Memento

Willy Toledo: "Hasél está a punto de entrar en la cárcel por decir lo que los medios de comunicación llevan meses publicando"

Muchas personas de mi edad descubrimos a Willy Toledo con su personaje de Richard en la serie 7 vidas. En mi caso no tendría más de 12 o 13 años. Tiempo después, la primera gran movilización que recuerdo fue contra la guerra de Irak en la que nos metió Aznar para poder subir los pies en la mesa de George W. Bush. Para muchos fue nuestro primer contacto con las manifestaciones y nuestro primer sentimiento de pertenencia a un bando, a una idea, a una clase. Y de repente, ese simpático actor de pelo rizado con el reíamos años antes, llevaba esa protesta a una gran gala donde todo eran trajes largos y corbatas. Así descubrimos muchos el potencial que tiene la cultura para denunciar las injusticias.

Desde entonces Willy Toledo ha antepuesto sus ideas a su carrera. No debería ir una cosa en detrimento de la otra, pero al parecer la cultura que no es servicial resulta incómoda y se decidió apartar al actor de la televisión y el cine y señalarlo como un loco. Se empeñaron en decirnos que estaba solo cuando, para algunos, fue todo lo contrario. Para aquellos que comenzábamos a trabajar en la cultura desde la militancia, escuchar a una figura relevante denunciar determinadas injusticias nos hizo no sentirnos acompañados en una lucha desigual.

Cuando llamó delincuente al preso cubano Orlando Zapata, nos ayudó a aquellos que defendemos a Cuba y nos sentíamos minoritarios. Cuando acude a los medios de comunicación a denunciar sus intereses económicos, nos representa a muchos que sabemos lo que hay detrás de las cámaras. Cuando habla de una jerarquía sistémica en la cultura española, nos dice a los demás trabajadores y trabajadoras del sector que no todo es esfuerzo y talento. Le dijeron que estaba solo, pero en realidad nos estaba acompañando a muchas personas y nos abrió el camino para entender que se puede utilizar la cultura como herramienta de transformación.

Ahora que ha vuelto a trabajar en una serie española estrenada en Netflix y llamada Los Favoritos de Midas, he aprovechado la ocasión para hablar con él del estreno y mucho más. Porque Willy Toledo es de hablar y mucho, pero siempre sin miedo.

 Con Los Favoritos de Midas volviste a trabajar en la industria audiovisual española. Cuando salió la serie dijiste que esperabas que fuera un punto de inflexión. Tras tres meses desde el estreno, ¿ha supuesto algún cambio en tu carrera?
Por lo que me cuenta mi representante y gente del cine, toda la atmósfera a mi alrededor ha cambiado bastante. Básicamente, en el mundillo del cine y de la tele, que es donde me han tenido puteado porque el teatro, afortunadamente, se escapa del alcance de las productoras. Hemos pasado de que cuando alguien me proponía para trabajar le dijeran "quien tú quieras menos Willy" a considerar la posibilidad de contratarme. Es un cambio grande. Se han dado cuenta que puedo hacer un buen trabajo y, como llevo diciendo desde entonces, ha sobrevivido todo el equipo, no he matado a nadie, no le he prendido fuego al plató y todo sigue en su sitio (risas).
Además, en los premios de la crítica, los Premios Feroz, me han nominado a mejor actor de reparto por la serie. Con lo cual, parece ser que todo vuelve a la normalidad y estoy muy contento. Aunque yo tengo claro que hay lugares donde me van a seguir vetando, sí ha vuelto una semi normalidad y ha sido sin dar un paso atrás, que es con lo que estoy más contento.

Mateo Gil y Willy Toledo en el rodaje de ’Los favoritos de Midas’ / Manolo Pavón. Netflix

