugar que mejor opera para ahormar, esculpir y fraguar ideas que luego se convierten en sentido común en nuestros territorios. Las ideas que definen cómo vivimos. Esto podría parecer una cuestión menor, pero en el contexto actual, se convierte en un asunto importante. El Parlamento Europeo es un instrumento sumamente útil para dar la batalla de las ideas: la batalla cultural.

Basta con asomarse a los últimos debates y echar un vistazo a la agenda para entender cómo funciona y cómo nos afecta. Podemos poner como ejemplos la deshumanización de las personas migrantes, a los discursos que tachan de "ataque híbrido" una crisis humanitaria; o la ofensiva sobre los derechos de las personas LGTBI, los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres… Todos estos debates, que hace unos pocos años hubieran sido impensables por suponer un ataque a la línea de flotación de los derechos fundamentales, hoy forman parte de la agenda cotidiana del parlamento.

Por supuesto, para llegar a ello se ha requerido que durante años esta producción ideológica haya estado sostenida por una mayoría. En demasiadas ocasiones ha operado una coalición del pasado, que se ha encargado de determinar los límites del debate. Esta mayoría previamente acordó el consenso de la política de austeridad y los recortes que nos ha dejado unos estados adelgazados, agravando la percepción general de inseguridad e incertidumbre. Precisamente, con la irrupción de la extrema derecha y su política del fango, se demuestra que esta fórmula ha entrado en una contradicción irresoluble. La coalición del pasado es un falso cordón sanitario: la agenda de la extrema derecha ya ha penetrado.

Por eso esta elección, aunque parte de un resultado anunciado puesto que parece clara la mayoría que apoyará a una candidata conservadora y contraria a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, es al mismo tiempo la oportunidad de abrir un debate sobre otra geometría posible. ¿Es la única salida dar apoyo a una candidatura con elementos sustanciales compartidos con la extrema derecha?

Si algo ha demostrado la pandemia es que hay un pulso entre una tendencia reaccionaria y otra de carácter más progresista y social. Frente a la agenda del odio, el miedo y los repliegues, se eleva una necesidad compartida de defender el estado social, los servicios públicos, los salarios decentes, reequilibrar la brecha de cuidados dando voz a la agenda feminista, en definitiva: defender los derechos. Se ha acreditado que en el Parlamento Europeo coexiste otra posible suma de fuerzas. La agrupación del arco progresista ha sacado adelante una posición más ambiciosa que la de la Comisión y el Consejo respecto a los Fondos de Recuperación o la exigencia de la liberación de las patentes de las vacunas y la transferencia en la contratación, entre otros temas. Hemos demostrado que la alianza de las fuerzas progresistas es fundamental para liderar acuerdos de progreso social en las instituciones europeas.

Por eso presentamos nuestra candidatura a la presidencia porque tenemos el firme convencimiento de que estamos a tiempo de plantear horizontes alternativos y sobre todo que debemos evitar que el Parlamento Europeo sea el gran reducto de fórmulas del pasado que permiten que se abra paso la extrema derecha. Por ello proponemos un nuevo pacto para construir un nuevo consenso. Proponemos abandonar los viejos acuerdos que son cosas del pasado y plantearnos la posibilidad de nuevos marcos de acuerdo entre las fuerzas progresistas, un pacto de futuro basado en la defensa de los Derechos Humanos, en el impulso de medidas que garanticen condiciones dignas de trabajo, en un modelo productivo adaptado a los retos del cambio climático, en la defensa de los servicios públicos. Queremos conseguir un consenso feminista, ecologista, fraterno. Un acuerdo que frene y rechace la normalización del odio. Un nuevo pacto que nos dé esperanza y nos movilice.