Dominio público

¿Qué puede aprender de Gabriel Boric la izquierda española?

Jaime Bordel Gil

Gabriel Boric celebra la victoria en las elecciones presidenciales de Chile, en Santiago.- REUTERS

El pasado 19 de diciembre Gabriel Boric logró una victoria histórica en Chile, consiguiendo que por primera vez desde los años 70 un candidato a la izquierda de la Concertación llegara al Palacio de La Moneda. Su gobierno echará a andar este 11 de marzo, dando comienzo una de las experiencias políticas más prometedoras de los próximos años para la izquierda.

Desde la izquierda española se celebró la victoria de candidato del Frente Amplio y se siguió con atención la recta final de una campaña que se movió en unas coordenadas fáciles de leer para el público ibérico. Las similitudes de Vox con el rival de Boric en segunda vuelta, José Antonio Kast, o las conexiones en el pasado entre el Frente Amplio y Podemos, hicieron que a izquierda y derecha se prestara más atención de lo habitual a las elecciones de un país latinoamericano. Fruto de esta atención, las comparaciones no han tardado en salir, y tras la holgada victoria de Boric, amplios sectores de la izquierda española miran hacia el presidente chileno como un ejemplo a seguir en una época en la que no abundan referentes en el arco progresista.

De la experiencia de Gabriel Boric se pueden aprender muchas cosas. La capacidad de articular a su alrededor a diferentes partidos y organizaciones sociales, de involucrar políticamente a la juventud o de combatir eficazmente a la ultraderecha son solo algunos de los grandes méritos de su campaña. La izquierda chilena fue capaz de trasladar las demandas del estallido social a la arena electoral sin apropiarse de ellas, algo que en su día Podemos intentó con el 15M, pero que no fue capaz de materializar en una victoria a nivel nacional. De estos puntos puede aprender la izquierda española, aunque también hay que ser precavidos y no vender fórmulas mágicas, ya que el contexto chileno y el español presentan numerosas diferencias. La hipótesis Boric podría tener ciertas similitudes con la hipótesis Yolanda Díaz, pero hay que ser cautos y no trasladar a terreno español lógicas que pueden no funcionar en nuestro ecosistema político.

La hipótesis Boric

El principal mérito de Gabriel Boric en esta campaña fue su capacidad de ensanchar el espacio político de la izquierda llegando hasta lugares donde hace no tanto le resultaba muy complicado hacerlo. No fue una tarea fácil y tras la victoria de Kast en primera vuelta, la campaña de Gabriel Boric tuvo que dar un giro importante para ser competitiva frente al ultraderechista. Para ello, en la segunda vuelta se involucró a otras formaciones políticas y a personajes de la sociedad civil como Izkia Siches, y se afrontaron temas espinosos para el espacio progresista que en otras campañas habían quedado en un plano mucho más secundario. Boric habló de seguridad, de inmigración y de combatir la delincuencia, temas que hasta el momento eran monopolio de sus adversarios y que se encontraban entre las principales preocupaciones de muchos chilenos. Una apuesta que tenía sus riesgos, pero que salió bien.

La capacidad de dar respuesta a las incertidumbres de la ciudadanía es una de las mayores lecciones que se puede extraer del triunfo de Boric. No se trata de que en otras latitudes se tenga que replicar la agenda que tuvo éxito en Chile, sino que se aprenda a que sin dar respuestas convincentes a algunos de los problemas que plantean los adversarios jamás se conseguirá ser alternativa de gobierno.

Para construir esta alternativa, el proyecto de Boric tuvo que abandonar algunos lugares comunes de la izquierda como la defensa acrítica de Maduro en Venezuela. Una estrategia que consiguió interpelar a otros electores y que fue posible únicamente gracias al diálogo con otras fuerzas políticas y sectores de la sociedad civil. Esta unión fue clave para derrotar a José Antonio Kast, contra quien no necesitaron recurrir a la campaña del miedo, sino simplemente demostrar que su proyecto de país era más ambicioso e ilusionante que el del candidato ultraderechista. Un punto del que sin duda debe aprender la izquierda española, ya que para derrotar a Vox no servirán ni los cordones sanitarios, ni las advertencias a la llegada del fascismo. Para hacerlo habrá que presentar un proyecto de país mejor que el suyo que apele a una mayoría de la sociedad.

