Dominio público

La unión popular en Francia puede perder una batalla, pero ganar la guerra

Daniel Vicente Guisado

Politólogo.

Militantes del movimiento izquierdista francés La France Insoumise (LFI) exhiben un cartel de campaña que dice en francés "Melenchon, primer ministro" fuera de la sede de LFI en París el 3 de mayo de 2022.- EMMANUEL DUNAND / AFP

Mélenchon lo consiguió. Más de una década después de salir del Partido Socialista, y tras fundar hasta dos partidos desde entonces, ha conseguido aprovechar los incentivos suficientes para unir bajo una misma candidatura a toda la izquierda francesa. El próximo 12 de junio la ciudadanía francesa tendrá la oportunidad de apoyar, por primera vez en 25 años, a Insumisos (FI), socialistas (PSF), ecologistas (EELV) y comunistas (PCF) en un solo voto que llevará el nombre de NUPES (Nueva Unión Popular Ecologista y Socialista).

La alianza, que viene impulsada por efemérides importantes como la victoria del Frente Popular en 1936, podría ser la fuerza más votada en la primera vuelta de unas elecciones legislativas que tienen como objetivo elegir al primer ministro que comparta el poder con Macron, dando lugar a la cohabitación. Las últimas encuestas, que se adelantaban a los acontecimientos e incluían la hipótesis de unión de izquierdas, así lo contemplan: entre un 30% y un 34% podría obtener la NUPES (en 2017, separadas, consiguieron el 27%).

Sin embargo, el diseño de una V República, marcado por la necesidad de evitar la parálisis política e institucional, complica sobremanera que ese significativo porcentaje consiga convertir a Jean-Luc Mélenchon en el primer ministro del contrapoder del macronismo. En primer lugar, el momento de las legislativas (menos de dos meses después de las presidenciales) busca aprovechar el efecto de luna de miel desprendido de la victoria presidencial. Un presidente recién elegido siempre tendrá más facilidad de imponer su voluntad a principio que a final de mandato. Aunque así ocurrió en 2017, Macron lo puede tener más difícil en unas semanas, ya que inicia su presidencia con el nivel de confianza más bajo (31%) de los presidentes desde 1995.

En segundo lugar, porque el sistema electoral fue planteado para premiar opciones que, aunque no despertaran entusiasmo desenfrenado, tuvieran fácil imponerse a otras más radicales. Así, la votación se divide en dos vueltas en cada una de las 577 circunscripciones. Solo obtiene representación aquella candidatura que obtiene mayoría absoluta en primera vuelta. De lo contrario, se pasa a segunda donde se gana el escaño con mayoría simple. De esta forma, la opción que menos rechazo despierte en segunda vuelta puede beneficiarse de un voto "en-contra" de la candidatura rival. Por poner un ejemplo: si la NUPES y el macronismo pasan a segunda vuelta, serán republicanos y la derecha radical lepenista la que pueda determinar la balanza.

Por el momento la unión de izquierdas ha despertado un furor en la opinión pública, partidos y militancia que no se veía en tiempo. Por otro lado, el campo de batalla elegido (legislativas) es caracterizado por una histórica participación baja (48% en 2017) que no beneficiaría, a priori, las opciones de la izquierda. Recientemente una encuesta observaba el enorme entusiasmo de los jóvenes (18-25 años) por la NUPES, que obtendría el 50% entre ellos. Sin embargo, este grupo también se caracteriza por la enorme abstención (el 43% se quedó en casa en la primera vuelta de las presidenciales). Por tanto, la movilización del electorado progresista en particular, y la del electorado francés en general, determinará la correlación de la Asamblea Nacional los próximos cinco años.

También será relevante conocer hasta dónde llegarán los efectos de las incompatibilidades entre las distintas formaciones progresistas. No escapa a nadie las contradictorias trayectorias programáticas y los antagonismos generados entre los distintos partidos de izquierda en los últimos años. Desde la crítica a la Unión Europea de los Insumisos hasta algunas leyes que se han prometido derogar de los Socialistas (reforma laboral de Hollande), pasando por la jubilación a los 60 años y el inicio del tránsito hacia una VI República francesa.

