Opinion · A contracorriente

Los huérfanos de la Globalización neoliberal

Emir Sader

El camino era inevitable, incontrolable y superaba todo lo que la historia había vivido hasta entonces. El libre comercio, la apertura de los mercados nacionales, el fin de los Estados nacionales, la libre circulación de los capitales y la deslocalización de las inversiones en la globalización neoliberal desembocaba inexorablemente en el movimiento histórico de universalización de las relaciones capitalistas, iniciado hace varios siglos.

Vivíamos ese momento privilegiado de mercantilización del mundo, frente al cual desaparecian las alternativas, todas restringidas, nacionales, anti-mercantiles, también se perdían las regulaciones que obstaculizaban a la libre expansión del capital. Los países de América Latina habían actuado en oposición de esa tendencia global irreversible, hasta que en Argentina y en Brasil se reencontraron con el camino de la globalización neoliberal y el futuro volvió a abrirse para esos países.

La elección de Hillary Clinton venía a coronar ese futuro que se había vuelto a abrir, con un neoliberalismo renovado, que tenía a Macri y a Temer como protagonistas. Todo estaba listo para que la historia de América Latina retomara el camino equivocadamente abandonado por la via del populismo. En ese momento Hillary Clinton estaría desfilando por las pasarelas políticas de la región usando su look neoliberal retirado del closet y  sería recibida en fiestas por los gobiernos de Macri y de Temer. Chile había declarado que el TPP era el acuerdo del siglo. Mientras tanto México se había jugado todo su destino en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

De repente, la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea anunciaba que algo estaba fuera del orden mundial previsto.

Tras esto, Donald Trump ganó y tras ello anuló la participación de EEUU en el TPP, así como desistió del Tratado de Libre Comercio con Europa y cuestionó el Tratado con México y Canadá.

La brújula de los neo liberales se atasca. El futuro ya no es no lo que se planteaba. Quiénes se habían encontrado con ese futuro, lo niegan y vuelven al proteccionismo del que decían que estaba superado definitivamente. Además están saliendo de los acuerdos de libre comercio que anunciaban como un destino obligado. Retornan a la defensa de los empleos dentro del país, cuando explotaban mano de obra barata de fuera como el camino para mejorar la concurrencia.

Total, el futuro ya no es lo que fue. Está abierto de nuevo. Lo que se decía que se había superado, vuelve con fuerza. Lo que se prometió como el destino inexorable, dejó de serlo.

Los que han atado su destino a la globalización neoliberal, se han quedado huérfanos. José Serra había prometido llevar Brasil al TPP, un TPP que ya no existe.

Argentina y Brasil trataron de debilitar los espacios de integración regional, en función del retorno a la subordinación a los EEUU. Ahora, al igual que a México, se les cierran las puertas. (A Argentina ya le costó el amargo cierre de la exportación de limones. A México le costó todo: inversiones, empleos, remesas desde EEUU.)

No hay un destino obligatorio para la humanidad. El futuro está abierto y será decidido por las vías que los pueblos decidan, democráticamente. ¿Por qué no deciden Argentina, Brasil y México, ya que cuentan con gobiernos soberanos, encauzar sus políticas externas y ampliar y reforzar los procesos de integración latino-americana que están estrechamente articulados a los Brics?

¿Por que no?