Opinión · A contracorriente

El pensamiento social latinoamericano, en crisis

Hace seis años tenía lugar la Asamblea General del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales  (Clacso), en México, en la que concluían mis dos mandatos como Secretario Ejecutivo. Hubo conferencias, entre otras, de Eduardo Galeano y de Don Pablo González Casanova. Clacso salía más reforzada que nunca por la expansión de la red de centros, por la proyección de la presencia intelectual y política de la institución, por la unidad de todos los centros de Clacso.

El clima era de unidad total. Después de haber sido elegido en la primera votación en Clacso, en 2006, en Río de Janeiro, como candidato frente a Margarita López Maia, candidata del entonces Secretario Ejecutivo Atilio Boron, yo llegaba al final del mandato con consenso amplio, sin otras candidaturas a la sucesión más que la que yo mismo había definido, después de amplias consultas.

Mi mandato en Clacso

Mi propuesta para Clacso pasaba por crear procesos de democratización, de descentralización y de transparencia. Fue la puesta en práctica de esas orientaciones. Yo retomé el cargo de secretario ejecutivo adjunto para construir una dirección colectiva y despersonalizar el cargo de SE. La democratización significó  también compartir las orientaciones generales con el Comité Directivo, que discutía en cada reunión uno de los grandes programa de Clacso. Al mismo tiempo, como parte indispensable de la transparencia, en cada reunión, un miembro del CD presentaba un informe sobre las finanzas, incluido el seguimiento de la renovación de los contratos de apoyo financiero. Se limitaron a 20% los gastos con la SE, para dejar más recursos para los programas. Se discutía también la aplicación de los recursos conforme las prioridades discutidas colectivamente. Fueron descentralizados programas hacia distintas regiones, a la vez que se implementó la celebración de reuniones con todos los centros de cada país visitado. El CD acompañaba también la renovación de los financiamientos de Clacso, especialmente la de los suecos, que fue renovada dos veces, recursos esenciales para la institución. Realicé visitas regulares a la Agencia Sueca de Cooperación para garantizar la renovación de la financiación.

Clacso seguía financiando la participación de todos los centros en la Asamblea General, posición indispensable para la amplia participación de todos los centros. También financiaba a todos los Grupos de Trabajo. De esa forma, se podía promover una mayor participación de los centros de los países de menor desarrollo relativo. Todos los cursos virtuales eran gratuitos.

Se creó la Colección de Clásicos del Pensamiento Crítico, que llegó a publicar antologías de varios de sus autores, con presentaciones generales de sus obras. También los Cuadernos del Pensamiento Crítico, publicados mensualmente en La Jornada, Pagina 12 y en Le Monde Diplomatique de varios países para difundir las actividades y textos de análisis de los intelectuales latinoamericanos. Se creó la revista Crítica y Emancipación, que recogía siempre una gran entrevista con un importante pensador latinoamericano, dossieres sobre temas especiales, reseñas de libros, recuperaciones de de publicaciones históricas de América Latina. La Latinoamericana – Enciclopedia Contemporánea de América Latina y el Caribe, coordinada por mí, fue patrocinada por Clacso, publicada como fascículos semanales en Pagina 12. Entre tantas otras iniciativas que proyectaron el pensamiento crítico hacia distintas esferas de la opinión pública.

Defendí la presencia constante del pensamiento crítico en los medios publicando artículos de opinión semanales sobre los grandes temas de debate en algunos de los más importantes periódicos de América Latina, Europa e Estados Unidos. El prestigio de Clacso en aquel momento permitió que yo fuera recibido por 15 presidentes latinoamericanos en el cargo, ademas de expresidentes. Fui el único SE de Clacso que habló en una Asamblea General de  la Unesco. Asumí la presidencia del Comité Científico de Most, programa de la Unesco. Se establecieron relaciones con China y con Palestina. Se retomó el apoyo a Haití, que incluyó la creación de un curso de posgrado.

Fue un período de auge de Clacso, reconocido por el amplio consenso con el que terminaron mis mandatos, sin que aparecieran candidaturas alternativas. Pude escoger entre varios nombres para mi sucesión y elegí entre tres alternativas prioritarias de otras regiones del Cono Sur, pero no fue posible encontrar a alguien cualificado y de amplio consenso. Decidí entonces que mi sucesor fuera el subsecretario ejecutivo, que había sido mi número dos durante casi 20 anos. Su modo de trabajo era conflictivo y me había causado varios problemas. había considerado sustituirlo en más de una ocasión. El tampoco tenía un perfil intelectual y político elevado, como requiere Clacso, pero creí que podría mejorar. Él era el hombre adecuado asumiendo el compromiso continuar con las orientaciones de mi mandato y de permanecer en el cargo sólo un mandato. No cumplir con este compromiso fue la razón fundamental del fracaso de su mandato en Clacso.

El fracaso de un mandato

Desde el principio se pudo ver la ruptura del nuevo mandato con la senda anterior, que había tenido tanto éxito y apoyo. Nada más arrancar, se eliminó el cargo de secretario ejecutivo adjunto y se concentró todo el poder en manos del SE. Se expulsó a personas fundamentales para el funcionamiento de Clacso, ya que al parecer, el nuevo SE consideraba que le harían sombra. La SE debilitó  las tareas que, como se le había advertido, harían inviable la renovación de la financiación sueca. Una previsión que se confirmó poco después, cuando los fondos que había mantenido al Clacso durante 25 años se perdieron, una vez más, por incompetencia del nuevo SE. Algo que dio lugar a la peor crisis de la historia de Clacso .