En las entrevistas promocionales recibiste halagos de Luis Tosar, que decía que lo mejor había sido rodar las escenas contigo y que tu personaje, Conte, merece un spin-off, ¿te sientes más arropado actualmente por otras personas de tu gremio?
Sí, sin duda. Es verdad que toda esta movida conmigo no ha sido una persecución personal contra mí, sino que me han utilizado como chivo expiatorio para lanzar un mensaje al resto de actores y actrices. Básicamente han querido decir "si abrís la boca, mirad lo que le ha pasado a este". Se ha generado un miedo terrible a que la gente del cine y de la televisión se pronuncien políticamente, sobre todo sin son gente de izquierdas. Porque vemos cómo Quique San Francisco dice abiertamente que es un fascista, que es un nostálgico del franquismo y que es votante de VOX y no le trae absolutamente ningún problema.
Es lo que viene pasando en este país desde la transición y desde mucho antes. Pero viéndolo desde la transición, tú puedes ser un nazi, puedes ser ultraderechista y decirlo abiertamente y sabes que no vas a tener ningún tipo de represalias.
Todos los problemas conmigo vienen desde la guerra de Irak, de los Goyas aquellos del 2003. Empezaron a perseguirnos y no sólo a mí, sino también a la familia Bardem o a Alberto San Juan. La gente que sacábamos la cabecita un poco ocupábamos portadas de periódicos y abríamos informativos, incluso, sólo porque osábamos dar nuestra opinión. Luego la cosa se fue reduciendo y es más fácil atacar a uno que a todo un gremio. Empezaron con aquello de que llamarnos titiriteros, "apesebrados", subvencionados… y luego fueron cerrando el cerco hasta que nos convertimos en dos o tres figuras a las que atacar con saña para enviar ese mensaje al colectivo: "cuidado con lo que decís".
Pero yo he sentido la solidaridad de bastante gente, lo que pasa es que también esa solidaridad se oculta y se silencia. Uno de los mensajes que se lanzaba era el de "está solo", "es un loco que dice barbaridades y el mundo del cine ha dejado solo" y eso no era cierto. Sí es verdad que estaba en primera línea y trabajando como el que más y, de repente, desaparecí del mapa y no hubo mención alguna en, por ejemplo, los Premios Goya. Nadie preguntaba dónde estaba su compañero. Cero. Incluso había gente que tenía terror de encontrarse conmigo en una entrega de premios o, mismamente, por la calle.
De todas maneras, gente como Alberto San Juan, como los Bardem, Javier Gutiérrez o Luis Tosar siempre han estado ahí. Cuando les han preguntado sí que han salido en mi defensa. Y referente a la pregunta, sí que le agradezco a Luis sus palabras porque en mi caso también fue una maravilla trabajar con él.

Aunque llevabas años apartado de la televisión y el cine español, como dijiste antes, en teatro sí has continuado girando y actuando continuamente. ¿Es un espacio más democrático donde el público decide qué ver o consideras que sigue siendo el cortijo de unos pocos?
Hay que diferenciar. Porque están los grandes teatros comerciales, por llamarlos de alguna manera, que sí que siguen en las manos de grandes productoras y conectadas con productoras de cine y televisión y que, básicamente, todavía contratan a estrellas de la tele. Pero, afortunadamente, como pasa en la música también, hay un circuito más underground, más off como lo llaman los ingleses, que escapa totalmente a su control y te permite ganarte la vida actuando en teatros más pequeños y muchas más salas.
Hay un circuito independiente de los grandes poderes donde todavía se programan obras de teatro, digamos, militante. Un teatro conectado con la realidad, con el tiempo histórico que nos toca vivir y son obras de crítica política y de apego a la calle que todavía sobrevive. Eso nos ha dado la oportunidad de seguir girando y pudiendo hacer espectáculos. También ha permitido a mucha gente seguir ganándose la vida con ello.

Willy Toledo en el juzgado. / EUROPA PRESS (Ricardo Rubio)

Aunque no comulgues mucho con el gobierno de coalición actual, ¿piensas que puede favorecer a que exista menos miedo a la hora de contratarte?
Yo creo que no porque quien manda en el Gobierno es el PSOE, está más claro que el agua. El cual sigue siendo, en mi opinión, el partido del régimen, mucho más que el Partido Popular y ellos siguen su línea política desde la transición, desde que llegó Felipe González y dio el golpe de Estado en Suresnes. Y la línea política del PSOE es el neoliberalismo más salvaje.
Ya en su momento, en los años 90, cuando pasó toda la fiebre de los 80 tras la muerte del dictador, que sí que hubo una explosión de libertad en la que todo el mundo podía decir lo que quisiera, el Gobierno de Felipe González censuró el disco de Albert Pla de No solo de Rumba vive el hombre, porque había una canción que se llamaba Carta al Rey Melchor. Aquello fue censurado brutalmente en las radios y en las televisiones. En ese momento empezó la censura a saco.
Hay un ejemplo muy paradigmático, que es cuando Javier Krahe estrenó el cortometraje en el que cocinaba un cristo al horno, en el año 1978, y que no tuvo ninguna persecución ni censura. Sin embargo, hace 7 u 8 años se sentó en un banquillo por un delito de ofensa a los sentimientos religiosos por ese mismo corto.  Ahora tenemos el ejemplo de Pablo Hasél o La Insurgencia. Un montón de ejemplos de gente del arte o la cultura que está siendo perseguida por sus ideas políticas. Por ejercer su derecho a la libre expresión.
Es tremendo que Pablo Hasél esté a punto de entrar en la cárcel por decir lo que los medios de comunicación llevan meses publicando, y es que el Borbón es un ladrón. Yo creo que estamos dando pasos atrás, estamos retrocediendo, y no se está viendo que con este Gobierno las cosas estén mejorando. Ahí tenemos la ley mordaza, que no era una cuestión exclusiva de Unidas Podemos. También el PSOE llevaba en su programa la derogación de esta ley y ahí sigue.
Desgraciadamente, no veo ninguna mejora en cuanto a la libertad de expresión, sino todo lo contrario.

