Opinion · Punto y seguido

La “Zhinelogía” kurda, el celibato y la feminización del etnonacionalismo patriarcal

Desde la isla-prisión turca de Imrali y a mano de un hombre, el líder de PKK Abdullah Öcalan, nos llega una “nueva” “teoría” feminista: la “Zhinelogía” la Ciencia de mujeres (de “Zhen” «mujer» en kurdo y en persa). De forma resumida, lo que expone en sus sorprendentes planteamientos y sin presentar ninguna fuente científica, es que:

  1. Los kurdos son descendientes de los sumerios, y “han sido el pueblo más dinámico del neolítico y el más grande creador de la revolución social basado en la agricultura y ganadería”, por lo que los kurdos juegan “para la historia, el papel de madre y de cuna”. ¿Esto no es chovinismo?
  2. Cuando la “Sagrada Tierra” era gobernada por la “Diosa Madre” el ser humano vivió la era más dorada de su historia. Pero, “la naturaleza de la humanidad que era femenina” y tenía capacidad de “escuchar al cosmos”, se corrompió debido a que las mujeres, -que eran superiores y contaban con unas virtudes innatas-, fueron enviadas por los sacerdotes (quienes convirtieron “los templos en burdeles públicos”) a la caza del hombre, bajándoles de las montañas creando ciudades, donde corrompieron al ser humano: ellas perdieron su naturaleza, se empaparon del vicio, y provocaron la caída del hombre kurdo (¿o los de todo el mundo?) al pozo de la decadencia moral: se habían obsesionado por el sexo y como resultado se convirtieron en cómplices del sistema de esclavitud y del patriarcado. ¿No os suena al relato de Adán y Eva del Antiguo Testamento? Eso sí con la diferencia de que para Öcalan es la mujer quien naturalmente es buena, decente y pura, mientras el hombre es un ser malvado y salvaje, rehén de sus intentos sexuales. Además, se trata de la vieja división de mujeres-Eva y mujeres-Lilith, unas santas y otras demoníacas. Öcalan es el hombre que al no encontrar a su Diosa reprocha a las mujeres “normales” por no parecerse a la divinidad, pero ¿Se parece él a algún dios? Decía Simone de Beauvoir que los hombres suelen exigir a las mujeres lo que ellos carecen.

La vida se estructuraba, según él, alrededor de las féminas, hasta que el patriarcado (aparecido de repente) se apodera de sus capacidades y las convierte en las esclavas de este sistema de dominación. ¡Tiren ustedes a la papelera las teorías sobre el papel del factor del trabajo en el proceso de la acumulación de la riqueza y la lucha de clases como los fundamentos del poder de unos sobre otros y quedaros con que fue la naturaleza de la mujer el origen del bien y también del mal y no los procesos económicos, políticos, sociales y culturales que crearon y consolidaron el sistema patriarcal! Y ¡Olvídense de que son las relaciones sociales que asignan un rol concreto a los sexos!

Todas las seudoteorías “biologista” y “sexista” han servido para desplazar la realidad de la construcción de las relaciones del poder a los genitales; recurren a la “naturaleza” (¡el darwinismo social!) para explicar la ley de selva que controla las sociedades humanas de clase. Es posible que Öcalan este confundiendo la división de trabajo entre los sexos con una relación de explotación.

Marx fue el primer filósofo que mostró que la situación degradante de la mujer no tenía nada que ver con su “naturaleza”,  y fue Friedrich Engels quien consideró que la opresión sistematizada sobre la mujer –utilizando su capacidad de procrear- era parte del mismo proceso de la formación de las clases sociales.

¿La solución? Abstinencia sexual

“Sólo regresando a la naturaleza de la mujer [-tierra] se puede contribuir a una nueva formación de la humanidad”, afirma el líder kurdo, pero ¿cómo? Renunciar a las relaciones sexuales que han sido tan nocivas para la liberación tanto de la patria como de la mujer, responde. En esta línea, de paso acusa al “mercado internacional” de promover la homosexualidad propagando el Sida.