En este sentido, conocíamos hace días que la simpatía de la alianza llegaba hasta el 84% sobre el total de simpatizantes de izquierda, pero con un reparto asimétrico. Si bien el 93% de los Insumisos veían con buenos ojos la NUPES, este porcentaje bajaba al 85% entre ecologistas y al 71% entre socialistas. Un hecho que se evidenció durante la votación final en el Consejo Nacional del Partido Socialista, donde más de un tercio votaron en contra de la unión.

A pesar de ello, que se haya llegado a una unión de toda la izquierda francesa en cuestión de semanas demuestra que las diferencias entre las distintas corrientes fueron siempre más arriba-abajo que abajo-arriba, esto es, más como consecuencia de una animadversión originaria entre élites que otra entre electorados. La competición entre los cuadros dirigentes, más preocupados por mantener sillones o esencias organizativas que por ganar elecciones, fue el que instaló incompatibilidades entre el electorado, no al revés. Haríamos bien, por tanto, en no perder de vista qué hará ese 30% de simpatizantes socialistas en las legislativas. Un porcentaje mayor al que obtuvo Hidalgo en las presidenciales puede bascular a favor de la NUPES, de Macron o de la abstención.

Como también determinará los movimientos de alianza del resto de partidos. Aunque se advierten en el horizonte como objetivos más difíciles de lograr, el macronismo y Los Republicanos podrían lograr una entente que asegure a los primeros fuerza y evite a los segundos la desaparición. Recordemos que en las últimas presidenciales Pécresse, candidata republicana, tuvo que suplicar donaciones para hacer frente a la deuda de campaña electoral. También Agrupación Nacional, partido de Le Pen, podría intentar una alianza puntual con el nuevo partido de Zemmour, Reconquista, para que la derecha radical francesa no llegue a la competición tripolar con la izquierda y el macronismo dividida en dos.

La cantidad de sondeos que tenemos hasta ahora, decíamos al principio, son positivos para la NUPES, pero la riqueza de la información siempre está en los detalles. Aunque tengamos datos precisos de apoyo electoral, el diseño electoral (las dos vueltas, las alianzas y las casi 600 circunscripciones) complican aterrizarlos. Jugar con hipotéticos es lo único a lo que podemos agarrarnos.

FranceInfo ha seguido esta última línea y, en función de resultados presidenciales y los niveles de participación de las legislativas del 2017, ha sacado una proyección interesante. En ella se comprueba la utilidad de la unión. Sin ella, con los partidos presentando sus candidaturas individuales, la izquierda se calificaría en menos de 300 circunscripciones. Con ella, por el contrario, el número asciende a casi 500. Aunque no se gane en todas ellas, la unión multiplica significativamente las oportunidades. Si la otra variable relevante, la participación, aumenta respecto al 2017 la coyuntura será más propicia todavía con hasta 550 circunscripciones donde la NUPES podría pasar a segunda vuelta. También sabemos que un cuarto de los votantes de Macron piensa, por primera vez, que las legislativas las puede ganar la unión de izquierdas.

Aun con estos datos, las elecciones serán realmente complicadas para la unión. La participación, el sistema electoral y los posibles efectos de las incompatibilidades (¿Habrá escisión del PS? ¿Habrá mandato de votar a otras candidaturas distintas a la unión?) marcarán los resultados de junio. Por el momento, la unión se beneficiará de la implantación territorial socialista, del atractivo de los Insumisos y del asunto que protagonizará el futuro político: el ecologismo.

No obstante, el dedo debe dejarnos mirar la luna. El resultado de las legislativas no debe evitar que apreciemos los movimientos soterrados que la alianza puede generar en Francia y en el resto de Europa. Un país que se abandonó con las proclamas de derechización tiene una mínima opción de hacer frente al macronismo y, si se cuida y defiende, de reemplazarlo en el poder dentro de cinco años. Mirada larga y atención corta.