Dominio público

¿'Spain factory'? No, gracias

Ana Pardo de Vera

Juan Roig, presidente de Mercadona.- EFE
Juan Roig, presidente de Mercadona.- EFE

En la película documental American Factory (2019), un multimillonario chino invierte para reabrir una antigua fábrica de General Motors en la ciudad de Dayton (Ohio, EE.UU.) y convertirla en una compañía de Fuyao Glass, el mayor exportador de cristales para coches de todo el mundo. El multimillonario no llega solo, sino con trabajadores de China que ocupan parte de la plantilla; la otra parte se reserva a la población local. El choque -le llaman "cultural" muy discretamente en las reseñas- entre los trabajadores estadounidenses y los chinos no tarda en producirse: el patrón aborrece a los sindicatos y los derechos laborales, su objetivo es la productividad al menor coste (bajos salarios) y, por supuesto, tiene muchos aliados/as entre los trabajadores chinos -y alguno de Dayton-, que apoyan al jefe de forma entusiasta.

A poco que se conozca el sistema económico chino -indivisible del ídem político autoritario- y el estadounidense, una puede intuir lo que acabará ocurriendo en la fábrica de American Factory (2019) tras el entusiasmo inicial de los trabajadores oriundos, aunque, en mi opinión, el documental producido por los Obama para Netflix (Óscar 2020) deja traslucir un elogio desmesurado de la defensa de los derechos en EE.UU. frente a la nula de China, cuando todos y todas sabemos que la chinatización del empleo ha llegado también a Estados Unidos -y a Europa- de la mano de estadounidenses -y europeos- de renombre: trabajos de doce horas diarias, con sólo dos días libres al mes y sin la seguridad necesaria son los habituales en la fábrica de Dayton, pero ¿verdad que no hace falta irse a China para sufrir este tipo de empleos?

Es bien conocido que el dueño de Mercadona, Juan Roig, se ha declarado un admirador de la "cultura del esfuerzo" en China, particularmente, de sus "bazares". En sus supermercados, no obstante, los salarios son dignos y las denuncias de los trabajadores, escasas, aunque duras; algunas pudimos verlas en el especial que hizo Salvados en 2016 sobre el modelo Mercadona. Pocas más opiniones hay, aparte de algunos foros perdidos por Internet que permiten valorar el ser empleado/a en los supermercados de Roig y muchas buenas noticias en la prensa sobre los beneficios y las ventajas de trabajar en ellos. También un sinfín de polémicas declaraciones del dueño de Mercadona y su concepción del trabajo y el negocio.

Roig elogia el esfuerzo de los chinos en sus bazares pero no aplica sus métodos en los supermercados, sino que se ciñe a los derechos laborales de la legislación española, y aunque siempre fue partidario de la reforma laboral del PP ("Los que crean puestos de trabajo se llaman empresarios. Estoy totalmente a favor de la reforma laboral, y yo hubiera ido más lejos"), sus puestos de trabajo no computan como precarios.  El tema Xuplasangs, de Zoo, utiliza esta frase en boca de Roig, por cierto, para dar contexto a su canción, realista hasta las trancas; como la de los brasileños Legião Urbana, Índios ("Quem me dera, ao menos uma vez, provar que quem tem mais do que precisa ter quase sempre se convence que não tem o bastant").


El dueño de Mercadona se ciñe a las leyes, paga salarios razonables en comparación con la media española y además, es un hombre muy consciente de su poderío: tenemos que agradecerle nuestra existencia, a él y a tipos como él. Roig ha asegurado este martes que los empresarios son los que generan "riqueza y bienestar y si después, a los que les toca gestionarla lo saben hacer, hay riqueza para todos y si no, enfrentamiento". Se refería el empresario (perdón, El Empresario) a las palabras de la ministra Ione Belarra por llamarle "capitalista despiadado" en un mitin.

Más allá del desahogo de la también secretaria general de Podemos, lo cierto es que Mercadona está entre los grandes supermercados que se han forrado con la crisis provocada por la guerra de Ucrania y la inflación consecuente, llegando a incrementar en un 500% los precios para los consumidores en la venta final en comparación con lo que pagan a los productores. También está la empresa de Roig entre las siete denunciadas por FACUA por no rebajar el IVA de los alimentos señalados para esto.

Juan Roig es, sin duda, un empresario de éxito que defiende su negociado, como todos/as. Es posible que haya obtenido beneficios -estimaban unos 700 millones de euros- incumpliendo la normativa (no bajar el IVA) o fumándose legalmente la solidaridad con los consumidores en un puro (subiendo precios por encima de la cifra más alta de la inflación en España). Estos son datos contrastados; como lo es que el modelo chino no se puede aplicar en España gracias a una legislación ahora más garantista con los derechos de los trabajadores que la que le gusta a Roig, la del PP de Mariano Rajoy. Como lo es que el éxito y el negocio del empresario también depende de sus trabajadores, no solo de su inteligencia superior, por mucho que se lo crea. Y se lo digan.