Dominio público

Si esta era la despedida de Unidas Podemos, ha sido un adiós muy amargo

Sato Díaz

Jefe de Política de Público

El candidato a la Presidencia de la Junta de Castilla y León por Unidas Podemos, Pablo Fernández, abraza a sus compañeros tras valorar los resultados obtenidos por su formación en los comicios para Castilla y León durante la noche electoral del 13F en el Espacio de Coworking "Gazpacho de Cerezas", a 13 de febrero de 2022, en Salamanca, Castilla y León (España).

La pesadilla de Podemos regresa de nuevo esta noche electoral: la mala implantación territorial. En esta ocasión, se ha manifestado en las elecciones autonómicas de Castilla y León donde, por primera vez, los morados iban en coalición con IU bajo el paraguas de Unidas Podemos. Aún así, los resultados de este domingo conllevan la pérdida de la mitad de los votos cosechados en 2019 (unos 50.000) por ambas formaciones por separado y pierden un procurador. Solo habrá un parlamentario de la izquierda alternativa en las Cortes de Valladolid la próxima legislatura, Pablo Fernández.

La irrupción de Podemos supuso unos resultados espectaculares en las elecciones autonómicas del año 2015. En aquellos comicios, la formación que lideraba Pablo Iglesias no se presentó con candidaturas propias a las municipales, aunque sí en confluencias que ganaron las principales ciudades del país, como Madrid, Barcelona, varias gallegas o Cádiz. La fuerte penetración de Podemos se vio confirmada en las elecciones generales de ese mismo año y en la repetición electoral del 2016, donde ya concurrieron junto a IU bajo la marca de Unidos Podemos.

Sin embargo, el advenimiento de Podemos a la política y su exitoso aterrizaje no se usó para construir una organización anclada en los territorios. El partido se centró en la brega desde Madrid, los platós y las instituciones y dejó pasar la oportunidad de implementar su capilaridad geográfica y aprovechar así el viento de cola, el momento de éxito, para implantarse y construir organización. Esto tuvo sus consecuencias en el ciclo de 2019, año en el que las diferentes elecciones autonómicas arrojaron malos resultados para Unidas Podemos. También fueron especialmente malos los números de las gallegas y vascas del 2020 para Unidas Podemos.

El año 2019 (tras una repetición electoral de las generales) acababa con Pedro Sánchez y Pablo Iglesias firmando un acuerdo para el Gobierno de coalición. Cuando las izquierdas alternativas entraban en un momento de retroceso en sus resultados, llegaban al Consejo de Ministros. Mientras en las comunidades autónomas Unidas Podemos empeoraba sus datos, conseguía su mayor cota de influencia institucional al entrar a formar parte del Gobierno del Estado.

Las elecciones de Castilla y León han supuesto un nuevo jarro de agua fría para Unidas Podemos. La candidatura liderada por Pablo Fernández se deja un buen puñado de votos y un procurador por el camino, en unos comicios marcados por el alarmante ascenso de la ultraderecha. Si esta ha sido la primera vez que Unidas Podemos, como confluencia de Podemos e IU, operaba en Castilla y León, puede ser que también sea la última. De hecho, estas elecciones pueden suponer la despedida de la marca Unidas Podemos en las papeletas a nivel estatal

Y es que, salvo giro de guion inesperado, las izquierdas cambiarán de formato en los próximos años. Yolanda Díaz está llamada a liderar la creación de un nuevo sujeto político que tiene la ambición de ampliar Unidas Podemos y de unir a aquellos elementos que desde el nacimiento de Podemos se han ido disgregando. Unidas Podemos dejaría de existir, sería el turno de un proyecto nuevo y diferente del que todavía poco se sabe.

En el horizonte electoral más cercano se vislumbran unas elecciones andaluzas. Juanma Moreno tiene que convocarlas este año, en diciembre se acaba la legislatura, aunque podría adelantarlas a la primavera o al otoño. Las izquierdas andaluzas (ahora mismo disgregadas en Unidas Podemos, Adelante Andalucía y Andaluces Levantaos) mantienen un debate sobre una posible confluencia. Si este diera resultado, también en Andalucía operará un sujeto político diferente a Unidas Podemos en las próximas votaciones.

Puede, por tanto, que las elecciones de Castilla y León hayan sido las últimas en las que la izquierda se presente bajo la marca de Unidas Podemos, la cual hoy en día se refiere, principalmente, a la alianza entre Podemos e IU (junto a otros actores como Alianza Verde). Si esta era la despedida de Unidas Podemos, ha sido un adiós muy amargo.