Ecologismo de emergencia

'Inadaptados' climáticos: nuestras víctimas olvidadas

Rosa M. Tristán

Es una familia en la zona afectada por la sequía de Kenia. @ Alianza por la Solidaridad/ Action Aid

Cientos de científicos de todo el mundo -270 de 67 países, en concreto – hacían público hace unos días un informe cargado de datos de los que debieran ponernos los pelos de punta. Era la segunda parte de un documento, que recoge las conclusiones de más de 4.000 ‘papers’, es decir, artículos científicos. Con un mundo inmerso en el horror de una nueva guerra, la de Putin contra Ucrania, no hubo casi espacio para grandes portadas sobre la que se nos viene encima, ni para entrevistas ni debates televisivos. En realidad, el esperado informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), anunciado y esperado desde hace meses,  pasó como un cometa que cruza el cielo y apenas brilla unos segundos.

Los participantes en la rueda de prensa –on line- fueron sin embargo muy explícitos. "Cualquier retraso en la toma de acciones es hoy muerte", decía Antonio Guterres, secretario general de la ONU, sobre la emergencia climática. "Es criminal no hacer nada más con urgencia para evitar llegar a los 1,5º C más de media", añadía. Esas duras advertencias no fueron muy distintas a las que por la tarde hacía ante su Asamblea General para hablar de la invasión rusa, pero, desde luego, el eco no fue igual pese a que habló de muchos millones de afectados por las olas de calor, las sequías, las inundaciones... De decenas de miles de muertes.

El IPCC dedica su informa a esos millones de personas "han quedado expuestas a una situación de inseguridad alimentaria e hídrica aguda, especialmente en África, Asia, América Central y del Sur, así como en islas pequeñas y el en Ártico" y la causa no tiene dudas: seguimos contaminando como si no hubiéramos firmado hace ya siete años un Acuerdo de Paris que, por otra parte, se ha quedado tan obsoleto que ya no bastará para contener un calentamiento en aumento.  Calcula  que el 50% de la población mundial vive en zonas vulnerables a desastres climáticos donde mueren, se quedan sin casas y sin infraestructuras básicas, se destruyen sus cultivos... Son los ‘inadaptados’ a un cambio climático que ha llegado de sopetón a sus vidas ¿Y qué se hace para evitarlo? ¿Cómo se les está apoyando? Ya no son los activistas, que también, sino la ciencia la que denuncia que no se están haciendo bien las cosas, que se centrael esfuerzo en mitigar el cambio climático reduciendo emisiones –lo que, por otra parte, tampoco se consigue-  cuando ya hay 15 veces más víctimas mortales por sequías o inundaciones en el sur global que en el norte contaminante a las que hemos dejado solas.

Sin ir más lejos, Alianza por la Solidaridad-Action Aid recordaba al hilo de estas conclusiones los 13 millones de personas que en el Cuerno de África ahora, estos mismos días, están a punto de caer en una brutal hambruna. Los llamamientos de envíos de ayuda para esta crisis humanitaria, realizados por el PMA y otras entidades, de momento no han dado resultado. No está en el foco.

Los llamados ‘fondos verdes’ creados para apoyar a los países menos desarrollados y más vulnerables en esta emergencia climática, no sólo son escasos sino que, como destaca el IPCC, no funcionan como era de esperar. En realidad, es algo que ya denunciaban quienes trabajan en el terreno en países como Malí, Senegal o Etiopía. Por ello llevan tiempo reclamando la creación de un fondo para pagar los daños y las pérdidas generados allá donde más impactos hay, en lugares donde no hay opción de recurrir a seguros privados ni a ayudas públicas en caso de catástrofe. ¿Cómo es posible de que el único mecanismo internacional para recaudar dinero para estos  ‘damnificados’, el Fondo Verde del Clima, dedique únicamente el 37% a África? ¿Cómo puede ser que se gaste más dinero en sus recortes de emisiones que en ayudarles a prevenir los daños?

Teresa Anderson, de Action Aid, denuncia que, entre bastidores, "EEUU intentó eliminar todas las referencias a las pérdidas y daños del texto del IPCC". Querían cambiarlo por ‘impactos’. "Eso muestra que la Administración Biden no solo cierra los ojos ante la crisis climática, sino que está tratando de vendarlos al resto del mundo. Parece llevar una insignia de liderazgo climático, mientras hacen todo lo posible para impedir que los más necesitados obtengan ayuda".

Al final, se quedaron y los científicos las relacionan con esa historia de colonización y marginación que han sufrido esos mismos territorios impactados hoy por nuestra contaminación desbocada. Añadiría que han sufrido y sufren, porque el expolio de los recursos naturales sigue vigente: se esquilma el agua de sus acuíferos para monocultivos de exportación, se hacen presas que secan ríos para obtener energía, se cambian cauces para regar la agroindustria, se talan bosques para piensos que alimentan nuestras vacas...

La ciencia insiste en que es necesario recortar emisiones – y vemos que las renovables en nuestro mundo crecen cada día, incluso a costa de la biodiversidad porque son buen negocio para grandes empresas- pero también que nos estamos olvidando de la urgencia de ayudar a estos  ‘inadaptados’ a una realidad climática que no era la suya hasta antes de ayer. Pero es que, además, el IPCC denuncia que ese escaso dinero disponible (el 7% del total) se está invirtiendo en acciones que causan más daños que beneficios. Y menciona unas cuantas: la construcción de muros para evitar inundaciones, como en Nueva Orleans; la eliminación de los fuegos salvajes naturales; plantaciones de árboles donde no los hubo para que las empresas consigan ‘bonos de carbono’ y seguir contaminando...  Soluciones, afirman, que no sirven y que incluso generan más contaminación, mientras se olvidan las basadas en la naturaleza.

El IPCC no da cifras del coste real actual de los desastres climáticos, si bien algunas estimaciones de Action Aid hablan de entre 290.000 y 580.000 millones de dólares para 2030. De hecho, un informe de la compañía de seguros Munich Re, afirma que en 2020 ya fueron 210.000 millones, más del doble que el año anterior. Pero eso serían solo los daños económicos, que luego están los costes no económicos en bienestar humano, falta de cohesión social.....

Así se destacaba esta semana en la presentación internacional de la Plataforma de los Pueblos por la Justicia Climática, un espacio que reúne a científicos, activistas, académicos y expertos de todo el mundo y que busca visibilizar historias de resistencia y resiliencia de las comunidades de todo el planeta en esta crisis climática. Especialmente emotivo fue el llamamiento de la abogada ambientalista Svitlana Romanco, desde Ucrania. "Los combustibles fósiles son los que están alimentando  la maquinaria de guerra de Putin. La adicción al petróleo y al gas del mundo, le favorece, hay que ponerle fin", nos recordó.