No mires al lado (o de Casado, Mortadelo y un menú gourmet con espuma de mierda)

La realidad imita al arte. Los medios se parecen cada vez más al San Francisco Chronicle de Ciudadano Kane, los directores de periódico, especialmente cuando también son tertulianos, al Walter Matthaw de Primera Plana, el CNI a la TIA y Pablo Casado, es evidente, se parece cada vez más a Mortadelo, disfrazándose de lo que haga falta con tal de que ganar para su causa a colectivos a los que previamente debe engañar.

Ni una portada para un juez poniendo fianza al PP nacional por haberse lucrado también en la Gürtel de Boadilla, ninguna portada por el archivo de la caja de solidaridad de Podemos o por la declaración de la fiscalía de que Neurona hizo el trabajo por el que le pagaron, ninguna portada con Juan Muñoz y sus relaciones ilegales con Villarejo, intermediadas por la mujer de Muñoz, Ana Rosa Quintana, buena amiga de Villarejo y de Inda… Pero con las falsas declaraciones de Garzón falta solo una serie de Netflix pagada, por supuesto, por cárnicas El Pozo, que podrá emitir también la web de los negreros, maltratadores de animales y contaminadores que odian a Évole, a Gandhi y al valiente cerdito Babe pero, eso sí, van a misa de ocho y los desayunos de los peperos.

Aprovechando el bulo que ellos mismos, sus "granjas" de bots y sus "macrogranjas mediáticas" han levantado con las venenosas macrogranjas industriales, convirtiendo las palabras de sentido común –aunque ingenuas- de Alberto Garzón en un ataque, falso, a todos los ganaderos españoles, Pablo Casado se fue a su "pueblo de adopción", Las Navas del Marqués (vamos, donde le pusieron de paracaidista en las elecciones) a decir, textualmente, gilipolleces.

Gilipolleces –así, con todas las palabras, que el castellano es muy exacto- como por ejemplo que las macrogranjas no contaminan, cuando sabe todo el mundo en el campo que son responsables de más del 40% de la emisión de nitratos que está acabando con el agua potable en muchos lugares de la España vaciada.

Pero resulta que en esa comparecencia de Casado rodeado de plácidas vacas recostadas o retrecheras, siempre cuidando la distancia social y bien mullidas entre césped y árboles (me imagino al jefe de prensa de Casado colocando a las vacas y amenazándolas), había al menos tres periodistas que le preguntaron inconvenientemente a Casado:

-Periodista: Me gustaría saber su opinión sobre las macrogranjas, porque usted hoy no nos ha traído a una macrogranja...

-Pablo Casado: (balbuceos; ruidos guturales suyos –no de las vacas-). Ehhhh... He venido a mi pueblo de adopción y no hemos (ininteligible) a una macrogranja porque aquí no hay macrogranjas (…) Que sí, que también quería que disfrutaran de este entorno (y señala al aire, como señalaba Aznar a las montañas en su paseo con Bush y decía "Mountain"). Y además, a mí tampoco me parece que contaminen.

-Periodista (otro): Varios ayuntamientos en España gobernados por el Partido Popular sí que han prohibido las macrogranjas, por ejemplo Daimiel.

-Pablo Casado (mirando al suelo con los ojos perdidos como Groucho Marx cuando le pillaba empiernado con otra Margaret Dumon): lo que decida un ayuntamiento en base a sus votos pues es una decisión.

-Periodista (otra): Nos ha venido usted a mostrar lo que es la ganadería extensiva, no la intensiva, algo que alababa el Ministro Garzón de hecho en sus declaraciones, podemos entender que usted está de acuerdo entonces con el Ministro Garzón. Como decían mis compañeros.  No me ha quedado claro si van ustedes a retirar todas las iniciativas de los populares contra las macrogranjas que es contra lo que luchan los pequeños ganaderos como los que estamos hoy aquí.

-Pablo Casado: (riéndose nervioso e interrumpiéndose a sí mismo con su risa descolocada y con un baile de San Vito sobre un azulejo): Como veo que están ustedes interesados en que vayamos a una explotación intensiva, pues yo, por ejemplo, la semana que viene (risa nerviosísisma. Entre los periodistas rebuscan en bolsos y mochilas en busca de un laxatin) que pensaba ir a Palencia (...) pero no pasa nada y nos podemos ir a Meneses de Campos a (risa de Chucky antes de hacerse daño con el cuchillo) a ver una ganadería intensiva sin ningún problema. Pero es muy grave lo que ha hecho el Ministro Garzón.