Hablando del gobierno, ¿qué opinión tienes sobre el ministro de Cultura y su labor al frente del ministerio en este año tan complejo para el sector?
No tengo una opinión creada, la verdad, porque no sé ni cómo se llama (risas). Es un poco como Gabilondo en Madrid, que nadie sabe dónde está metido. Pues con el ministro de Cultura sucede lo mismo. Recuerdo que al principio del confinamiento sí dijo que el mundo de la cultura no necesitaba nada, porque estábamos perfectamente así, y generó un escándalo grande. Pero ahora mismo no tengo ni idea de qué hace.
Lo que sí sé de primera mano es cómo lo está pasando el mundo de la cultura y la situación es catastrófica. No sólo en el mundo del teatro, cine o televisión, también el mundo de la música y las salas en vivo. Hace ya muchos años que hay una persecución contra las salas de música en vivo y en Madrid, por ejemplo, se han cerrado muchas en los últimos años y esta situación es aún más catastrófica. Es un momento muy grave para la gente que se dedica a la cultura.Parece que este sector es lo primero que cae siempre. Que hay una obsesión de los gobiernos autoritarios y capitalistas contra la cultura por la libertad que se vive dentro de ella. La situación la veo terrible, pero del ministro sé poco. Ni su nombre.

Salvar la industria, salvar la hostelería, salvar el pequeño comercio, la navidad, el verano… pero nadie habla de salvar la cultura. ¿Se considera prescindible la cultura?
En el Estado español ha sido un sector completamente olvidado, despreciado e, incluso, atacado. Y así tenemos el país que tenemos. Los franceses serán lo que quieran, pero tienen un sistema de protección de su propia cultura realmente admirable. Si aquí hay aproximadamente un 8 % de películas españolas que se estrenan en los cines, en Francia por ley tiene que ser un 50 %, si mal no recuerdo. Y así sucede allí con todos los sectores. Aquí es un sálvese quien pueda.
En la música, por ejemplo, que es un sector que sigo de cerca porque es mi pasión, ves que en los medios de comunicación solo salen los lanzamientos de discos de Bisbal o de Chenoa o, por supuesto, de los artistas mimados de la transición y de la democracia española como Víctor Manuel, Ana Belén, Joaquín Sabina o Serrat. Pero no escuchas en los programas de radio o de televisión entrevistas a Los Chikos del Maíz o a bandas de rock más pequeñas que son las que hay que apoyar.
Pasa con el cine también. El sistema de subvenciones es una auténtica aberración. Si estrenas una película y esta ha sido un megaéxito comercial, tu siguiente película es la más subvencionada. O sea, subvencionan a los ricos. Y las pequeñas productoras y las películas que estas estrenan, si no tienen dos millones de espectadores, en la siguiente tanda de subvenciones no pillan un euro. Está todo hecho así. Para generar una jerarquía y que siempre trabajen los mismos y siempre reciban el apoyo los mismos. Los mismos siempre tienen las grandes giras y salen en los grandes medios de comunicación, pero la cultura de base, la cultura de la gente está sistemáticamente despreciada.
No es un descuido. Es una política perfectamente planificada. Porque la cultura, no se si nos hace libres, pero sí nos ayuda a ser más libres. Eso es lo que no puede consentir un Estado capitalista como el nuestro.

"Los mismos siempre salen en los grandes medios de comunicación, pero la cultura de base, la cultura de la gente está sistemáticamente despreciada."

