Opinión · Las carga el diablo

Grecia y las mentiras de la Unión Europea

Plaza Syntagma

La UE es mentira
La solidaridad entre los pueblos de la Unión es mentira
El euro fue una engañifa
Que nuestras vidas iban a mejorar juntos era un bulo
Nos han estado contando cuentos chinos durante treinta años
Nos han engañado, nos han estafado, nos han robado…

Nos dejaban sin industrias y nos callábamos. O casi.
Nos obligaban a producir menos leche y tragábamos.
Nos ninguneaban en los planes de investigación y desarrollo, y nosotros chitón.
Nos subvencionaban la renuncia a según qué cultivos y nosotros, contentos con las migajas.
Empresas rentables cerraban para ser trasladadas a países emergentes. Éramos caros, decían.
Pero los hoteles y el ladrillo nos iban a sacar de pobres y acabaríamos atando los perros con longaniza.
¡Malditos vendemantas!

Fuimos unos pardillos en manos de gobiernos sumisos, de gobernantes como Felipe, Aznar o Zapatero, encantados de codearse en Bruselas con los poderosos y sin demasiado interés en poner peros a las órdenes que allí recibían.

Tenemos que remar en la misma dirección, decían, que las frases hechas nunca pueden faltar. Pero este tópico encerraba una traducción brutal. En castellano, portugués, italiano o griego, lo que querían
decir los prebostes comunitarios era: nosotros los del norte, alemanes, franceses y demás os
subvencionamos con Fondos Europeos, nuestros bancos os prestan dinero barato para que os compréis la casita de vuestros sueños, os vendemos las mercancías que no os dejamos producir y cuando os tengamos hipotecados hasta la mayoría de edad de vuestros nietos, entonces… os vais a enterar de lo que vale un peine.

Los ciudadanos de los países del sur llevamos mucho tiempo enterándonos. Sufriendo en nuestras carnes la desconsideración de tipos como Rajoy o de Guindos, plegados incondicionalmente -porque ellos sí que son un gobierno serio- a los mandamases de Bruselas. Los han malacostumbrado tanto, que los gerifaltes de la troika han sido incapaces de entender que de pronto aparezca alguien y, como ha hecho el gobierno griego, pegue un puñetazo encima de la mesa, les plante cara y diga hasta aquí hemos llegado.

Plantar cara dentro de un orden, porque la última oferta que Grecia presentó al Eurogrupo implicaba enormes concesiones. Pero ni así. El FMI quiere sangre. No quiere que los griegos paguen sus deudas subiéndole los impuestos a los ricos, por ejemplo, que sería lo lógico. Quieren que se suba el IVA de los alimentos básicos y bajen las pensiones.

Quieren, en resumen, reventar a los más débiles, que se continúe con las medidas que han llevado al país al desastre. Sin explicar nunca por qué la deuda es la que es, quién pidió prestado tanto dinero y en nombre de quién, quién lo prestó y cuál fue su papel, por qué las deudas privadas se convirtieron en públicas, quién se benefició…

Nunca agradeceremos suficiente a Tsipras y a Varoufakis que hayan apostado por plantar cara. A pesar de que Rajoy, el jefe del “gobierno más serio jamás conocido”, se dedique a ponerlos de vuelta y media. Todo era mentira. Todo es mentira. Nunca hubo una Europa de la solidaridad, nunca hubo ganas de
igualdad, nunca existió verdadera intención de proporcionar a todos los ciudadanos europeos la misma calidad de vida, los mismos derechos, las mismas oportunidades…

No piensan perdonar la decencia, la honestidad y la coherencia del gobierno griego, y a lo mejor nos toca a algún que otro país del sur pagar también las consecuencias del cabreo de los prepotentes. Pero ya lo estamos pagando con tanto recorte, tanta política de austeridad y tanta milonga. El gobierno griego ha dicho basta porque ya no le quedaba nada que perder ¿Y a nosotros, nos queda mucho?

Igual hay algo positivo en que los supercicutas de Bruselas hayan decidido por fin quitarse las máscaras y amenazar sin disimulos a los gobernantes griegos por el mero hecho -democrático, no lo olvidemos- de “osar” convocar un referéndum para preguntar a sus conciudadanos si aceptan o no las imposiciones de la troika: igual así expresiones como “bien común”, “solidaridad”, “proyecto compartido”, “justicia”, “lucha contra la pobreza” y demás conceptos similares no salen ya nunca más de sus sucias bocas. ¿O sí?

J.T.