No son ideas nuevas. Los místicos creían en las bondades de la renuncia a la sexualidad, hasta tal punto que el profeta persa Mani (s.III), que imponían un celibato estricto a sus fieles causó la desaparición “biológica” de los maniqueos. La obsesión por el sexo es uno de los rasgos de las sociedades sexualmente oprimidas, donde la “decencia” y un moral falso oprime duramente el deseo y el amor. Esta aberración también es practicada por la secta político-islamista iraní de Muyahedines del Pueblo, progresista en los años 70 y de extrema derecha fundamentalista después de los 80 ( y que es una de las opciones de EEUU para el “cambo del régimen”) montaron este laboratorio sexual, provocando graves trastornos psíquicos entre sus milicias encerradas en una mini sociedad deshumanizada.

La preocupación de Öcalan, como cualquier otro buen hombre kurdo es su “honor”: los combatientes son como los esclavos, hasta que no se liberen no deben casarse, ya que los instintos básicos perturban su juicio y les conducen a la traición. La oposición del PKK a las relaciones sexuales entre los militantes no se debe sólo a que “el matrimonio es una relación sucia”: se trata de ofrecer una garantía otorgada a los varones de las familias kurdas con el fin de que admitan la integración de sus hijas en las filas del partido: les asegura así que su pureza virginal quedará intacta. Por eso, en “Rojava” hay una Brigada de Autodefensa de Mujeres (YPJ) y otra de hombres. Un pensamiento sexista que los ha llevado incluso a construir la aldea Jinwar sólo para ellas. Idea nada original: ya en 1998 el régimen de Hosni Mubarak levantó la aldea al Samaha para las mujeres: así, por un lado se está mostrando la incapacidad de sus promotores de organizar una sociedad respetuosa con ellas, y por otro con esta separación entre los sexos se agrava el problema de la agresión sexual a las mujeres: en las teocracias patriarcales gobernantes en Israel e Irán hasta hay autobuses separados para ellas “protegiéndoles de los hombres”.

Las mujeres kurdas son una de las peor tratadas de entre las sociedades de Oriente Próximo, y junto con las palestinas, jordanas y paquistaníes son las principales víctimas de los “asesinatos por honor” que cada año arranca la vida de al menos 20.000 mujeres. Cientos de kurdas se queman a lo bonzo cada año desde una total desesperación y como el único acto del control sobre sus cuerpos. No son pocos los hombres que han preferido que ellas mismas se quitasen la vida antes de ser agredidas sexualmente por los monstruos de ISIS (armados por EEUU, quien también arma a los kurdos de Siria e Irak), para no ser obligados de “lavar la mancha” asesinándoles ellos mismo.

Justamente, uno de los errores del feminismo kurdo de la clase media ha sido ignorar o tapar la difícil situación de las mujeres de las clases trabajadoras que sufren una generalizada violencia física, poliginia, mutilación genital, o matrimonios infantiles y forzosos. Señalar esta realidad chocaría con la imagen de la mujer kurda libre, feliz, armada y empoderada que dan en Occidente, paralelo a un menosprecio de la historia de la lucha y los logros de las mujeres afganas, persas, árabes o turcas, presentándolas como “islamistas”. Será porque la “marca” de la nación hoy es un producto con un lugar propio en el mercado capitalista global.

Lo curioso es que Öcalan no olvida de hacer un guiño a los señores feudales fundamentalistas, alabando al profeta Mahoma: afirma que su poligenismo (tuvo 11 esposas y un número indeterminado de concubinas) era un acto de amor: ¿amor hacia Aisha, su “esposa” de 6-7 años?

Una mujer kurda fuerte hará crecer al hombre kurdo”, sigue con su tesis, el dirigente kurdo sin que se dé cuenta de que instrumentalizar a las mujeres para movilizar a los hombres, con el fin de que ambos sirvan a la causa nacionalista-patriarcal es muy viejo. Una vez que ellas hayan asimilado el patriotismo como el primer principio de la ideología de emancipación de su género, -afirma-, deben “casarse” con su patria y abstenerse de relaciones sexuales con los compañeros varones, hasta conseguir el objetivo supremo. Después será necesario “un contrato social entre el hombre y la mujer para democratizar la familia”. ¿No son las estructuras sociales que crean acuerdos sociales y no al revés?

Una vez en el matrimonio, Öcalan describe las bondades de la maternidad (para santificar, vía biologismo la propiedad sobre los territorios “étnicos”), uno de los elementos fijos de las teorías machistas. La madre, siempre compasiva y solidaria, sustituye a la mujer como individuo o ciudadana.

