Opinion · Ecologismo de emergencia

Imaginen lo impensable hecho realidad: Granada sin tren

Sandra Álvarez y Héctor Gachs 

Foto de José Manuel García Olcina

Imagínense ustedes que viven en una ciudad en la que confluyen tres carreteras que la comunican con el resto de su región, de su país y del continente. Imagínense ustedes que la
autoridad competente en la construcción de carreteras promete una autopista moderna y  dotada de las últimas innovaciones técnicas. Imagínense la ilusión creada entre la ciudadanía de su ciudad. Imagínense que esa autoridad competente levanta el asfalto de la carretera que va a ser sustituida, aunque el trazado no coincida con la que está en construcción, y cierra otra de ellas porque sí. Imagínense que a los viajeros y mercancías que llegan a su
ciudad por la tercera carretera aún abierta deben transbordar a otro medio de transporte. Imagínense que esa misma autoridad decide que el tráfico por la supermoderna carretera,
recordemos que aún sigue en construcción, va a restringirse a vehículos de pasajeros de alta gama y estará vetado a camiones de transporte de mercancías. ¿No dejaríamos que
ocurriera verdad? ¡Sería impensable! Pero ustedes ya saben que todo es posible en Granada…

¿Qué pensarían ustedes de la autoridad competente que cometiese tales actos de presunta imprevisión? No es difícil que nos pusiésemos de acuerdo en que se está cometiendo, cuando menos, una grave irresponsabilidad, empleando el dinero público de forma no solo ineficaz sino ineficiente, limitando las posibilidades de desarrollo sostenible de un amplio
territorio: nuestra ciudad que, por cierto, ya no es solo patrimonio de las granadinas y granadinos porque es mundial, su área metropolitana y nuestra provincia.

Pues no es necesario que se imaginen esa situación hipotética. Esta es la realidad en la que vive no solo la ciudad de Granada sino toda la provincia, aislada por vía férrea con el norte y oeste de la península. En similar o peor situación se encuentran las provincias de Jaén, Almería y Murcia. Curiosamente el sudeste andaluz ignorado,una vez más, por el gobierno autonómico y el central en materia de movilidad racional. Recordemos que en las decisiones
sobre la alta velocidad siempre ha pesado más la propaganda política que la auténtica preocupación por las comunicaciones ferroviarias. Y así nos va, con Granada aislada debido
al compromiso institucional por la alta velocidad en el que los partidos políticos que se turnan en el gobierno se mueven sin diferencia.

Sin embargo, no puede decirse que es una disfunción del sistema, sino que nos encontramos ante el modelo de transporte de personas y de mercancías que se ha aplicado en
Españadesde finales de la década de los años 1980, es decir, con gobiernos de PSOE y PP. El tren fue hasta mediados de la década de los años 1970 el principal modo de transporte para
personas y mercancías. De forma acelerada a partir de nuestra entrada en la Comunidad Económica Europea, las carreteras y autopistas centraron el esfuerzo inversor del estado y de las comunidades autónomas con el apoyo del FEDER. Con una ingente aportación de fondos públicos se ha apostado por un proceso de transferencia de actividad desde el tren al vehículo privado, el autobús y el camión, modos de transporte mucho más contaminantes y costosos.

En paralelo y coordinadamente con esta apuesta por el transporte por carretera, en el ámbito ferroviario a partir de la inauguración del AVE Madrid – Sevilla en 1992 la inversión
se centra en la alta velocidad para transporte exclusivo de viajeros en lugar de por la mejora y modernización del sistema en su conjunto, incluyendo el tráfico de mercancías. Se ha recortado la renovación de infraestructuras, la reposición del material móvil, se han
abandonado líneas completas, levantando incluso vías y traviesas para hacer irreversible o
altamente costosa la reapertura como pueden certificar en el norte de nuestra provincia donde se cerró la conexióncon el Levante a través de Baza el 1 de enero de 1985 (línea
pendiente aún de que se incremente la dotación presupuestaria a 1,6 millones destinada a un estudio informativo para su futura reapertura), a lo que hay que sumar de forma generalizada el recorte de servicios en las líneas en usoy la falta de contratación de
maquinistas.

La ciudadanía de Granada hemos sufrido y continuamos sufriendo la dejadez gubernamental con el tren. Es duro aceptar la desconexión cuando se disponía de conexión por Moreda y
por Linares con el norte del país. Es duro de aceptar cuando podría haberse respetado el tráfico de las líneas hacia el oeste permitiendo el paso por Loja durante las obras del AVE y no tener que tomar un autobús para llegar hasta Antequera. Es duro aceptar que los
productos de nuestra vega, de la Costa Tropical, de la Alpujarra… van a tener que seguir saliendo a sus mercados de destino en camiones.

Ya lo decían nuestras abuelas, ya está todo inventado y el tren lleva mucho más de un siglo transportando personas y mercancías, juntos o por separado. Segregar artificialmente
ambos tipos de movilidad, dando la exclusiva en el transporte de viajeros a la alta velocidad y dejando al camión como medio básico de transporte de mercancías es irracional. Una vez
construida la infraestructura ferroviaria, empléese adecuadamente la inversión, permitiendo el tránsito de trenes de alta velocidad, velocidad alta, convencionales y de mercancías.
Desde EQUO defendemosel tren como eje de un modelo de movilidad para personas y mercancías más respetuoso con el medio ambiente y con las necesidades de una sociedad diversa como es la granadina. Por ello la oferta no ha de limitarse a trenes de pasajeros en alta velocidad, hay que ampliar las potencialidades de los modos ferroviarios y planificar con
criterios de sostenibilidad económica, social y medioambiental. Se hace ya más que urgente la finalización de esta vía muerta en que han convertido a la
provincia, por eso exigimos para empezar, un gesto para el que solo es necesaria voluntad política: la reconexión por la línea de Moreda-Linares-Baeza a Madrid y Barcelona. Y de aquí a todo lo demás para restablecer el sentido común en los servicios ferroviarios.

Necesitamos trenes, muchos más trenes.