Con las redes sociales, visto desde fuera, pareces tener una relación de amor/odio. Te hemos visto cerrarlas, abrirlas de nuevo, cambiarte el usuario… y, prácticamente, cada semana eres noticia por alguna declaración. ¿Qué te anima hoy en día seguir tan activo en Twitter? ¿Crees que otro espacio donde hacer activismo?
Creo que no. En mi caso, por ejemplo, es un desahogo mas que nada. Es verdad que he ido abriendo y cerrando cuentas porque de repente me saturo y pienso que no tengo nada importante que decir. Muchas veces generamos dentro de Twitter un espacio donde todos (y hablo por mí también) nos creemos demasiado importantes. Creemos que tenemos que dar nuestras opiniones sobre todo porque es fundamental para el país y es una chorrada. La vida transcurre en la calle, la militancia transcurre en la calle y la gente que está haciendo algo para mejorar la situación social está en la calle.
Desde el punto de vista sindical, desde el punto de vista artístico, de feminismo, del antirracismo, del antifascismo… nos creemos que por publicar en Twitter estamos contribuyendo a la lucha política y yo creo que no, que para nada. Además, luego se crean esos "guetos" de amiguismos, de persecución, de peleas…

Yo te preguntaba por eso mismo, porque yo también tengo una relación extraña con las redes. De hecho, las tengo un poco abandonadas últimamente porque me llegan a afectar incluso. Entonces, pienso en tu caso, que tienes una mayor exposición y quería saber cómo se gestiona ser noticia cada vez que pones algo. Entiendo que es complicado.
Sí, es complicado. Lo que pasa que yo me lo tomo como una manera de posicionarme y dejar claro mi bando. Decir por lo que lucho, señalar lo que aplaudo y también lo que me duele. Ya que están ahí las utilizo en ese sentido, pero teniendo claro que en realidad es más una pérdida de tiempo que otra cosa, porque muchas veces nos conformamos con haber dado nuestra opinión en Twitter. Sin embargo, donde está la lucha de verdad no es denunciando un desahucio, sino plantándote en el portal junto a tus compañeras e intentar paralizarlo. Ahí es donde te juegas tu cuello y tu libertad.
Son un desahogo un poco estéril, pero bueno… ahí estoy. También creo que, afortunadamente, se han cansado de mí los medios. Era una estrategia de darme de hostias a ver si me callaba, pero han visto que no hay manera (risas).

Willy Toledo en una foto de su facebook personal.

Sólo mencionando temas de actualidad, decíamos antes que Pablo Hasél va a entrar en la cárcel pronto si no prospera ningún recurso. Esta semana, muchos años después, "se descubre" quién era M. Rajoy en los papeles de Bárcenas, cuando ya no les afecta políticamente. También hemos visto políticos y obispos saltándose la cola en la vacunación… ¿Hemos sufrido un retroceso, no sólo en derechos, sino en términos de conciencia social?
Pienso que sí. Nos han conseguido meter el capitalismo en vena, el individualismo. El pensamiento de "si me salvo yo, con eso tengo más que suficiente". También este año de pandemia hemos visto cómo el capitalismo siempre aprovecha las peores desgracias o catástrofes para avanzar en su agenda política y económica. Si aprovecharon, por ejemplo, el terremoto de Haití para invadir el país militarmente, ahora están aprovechando el "terremoto" de la pandemia para recortar en derechos sociales e implantar un estado de excepción en todo el país.
Que no tengo ni idea de asuntos sanitarios, no sé si hay que confinar o no a toda una población, pero, en cualquier caso, si hay que confinar a los trabajadores, también hay que ayudarlos. No puedes cerrar todos los pequeños comercios y que cada uno se busque las habichuelas. Como está pasando con el Ingreso Mínimo Vital, que no está llegando prácticamente a nadie. También opino que  están aprovechando la pandemia para criminalizar la protesta y para poder manejarnos a sus anchas.
La falta de unidad en términos políticos de la clase trabajadora, creo que también es un efecto de que estamos encerrados en casa. Incluso cuando sales a protestar te señalan los tuyos y te dicen que no cumples con la distancia de seguridad. Pienso que hay que seguir saliendo a la calle y que lo importante es proteger a la gente que lo está pasando mal y que se está encontrando sin ningún tipo de ingresos desde hace meses. Es todo un desastre y creo que no somos conscientes de lo que nos viene por delante.
Además, lo que no se está diciendo en ningún caso es que esta pandemia es consecuencia directa del sistema de producción capitalista. De todo lo que pasa en las grandes granjas de producción animal. De todas las enfermedades que esto provoca y que, hasta que no paremos el sistema de producción capitalista, va a seguir ocurriendo en un futuro próximo y lejano. De eso no se habla. Se pone el parche rapidito, nos confinan, pero no se habla de dónde vienen todas estas enfermedades.