Margaret George Shello (1942-1960), líder kurda-asiria iraquí asesinada por algún hombre.
Margaret George Shello (1942-1960), líder kurda-asiria iraquí
asesinada por algún hombre.

La mirada de Öcalan es tribal, no tiene ninguna propuesta por la paz, ni para una región libre de guerras y dictaduras que han destruido la vida de al menos 100 millones de personas en los últimos treinta años, mientras presenta la participación de las mujeres en el militarismo como parte del proceso de su emancipación.

El regreso al nacionalismo, como una reacción a la despiadada globalización del capital, enfatiza las identidades culturales y antepone la pertenencia a un territorio vinculado con la “sangre” sobre otros vínculos, y desvía la atención de las relaciones de poder capitalistas y del patriarcado.

El nacionalismo kurdo (al igual que el palestino), que se destaca por el mostacho de sus líderes, ha ignorado las demandas por la igualdad de las mujeres o de la justicia social de los trabajadores, bajo el pretexto de la “prioridad” de la liberación nacional y que dichas demandas “dividen y debilitan el movimiento”. Uno de los rasgos del nacionalismo de base biológica es justamente revindicar los códigos de género tradicionales, y la endogamia: a menudo los kurdos prohíben el matrimonio de sus mujeres con los hombres de otras “nacionalidades”.

Mujeres con coraje y audacia

La contundente presencia de las mujeres en los cuatro kurdistanes (turco, iraní, iraquí y sirio) es el resultado de un siglo de batalla y una profunda crisis de masculinidad y su poder.

Las mujeres kurdas de Turquía pudieron votar en 1934; las de Irán levantaron la República de Mahabad en 1946 y la defendieron con armas y con sus vidas, y regresaron en 1980 en decenas de Comités de Mujeres (en Sinna, Mariwan, Saqez, Baneh, entre otras ciudades), soñando el federalismo. Miles de ellas han sido ejecutadas durante la durísima represión de la teocracia islámica que secuestró la revolución democrática. Hoy, Zeinab Jalalian, militante del Partido por la Vida Libre en Kurdistán (PJAK), filial de PKK, y detenida en 2008 es la única presa política del Oriente Próximo condenada a la condena a cadena perpetua, tras conmutar su pena de muerte.

La partisana kurda-iraní Zeinab Jalalian
La partisana kurda-iraní Zeinab Jalalian

Aunque los kurdos de Siria exageradamente presentan una serie de reformas “municipales” como “la Revolución de Rojava”, han conseguido que el 40% de los cargos gubernamentales se reservasen para ellas, o que haya un sistema de “copresidencia” (un hombre y una mujer) en la dirección de las instituciones públicas: es uno de los resultados de la admirable lucha de las mujeres, pero también de la creencia infundada de Öcalan de que las mujeres salvan la política de la corrupción y la democratizan: Öcalan no tiene contacto con el mundo real.

Rojda Felat, comandante kurda-siria de las Unidades de Protección de la Mujer
Rojda Felat, comandante kurda-siria de las Unidades de Protección de la Mujer

En la Región Autónoma Kurda de Irak, bajo el control de la derecha feudal, hay sólo una mujer ministra entre 21 hombres, y a pesar de que su Constitución castiga los asesinatos por honor, restrinja la poligamia, y otras reformas de violencia, la ley no se aplica.

Öcalan, en sus textos, no hace ninguna referencia a la necesaria solidaridad entre los hombres y mujeres de la región. La ”mujerología” de Öcalan, que niega el feminismo, la ideología universal que lucha por eliminar todas las formas de violencia y desigualdades históricas sobre la mujer y ha adaptado sus tácticas a las singularidades de cada sociedad, es otra modalidad de la feminización del patriarcado al igual que el llamado “Feminismo islámico”; ambos tienen como objetivo impedir la unión de las mujeres a nivel mundial, que sufren fundamentalmente los mismos problemas: pobreza, exclusión, agresiones físicas, etc. El miedo al feminismo ha conducido a algunos dirigentes de Occidente y de Oriente a equipararlo con el “libertinaje” y “lesbianismo” o “destruyefamilias”  o “ trampa colonialista-occidental”.

La Zhinelogía de Apo es simplemente antifeminista.