¡Qué escena! La conclusión es que lo que está haciendo el Partido Popular y Pablo Casado con las macrogranjas es un fraude que solo se sostiene si los medios de comunicación se lo sostienen. Porque bastan tres preguntas –en verdad que solo tres- para que se demuestre la farsa del PP en este orquestado bulo.

El problema es que el resto de periodistas, por silencio o, aun peor, poniéndole las bolas como dicen que se las ponían a Felipe II, le dieron cobertura a Casado para contar sus mentiras. Luego, las cabeceras de los periódicos, el duopolio de Mediaset y Atresmedia, con la inestimable ayuda de la RTVE que el PSOE le regaló al PP, dejándose engañar como si aún vivieran en el bipartidismo, se encargan del resto.

Siguiendo los mandatos de Roger Ailes, el creador de FOX, impulsor de Trump y colega de Steve Bannon (asesor a su vez de VOX y del PP en sus campañas de desinformación), hay que dejar de lado las cosas racionales –carne inyectada de hormonas para que animales hacinados no se infecten, filetes que se cuecen en la sartén del agua que sueltan, maltrato animal continuado, contaminación de acuíferos, emisiones de metano y de CO2, competencia desleal de las macrogranjas, obligación a los pequeños ganaderos para sobrevivir a pasarse a la ganadería intensiva, vaciamiento de la España rural- y apelar a la emocionalidad de la gente: un héroe y un villano, Pablo Casado con el campo, como aquella eficaz foto de Eme Punto Rajoy en un campo de alcachofas -pese a que su regalo para Europa como Comisario de Agricultura era un tipo que solo sabía de ganar dinero en el mundo del petróleo-, y Alberto Garzón, un comunista enemigo de la libertad, igual que Yolanda Díaz o Ione Belarra, que se llevan mal con los ganaderos ricos que confunden su cortijo con una finca en tiempos de Franco, que no les gustan los malos agricultores que contratan mano esclava sin derecho alguno, ni los malos cazadores que ahorcan a los perros de la rama de un árbol ni los malos ganaderos que son en verdad capital de un fondo de inversión que cuando acaben con los acuíferos se irán a desahuciar a gente en un barrio en proceso de gentrificación.

Al final, las eléctricas hablan en la CEOE en nombre de los pequeños empresarios a los que están arruinando con la luz, los obispos hablan en nombre de las víctimas de la pederastia en la iglesia y los grandes ganaderos hablan en nombre de la ganadería familiar.

¿Y la política? Pues si los medios la desbaratan, democrática deja de ser. Porque no nos permite conocer que unos, la derecha, van con los que están despoblando España y llevando a Madrid en ingrata procesión el resultado de su egoísmo (para que Díaz Ayuso diga que España es Madrid porque se está encargando de vaciar el resto), y otros están apoyando a los pequeños y medianos ganaderos y agricultores –ahí está la ley, por vez primera, con este gobierno social-comunista, que impide vender los productos por debajo de su valor- para que se fije población al campo, se produzcan bienes de calidad y asequibles –que ya está bien de hacer valer el derecho de los pobres a comer mierda-, se respete el medio ambiente y no se aumente la crueldad contra los animales.

En los albores de la democracia, el paso del Antiguo Régimen a las monarquías parlamentarias y a las repúblicas fue un logro, entre otras razones, de la prensa, que sembró una manera de pensar que desembocó en la exigencia al rey de parlamentos y estados generales. La decapitación de Carlos I dictada por el Parlamento y Cromwell necesitó documentos, igual que la guillotina a Luis XVI aprobada por la Asamblea Legislativa y Robespierre siglo y medio después se fraguó en los clubes de lectura.

Durante siglos, los medios han sido la garantía de la democracia, porque son los que permiten saber de las propuestas de la oposición y orientar el voto hacia la alternancia. En España, durante mucho tiempo, trabajaron para que la alternancia fuera con tongo –o PSOE o PP- y ahora que el PSOE ha dejado de ser la pata moderada del binomio conservador, solo les vale la derecha en alianza con la extrema derecha.

 Al finalizar la entrevista otro periodista le pregunto a Casado por la imputación del candidato del PP a la Junta de Castilla y León, Mañueco, por un caso de corrupción con muy mal aspecto en Salamanca. ¿Qué dijo Casado? "No tengo información".Y a otra cosa, mariposa. Qué lindas las vacas. Entre el lema del PP "Comunismo o ganadería", uno oye el mugir de las vacas del PP: "comuuuuu muuuuu muuuunismo". Ya sabes, no mires al lado.