Dominio público

No hay fines que justifiquen los medios

Jorge Moruno

Sociólogo

Jorge Moruno
Sociólogo

Quizás la conocida frase y falsamente asociada a Maquiavelo, "el fin justifica los medios" sea posiblemente lo contrario, lo más alejado de la lección materialista que nos ofrece el pensador florentino. No existe en Maquiavelo tal cosa como los fines y los medios, solo existe la posibilidad de conseguir algo en un momento dado dentro de una relación concreta.  El fin nunca es "un" fin como tal y los medios nunca son estáticos, o los mismos actos adquieren sentidos y significados distintos dependiendo del acontecimiento y las relaciones sociales que lo conforman. Creo que en política partir de la moral es la peor opción, pues eleva todo a un nivel trascendental y superior donde las verdades escapan de quienes las construyen, y se tiene a adoptar la postura y lectura del inquisidor-espectador. Cuando digo moral no me refiero a falta de ética, sino a percibir la realidad construida desde la altura, desde lo perfecto e inamovible, desde lo puro ausente de la suciedad terrenal y humana. Las normas no pueden estar por encima de las personas que las realizan pues no se trata del juicio de valor que nos otorga Dios.

La política es en la mayoría de las ocasiones, una política de coyuntura, del momento, no de grandes postulados impresos en la conciencia. Los mitos parten de las relaciones construidas y no al contrario, pues lo que tiene de cierto una verdad no le es innato a su nombramiento, sino que  proviene de su capacidad de hacerlo efectivo. La "verdad" no es cierta, se construye para que lo sea. Son dos planos distintos que hay que combinar, uno es hacer operativa la coyuntura y otro tiene que ver con los principios que te movilizan a hacerlo, y de ahí, construir relatos que den sentido a la política.

Los votos, la insurrección y el golpe, son las tres formas que existen para ejercer poder desde las instituciones, estatales, a día de hoy. La última no, pero las dos primeras pueden y deben combinarse con transformaciones abiertamente progresistas que impacten en desarrollo de la vida cotidiana, transformaciones llamadas  "moleculares" que se asienten en el ser y sentir (ethos) de la población. La primera, los votos, se podrá decir que tiene sus límites pues la violencia es la última ratio y el parlamento liberal cada vez deja menos margen de maniobra para decidir en su interior. Sabemos que para las élites y el propio funcionamiento del modo de acumulación capitalista, la democracia formal y la pluralidad pueden ser asumidas siempre y cuando no amenacen con hacerse realidad.

La segunda, la revolución, aunque en sus formas es más radical, se enfrentaría a los mismos límites, pues al día siguiente habría que trasladar toda la ilusión en asentar el cambio y vaciar de poder a las inercias naturalizadas del que mandaba, no sea que tengas que dejar entrar por la puerta a los burócratas que expulsaste anteriormente por la ventana. No se trata de una cuestión estética en las preferencias entre una y otra, sino que entran en juego variables que hacen pensar que la vía insurreccional tiene complicado recorrido en Estados asentados de la UE.  Si bien, la movilización popular es un ingrediente principal en cualquier proyecto político que busque cambiar la orientación de las políticas a favor de la mayoría social.

En última instancia, el esclavo no se hace a sí mismo como mero reflejo del amo, sino que debe desplegar su propio poder –potencia-  y éste depende de la fuerza con la que sea capaz de abrirse paso, mientras choca con los deseos y los imaginarios de otros grupos de individuos que pujan por lo contrario. De lo que se deduce que si tu fuerza no te permite abrirte paso, no importa lo que defiendas ni las buenas intenciones, tu programa impoluto, o la obsesión por la coherencia de un argumento, da igual la escala o el enfoque utilizado, no deja de ser un brindis al sol. La política empieza y solo empieza, al transitar ese abrirte paso como un equilibrista: entre lo que quieres, lo que puedes, lo que se te deja, lo que impones, lo que negocias, lo que cedes, lo que alcanzas, lo que fuerzas, lo que pierdes, lo que ganas, lo que no esperabas, lo que no controlas, lo que prevés y anticipas, lo que convences, lo que cooperas y lo que compites. El sentido común es la batalla histórica en la contienda por lo político, la política es la entrada en escena de otros actores hasta ese momento no reconocidos que disputan la definición de lo político, sabiendo estar dentro del sentido común pero haciéndole virar hacia otro lado. Hoy el sentido común se forja a través del intelecto general conectado a través de la sociabilidad atravesada por los medios, las redes, los impactos y estímulos semióticos, por la orientación que toma el deseo. Lo que cambia es la forma de enfrentar y plantearse la batalla, las armas y las posiciones de partida.