Ecologismo de emergencia

Fondos para adaptarse al cambio climático, una cuestión de justicia con el sur global

Esta semana tuvo lugar la Cumbre de Adaptación Climática, en forma virtual y, como viene siendo habitual en este escenario digital, con escasos compromisos de enjundia a nivel internacional. Iniciativa del Gobierno holandés,  ha sido un encuentro-sin encuentro de líderes mundiales, entre lo que hay que destacar que ha vuelto al ‘redil’ climático el representante de Estados Unidos, John Kerry, y que ponía el foco en algo más que evidente: el cambio climático está aquí y va a más, pero ¿nos estamos adaptando frente a lo que se avecina? Y sobre todo ¿se están adaptando quienes más directamente sufrirán –mejor dicho, ya sufren- las consecuencias?

Durante dos intensas jornadas, hemos podido ver vídeos enviados por grandes líderes mundiales de todos los continentes: Angela Merkel, Emmanuel Macron, Boris Johnson, John Kerry, Han Zheng, Justin Trudeau… También a muchos jóvenes reclamando la acción y la exposición de iniciativas públicas y privadas muy loables pero que, claramente, parecen insuficientes. Si algo han dejado claro todos ellos y ellas, es que es urgente adaptarse al cambio climático porque es un fenómeno ya inevitable y paliar sus impactos es cuestión de "supervivencia". Sólo en 50 años, los mismos que se lleva alertando de lo que puede suponer para la vida en el planeta, se han registrado ya 11.000 desastres climáticos, que ya han costado 3,6 billones de dólares en tareas de reconstrucción de los daños causados, según la ONU.

Con este panorama, y una vez reconocida la urgencia, la cuestión está en qué se está haciendo para adaptarse al escenario que viene, especialmente en países en desarrollo donde ni siquiera tienen unos sistemas de alerta que funcionen, como recordaba el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres. Y todo indica que no se está haciendo muy poco y muy lentamente.  Estamos muy lejos de recaudar los 100.000 millones de dólares anuales (casi los mismos si hablamos en euros) que ya hace años que se fijaron como meta imprescindible para esta adaptación a un nuevo clima planetario, y ya sabemos que esa cifra  a ir aumentando, sin que sean visibles más que algunos ‘parches’ muy localizados y que afectan a un puñado de miles o cientos de miles de personas. Hoy, la inmensa mayoría de las poblaciones en regiones en riesgo se enfrenta a huracanes, sequías, inundaciones y cambios en los ciclos de lluvias con los mismos recursos que antes. Es más, ni siquiera saben a lo que se enfrentan hasta que lo tienen encima.

En los dos días de la cumbre, los gobiernos han tratado de destacar lo mucho que están haciendo en sus planes nacionales para recortar emisiones y para proteger sus ciudades y sus campos. Llamativos son los proyectos de Holanda, que ya diseña edificios de oficinas flotantes con inversiones espectaculares, y también algunos compromisos de financiación hacia el sur global, como los 100 millones de euros que comprometió en su despedida Angela Merkel, o la Alianza lanzada por Boris Jonhson para impulsar una agenda internacional de acciones de cara a la próxima cumbre del clima, la COP26 en Glasgow.  Qué lejos están las cantidades que se manejan del camino de la justicia climática, es decir, de que quien contamina paga para que aumente la resistencia, o resiliencia como se llama ahora, de quien más sufre los daños. Así lo han recordado muchos líderes africanos, asiáticos y de Latinoamérica en esta cumbre, que no alcanzan a conseguir la ansiada financiación climática porque hay mil trabas burocráticas. De hecho, el Fondo Verde del Clima sólo ha recaudado 7.000 millones de dólares y el 50%, según explicó su director ejecutivo, van a adaptación. El resto para mitigación, es decir, evitar emisiones.

Guterres, por su parte, ponía el dedo en la llaga al recordar que el gasto actual de los desastres supera con creces lo que podría ayudar a limitar los daños, que según Oxfam apenas llegan al 60% de los 100.000 millones que deberían recaudarse al año en esta década, y encima la mayoría son créditos a devolver, en lugar de recursos a fondo perdido. En definitiva, que aumenta aún más la deuda externa de quien ya está hipotecado, como denuncia también Alianza por la Solidaridad-Action Aid.

Tampoco da alas al optimismo el exhaustivo informe de la organización africana CDKN, donde se recogen muchas iniciativas de adaptación en el continente más amenazado y con más dificultades para enfrentarse al cambio climático, donde apenas un 10% de esas finanzas ‘verdes’ están llegando a poblaciones locales. Con organizaciones como Alianza he visto en el terreno proyectos agrícolas que apuestan por energías renovables para extracción del agua cada vez más profunda, técnicas de cultivo más resistentes al albur impredecible de lluvias que no llegan o lo hacen a destiempo, construcción de puentes-diques para contar con reservas con las que regar… Pero no basta.

En la cumbre se ha hecho mucho hincapié en la necesidad de contar con sistemas de alerta temprana de posibles catástrofes climáticas. De hecho, sólo el 40% de los miembros de la Organización Mundial de Meteorología lo tienen, pero es que además se ha reconocido la incapacidad global para traducir estas alertas tempranas, cuando las hay, en acciones tempranas. ¿Qué hace una familia haitiana, guatemalteca o mozambiqueña cuando le avisan con un par de días, quizás tres, de antelación que un huracán amenaza su casa y sus tierras? ¿Dónde va, abandonando tierras y animales? El primer paso es recibir la alerta y según la Comisión Global de Adaptación, sólo una advertencia de 24 horas de anticipación de una tormenta o una ola de calor puede reducir los daños resultantes en un 30%. Afirman que un gasto de 800 millones de dólares en dichos sistemas de alerta en los países en desarrollo podría evitar pérdidas de entre 3.000 y 16.000 millones al año, pero siempre que haya acciones en las comunidades que permitan prepararse.

Me llamó la atención el proyecto DARAJA, que significa puente en suajili. Ha  permitido contactar comunidades en Tanzania y Kenia, DARAJA con quienes tienen la información meteorológica, gracias a financiación de la Commonwealth y el Reino Unido. También en el Caribe, ocho países están mejorando la coordinación de las alerta frente a la común amenaza de los huracanes. Pero la realidad es que ante una amenaza, pocos quieren abandonar lo único que tienen. Lo vemos aquí durante un incendio y en Honduras durante una inundación… Si algo ha mostrado esta primera cumbre sobre la adaptación es que falta aún mucho camino por avanzar, aunque se estén dando unos primeros pasos.