Dominio público

Cuarenta mil euros de castigo por hacer periodismo ético

Virginia Pérez Alonso

Directora de 'Público'

Imagen de archivo de un quiosco con varios periódicos.- Reuters

Dirigir un periódico es un delicado juego de equilibrios. De tus decisiones depende no sólo la calidad informativa que reciben quienes te leen, sino los salarios de muchas personas y sus familias. Por tanto, se sobreentiende que cualquiera en ese cargo actuará con ética y responsabilidad máximas.

En ese delicado juego de equilibrios la obligación deontológica de separar de manera visible y notoria para el lector la publicidad de la información choca en más ocasiones de las deseables con la necesidad de generar ingresos.

Y choca porque desde hace años cada vez más empresas exigen a los medios publicar publicidad disfrazada de información, sin esa diferenciación notoria en la presentación gráfica y prescindiendo de la identificación visible de patrocinio o publicidad, a cambio de esos ingresos. Y cada vez son más los medios que acceden a hacerlo.

La responsabilidad con los lectores debería llevar a cualquier periodista decente a negarse a estas prácticas. Pero hoy me he topado de bruces con la realidad.

Tras responder a una empresa concreta que en Público estos contenidos no se publican como información sino como patrocinios y con una línea gráfica diferente, la empresa en cuestión me ha hecho llegar ejemplos de hasta cuatro medios (tres de ellos en el top 10 de audiencias) que ‘venden’ publicidad como información periodística. Es la manera de hacernos ver que somos los ‘raros’ y que si no accedemos a hacerlo como el resto, estamos renunciando a unos importantes ingresos por voluntad propia.

En dichos ejemplos he podido comprobar cómo esas ‘informaciones’ las firma el propio medio de comunicación con su marca o incluso con nombres y apellidos que imagino serán inventados.

Estas prácticas devalúan la profesión periodística al completo y nos ponen a quienes no las suscribimos (y a los trabajadores que dependen de nosotras) a los pies de los caballos.

Porque el argumento de los anunciantes es claro. Ellos pagarán a quienes les faciliten la fórmula que les sea más beneficiosa. En este caso, a quienes disfracen publicidad como periodismo. Es decir, a quienes engañen a sus lectores para que su producto parezca una prescripción periodística.

A los que no lo hacemos, simplemente nos dejan sin esos ingresos que necesitamos para pagar a nuestros trabajadores y para poder seguir adelante.

La selección ‘natural’ queda clara. Y también el mapa de audiencias de los medios. Porque a más ingresos, más recursos, más periodismo (no siempre mejor), más crecimiento, mejores cifras de audiencia y, de nuevo, más ingresos por publicidad. El círculo perfecto. Y perverso.

El desenlace para los pocos medios que no entramos en ese juego no hace falta que os lo explique.

En este caso, el "no" tiene un coste de 40.000 euros. Para ingresar el equivalente en suscripciones necesitaríamos 666 nuevos suscriptores anuales.

Si me estás leyendo es porque ya has elegido estar bien informado. Ahora te pido que no sólo nos leas, sino que también apoyes la decencia y el periodismo ético uniéndote a Público. En tu mano está que podamos seguir marcando la diferencia.