Diferencias y aprendizajes

Aunque existen ciertas semejanzas, no podemos olvidar a la hora de sacar conclusiones del triunfo de Boric para España, las enormes diferencias que existen entre ambos contextos. A nivel institucional el sistema presidencialista y la elección a dos vueltas favoreció a Gabriel Boric, ya que le permitió enfrentarse en el balotaje al candidato que generaba mayor rechazo en la población. En este escenario, el candidato del FA tuvo mucho más fácil crecer hacia el centro sin riesgo de perder a los sectores más izquierdistas que le apoyaban. Y a nivel social, mientras que en Chile se viene de un ciclo de movilizaciones masivo que va desde las revueltas por la educación de 2006 y 2011 hasta el estallido social de 2019, en España nos encontramos en un escenario de desmovilización absoluta, con la honrosa excepción del movimiento feminista.

El proyecto de la izquierda en España, que seguramente encabece Yolanda Díaz, lo tendrá más difícil tanto en el terreno social como en el institucional. Reactivar políticamente a determinados sectores de la sociedad civil será una tarea complicada, y que requiere mucho más tiempo que una mera campaña electoral. Con ello y con otras tantas cosas más tendrá que lidiar en un futuro cercano la izquierda española, a quien le espera un reto que no será nada fácil.

Pero más allá de estas diferencias, es innegable que de las experiencias chilena y española se pueden sacar importantes aprendizajes mutuos. De todos ellos, la implantación territorial es uno de los elementos que más debería hacer reflexionar a ambos lados del Atlántico. Tras conseguir importantes victorias en las últimas elecciones municipales y regionales, en Chile el Frente Amplio y el Partido Comunista deberán consolidarse en los territorios en este ciclo político. Una labor complicada como se ha visto en el caso español, donde Podemos ha perdido fuerza los últimos años tras sus buenos resultados a nivel local en 2015. Este punto también debería hacer reflexionar al equipo de Yolanda Díaz, ya que sin un partido o una serie de organizaciones detrás será muy complicado tanto llevar la campaña al territorio como mantenerse en el tiempo.

En este aspecto, la fórmula del Frente Amplio, donde distintos partidos con sus propias estructuras y total autonomía concurren en coalición con un único candidato, podría ser una buena opción para el proyecto de Díaz, quien a día de hoy no tiene un partido que la respalde. Este modo de organización está muy instaurado en la política chilena, donde también hay una cultura muy fuerte de primarias abiertas, una opción que, aunque conlleve más riesgos también podría barajarse como una posible alternativa.

Sin embargo, de todos los aprendizajes que se pueden extraer de la experiencia chilena, el más valioso es el de haber sabido enfrentarse y vencer a la ultraderecha. Para ello, Boric no solo armó un proyecto ambicioso con vocación de mayoría, sino que fue capaz de generar cierta ilusión, un elemento que fue clave para la victoria. Si la izquierda española quiere derrotar a Vox deberá dejar a un lado el "que viene el lobo" y recuperar esa ilusión que sí consiguió producir el Podemos de 2015. En aquel momento había un proyecto de futuro con vocación de transformar el país, por lo que el objetivo para la izquierda debería ser recuperar ese punto y no enrocarse en llamar a Vox fascista y criticar a los medios que lo blanquean.

Tras más de una década en un plano totalmente secundario, parece que Chile vuelve a ocupar un lugar fundamental en el imaginario de la izquierda española. No esperemos que Boric nos señale el camino, pero sí aprendamos de sus aciertos ahora que empieza a andar su legislatura.