Otras miradas

Los ejemplos de Rocío Jurado y Rocío Carrasco

Ana Bernal Triviño

Rocío Jurado, en una actuación. (EFE)

Al día siguiente de la inauguración del museo de Rocío Jurado leí un tuit de José Pablo López, director de contenidos de TVE, muy acertado. En él resumía: "Ayer Rocío Carrasco inauguró en Chipiona el museo que recordará a su madre. Cuando el franquismo coleaba, Rocío Jurado guerreaba en sus letras rompiendo los esquemas que el régimen imponía a las mujeres. Fue un ejemplo andaluz de liberación de la mujer. Bravas Jurado y Carrasco". 

Lo menos acertado eran las respuestas a aquel mensaje, donde se atrevían incluso a negar ese papel transformador. Algunas veces yo misma, entre compañeras feministas, me he visto envuelta en tener que justificarla. Claro que no fue Colombine o Campoamor. Ni ella lo pretendía. Pero es que la historia del feminismo también la componen mujeres con un mensaje contrario a las ideas más arraigadas y machistas. Y eso va desde la cultura hasta nuestras abuelas o madres. Quienes estamos en esto sabemos aún cómo planea el estigma de la palabra "feminista". Pues la Jurado lo decía hace muchos años atrás, cuando estaba aún peor visto. Y podía habérselo ahorrado para evitar cualquier polémica. Pero optó por decirlo. 

Quienes quieren atacarla dicen que tampoco fue feminista porque las letras se las escribían hombres. ¿Y? ¿En qué quedamos? Si desde Stuart Mill hay hombres, en todos los ámbitos, que han querido apoyar, contribuir o crear, en mayor o menor medida, un mensaje diferente al tradicional. Y ella, además, decidió cantar esas letras cuando no todas lo hicieron. En una época donde aún estaba el delito de adulterio, el sexo era un tabú y el deseo femenino era un pecado. Aún sus canciones tienen mucha más carga reivindicativa que cualquier otra que escuchamos hoy día, por muy moderna que se venda. Ella, también en sus declaraciones, ofrecía un mensaje de reafirmación, lejos del amor romántico, ponía límites, respeto, y anteponía su palabra como mujer. Todo eso en una época donde centenares de mujeres venían de una dictadura que las relegó y silenció.

En un mundo donde hay miles de museos dedicados a hombres de la historia, no estamos para quejarnos cuando se abre un museo dedicado a una mujer cuyo trabajo y trascendencia en la cultura del país ha quedado más que demostrada. Y quien crea que no, que vaya por el museo o entre en Google y busque todos sus premios dentro y fuera de España.  A veces se construye feminismo desde otros espacios, como la televisión o la música o el cine, aún más en la sociedad de masas y del espectáculo. Y no pasa nada, al revés. Quizás llegue a más gente. Porque mujeres como Rocío Jurado tenían altavoz, pero también eran un espejo donde otras se reflejaban no solo en su imagen sino en su discurso. De la misma manera que, aunque le pese a muchas personas aún, Rocío Carrasco ha sido un espejo para centenares de mujeres con la ruptura de su silencio. Y quienes se ríen de ello no pueden negar que las llamadas al 016 aumentaron un 61% durante la emisión del documental. Repito, un 61%. Porque Rocío habló por otras muchas y sirvió de reflejo para que otras pusieran nombre a lo que estaban viviendo.

La apertura del museo ha demostrado, una vez más, cuánto machismo queda. Quizás porque estamos viviendo una época de retroceso y negacionismo de derechos de las mujeres y todo se convierte en una diana posible, sobre todo si tienes más exposición pública. Y así hemos encontrado opiniones que niegan que La Jurado era feminista como quienes niegan que Carrasco haya sido una víctima. Eso sí, camino de ser una superviviente. Y esto parece que molesta, y mucho, porque han aprovechado para sacar de nuevo todas las revictimizaciones posibles a Rocío Carrasco y ensombrecer la apertura del museo, sin conseguirlo. 

A veces ha sido por mucho machismo. Otras, por infantilismo o rechazos personales que vienen de atrás. Todas, con la irresponsabilidad de no asumir que las palabras que se lanzan contra Carrasco cuestionando que haya sido víctima también llegan a centenares de mujeres que temen ser igual de señaladas. Y es que seguimos en la cultura del dolor y no de la reparación y recuperación, que es la verdadera victoria. Acostumbrados a dar el pésame pero largando de todo por la boca cuando se retoma la vida. Porque parece que nos gusta ver solo a la gente hundida y en la miseria. La depresión no significa quedarse en casa cuando estás en proceso de recuperación. Ser víctima no significa estar llorando todos los días y calladita. Y ser madre no es ser un saco de boxeo y de humillación. 

Centenares de víctimas, como Rocío, emprenden un camino para volver a sentirse mujeres cuando todo tu entorno te hizo sentir de menos.  Así que, aunque molesten a muchos, sé que a Rocío Jurado lo que le gustaría ahora es ver a su hija feliz, que cante, que ría, que no se calle más, y que quiera a quienes no le han dado la espalda. Porque todo eso forma parte del proceso de recuperación. Porque llamarte Rocío Carrasco Mohedano no te desacredita y tiene el mismo derecho a hacer el proceso de recuperación que cualquier otra mujer. Y demuestra que quienes la critican solo quieren verla hundida. Eso dice más de quien habla que de a quien pretenden ofender. Pero, para eso, ya es tarde. Porque ella sigue siendo ejemplo de superación para todas esas mujeres que se identificaron con ella. Igual que su madre fue ejemplo y ya es historia. Y a quienes les guste poner piedras por el camino para que caiga, tranquilidad... ya la aparta ella misma para seguir hacia delante.