Opinion · Otras miradas

Debates: ¿del error a hacer el ridículo?

José Luis Úriz Iglesias

Ex parlamentario y concejal del PSN-PSOE

Ya sabíamos que esta campaña electoral iba ser abrupta, llena de descalificaciones e insultos, que la posverdad, fake news o simplemente la mentira (no entiendo esa moda de habiendo palabras en castellano utilizar de otros idiomas, o que se impongan desde el imperio) se impondrían.

También que dado el bajísimo nivel de la clase política actual y en especial de sus líderes, no iba a ser un momento especial para expresar ideas, propuestas, e incluso para aportar salidas a los temas conflictivos. Tampoco que se buscaran nuevas soluciones a viejos problemas, con valores de los que hoy en día escasean como audacia, imaginación, o generosidad.

Quien quiera todo esto que recurra a los libros de historia y lea sobre nuestra Transición.

Pero que se diera un espectáculo como el que estamos sufriendo sobre los manidos debates electorales, supera todas nuestras previsiones negativas iniciales.

Conviene hacer un poco de historia consciente de que en dos días este asunto será ya de la prehistoria. Pero antes una breve reflexión, convencido de que no será entendida por mis compañeros de ideología, que contiene un interrogante.

¿Se puede ser socialista, votar al PSOE (vale igual para el resto de partidos), y al mismo tiempo no ser  un borrego y analizar libremente lo que se ve y oye, criticando al líder sabiendo que se hace por su bien y especialmente el del partido?

La respuesta parece evidente; no sólo se puede sino que se debe, por eso avanzo en esta reflexión.

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, posa para una foto con una simpatizante durante el recorrido que ha realizado por el centro de Logroño. EFE/Abel Alonso
El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, posa para una foto con una simpatizante durante el recorrido que ha realizado por el centro de Logroño. EFE/Abel Alonso

Pedro Sánchez intentó una jugada maestra aceptando ir al debate organizado por A3… porque iba Vox y quería enfrentar a las derechas.

Hubo críticas, incluso desde el socialismo, porque no fuera al debate de la televisión pública que en lógica electoral era a cuatro. Pero no se inmutó porque ya se sabe que hoy en día la táctica se impone a la estrategia y los que deciden no son sesudos ideólogos sino técnicos en marketing político y estudios demoscópicos.

Que por cierto, valen igual para un roto que un descosido, o sea para asesorar a la izquierda, a la derecha, o a una empresa de cosméticos.

Tras la decisión de la Junta Electoral Central se complicó ese plan y sus asesores no han sabido reaccionar y le han hecho cometer un grave error, que le puede llevar a hacer el ridículo o quizás ya lo haya conseguido.

En campaña lo más importante es no cometer errores, hasta ahora la de Sánchez estaba siendo impecable contrastando con los constantes errores de sus adversarios, pero ahora comete uno que le puede costar caro si no reacciona con inteligencia democrática, que no parece vaya a ser así.

Sánchez ha demostrado que tiene más fuerza que el resto para encarar un doble debate aunque sea atípico y fuera de lógica.

Yo que él plantearía ir a los dos lo que obligaría a TVE a cambiar la fecha, calmando así la rebelión que se está produciendo en su seno y demostrando cintura política y altura de miras.

Es evidente que sería una decisión atípica, porque jamás se han hecho dos debates seguidos, incluso que sería un arma de doble filo, pero es un hombre de suerte y podría salir de ellos fortalecido en la forma y en el fondo.

Con ese movimiento recuperaría de nuevo el mando de la campaña perdido en estas horas, desactivaría las críticas de sus oponentes y lo más importante, demostraría que no tiene miedo a ninguna situación  por difícil que ésta sea. Sería otra vez el Pedro Sánchez de “Manual de resistencia”.

Ésa sería la única manera de sacar la patita y dar la vuelta a esta compleja situación, pero me temo que hará más caso a un pusilánime como Redondo que a un viejo socialista de la vieja escuela.

Veremos…