Yo dejé Clacso con financiación para los siguientes cuatro años tras mi mandato pero, por primera vez, el SE dejó Clacso a su sucesor sin nada de financiación sueca, totalmente fallida.

Antes de todo esto se llevó a cabo una desastrosa operación con el carácter público de la organización: se pasó a privilegiar a grandes y mediáticos invitado a expensas de las actividades de Clacso. La participación de los centros en las Asambleas Generales dejó de estar patrocinada por Clacso y los centros tuvieron que financiarlas. En la última Asamblea General sólo asistieron 120 centros de los más de 600 que había en la lista. Una red mucho más pequeña que al comienzo de este mandato. 300 centros se quedaron son participar en la Asamblea General mientras que el dinero se gastó en invitar a 300 personas, muchas de las cuales sólo fueron presentadas pero no llegaron a intervenir. Se buscaba un éxito mediático a costa de las actividades de los centros.

Los grupos de trabajo, el alma de Clacso, que eran financiados completamente, tuvieron que autofinanciarse, cuando antes se priorizaba a los centros de los países relativamente menos desarrollados. A partir de este momento, el que tenía fondos podía financiarse, el resto quedaban paralizados. También ha pasado a ser de pago todos los cursos virtuales, incluso si el centro está integrado en Clacso.

Así, el carácter público y gratuito de Clacso ha sido sustituido por procesos de mercantilización en el que todo tiene un precio. Y peor aún, se ha cambiado la naturaleza misma de Clacso sin siquiera un debate amplio sobre esta nueva orientación del proyecto. Al  contrario, se ha puesto en entre dicho el debate público. Yo mismo propuse un debate al entonces SE, y lo aceptó inicialmente, pero en cuanto leyó mi texto pasó a rehuir el debate conmigo durante seis años. Sabía que no tenía argumentos, que la comparación con mi mandato era desastrosa. Entonces pasó a censurarme y yo, ex secretario general de Clacso, el que le había elegido para sucederme en el cargo, he sido excluido incluso del último gran evento con el que se cerró su mandato, el mismo al que fueron invitadas 300 personas ajenas a Clacso. No podía justificar esa censura, por eso se negó a participar en un debate conmigo.

Pero es aún peor que el secretario general no tuviera ninguna intervención pública en grandes debates durante todos esos años. Como mucho ha publicado uno o dos artículos al año, todos con escasa relevancia. Así se disminuyó el perfil intelectual y político de Clacso, cayendo a los niveles más bajos. Siguió actuando como si aún fuese secretario ejecutivo adjunto, pero ahora sin un SE que lo dirigiera. Un mandato intelectualmente burocrático, mediocre, de alguien que se hace más pequeño cuando empieza su mandato. Cuatro candidatos se presentaron para relevarlo, mostrando la falta de consenso y de apoyo, a diferencia de la ausencia de candidatos alternativo al término de mi mandato.

También es preocupante el giro en la línea política de Clacso. El SE que termina ahora su mandato no ha mantenido el apoyo al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. La AG no ha aprobado homenajes a Evo Morales y a Alvaro Garcia Linera, mientras que se ha retirado la moción de apoyo a Rafael Correa.

Clacso ha quedado más debilitado que nunca, con una red de centros reducida, con grupos de trabajo sin recursos, con cursos de pago. Sin resolver con urgencia la cuestión de la financiación. Así, difícilmente va a superar la crisis en la que está sumido. Es una herencia demasiado pesado    financiamientos, difícilmente Clacso va a superar su crisis actual. Es una herencia muy pesada. Por ello entre los criterios para ser candidato a SE de Clacso figuran la experiencia en dirección de organizaciones complejas y capacidad de recaudación de fondos, sin lo cual superar la crisis actual se vuelve todavía mas difícil.

Clacso es más grande que cualquiera persona. No puede tener al frente más tiempo a alguien que lo dirija con su ideología personal, de forma autoritaria, rehuyendo los debates públicos, tratando mal a las personas, sin dominar idiomas fundamentales para las relaciones internacionales y sin buscar financiación internacional, sin participar en debates, si escribir regularmente en los medios de comunicación, sin ser un intelectual de prestigio, sin compartir con el Comité Directivo las grandes orientaciones y sin canalizar los recursos económicos para los programas de Clacso en lugar de grandes eventos mediáticos.

Todos los asuntos de Clacso deben ser discutidos públicamente, sin censurar a nadie, ya que Clacso es una entidad pública y tiene que ser un ejemplo de democracia y de transparencia. Pero, antes de todo, debe hacer públicas sus finanzas para que se sepa en qué se han gastado los recursos económicos. Clacso tiene que adueñarse del patrimonio que le pertenece y ha pasado a manos privadas.

La razón de este texto es que  Clacso es una institución publica y los temas que le atañen no pueden ser restringidos a esferas cerradas, delimitando quién puede o no puede participar.  Los que dirigen Clacso tienen que ser los que garanticen la información pública y los debates. Como institución del pensamiento crítico,la intelectualidad latinoamericana tiene que reapropiarse de la historia de Clacso. Todos los que dirigen o han dirigido Clacso tienen la obligación y la responsabilidad de participar y garantizar la creación de un espacio público de debate. Y todos los que se interesan por el pensamiento crítico deben participar para enriquecer ese debate, del que éste es sólo un primer texto de ponencia.