Opinion · Punto y seguido

‘Russkiy mir’ y el «¡choca esos cinco!» de Putin a Bin Salman

Vladimir Putin y Mohammed Bin Salmán se chocan las manos en la cumbre del G-20. / AFP
Vladimir Putin y Mohammed Bin Salmán se chocan las manos en la cumbre del G-20. / AFP

La reunión de los ricos y poderosos de la G20 del 30 de noviembre no será recordada por la preocupante anulación del encuentro entre Trump y Putin tras el anuncio del abandono del Tratado INF de destruir sus misiles nucleares de corto y medio alcance por parte de EEUU, sino por el saludo efusivo del presidente Putin al acorralado y censurado príncipe saudí Mohammed bin Salman (MBS), acusado de asesinar al periodista Jamal Khashoggi.

Se sentaron juntos y con una amplia sonrisa miraron a las caras de estreñimiento de los presentes. ¿Celebraban algo? Horas antes, Kirill Dmitriev, el director ejecutivo del Fondo de Inversión Directa de Rusia anunciaba que Arabia había prometido a Moscú una nueva inversión de 2.000 millones de dólares, unas participaciones en la petrolera Armaco, y una mayor colaboración con Rosneft, entre otros acuerdos. Pero, también es cierto que Rusia se siente en deuda con los jeques: Apoyaron su adhesión a la Organización Mundial de Comercio y se negaron a seguir las sanciones del Occidente por los asuntos de Crimea y Ucrania.

Vladimir Putin, a diferencia de los líderes de Europa y EEUU, no llena su boca de los “valores y derechos humanos” para luego arrastrarlos por los suelos de Afganistán, Siria, Libia, Yemen o las aguas del Mediterráneo. Trump que prometió «castigos severos» a los asesinos, tras el regreso de Mike Pompeo de Riad con un cheque de 100 millones de dólares destinado supuestamente a “estabilizar las regiones liberadas de Siria”, dijo que no le importaba si MBS tenía conocimiento del magnicidio o no. Arabia es clave para EEUU tanto por los negocios bilaterales como por su papel en contener a Irán.

Putin afirmó creer las explicaciones (¿cuáles?) de los saudíes sobre Khashoggi: ¡Será porque los jeques son símbolos de la verdad, transparencia y ética! Los incondicionales del presidente ruso deberán aclarar el lugar de dichos valores en la ideología de su ídolo.

Lo cierto es que, la relación entre Rusia y Arabia que hoy es más densa que el alquitrán del petróleo, se debe al pragmatismo desideologizado de Moscú. En Oriente Próximo, Putin se ha centra en crear una arquitectura de relaciones que sirvan a los intereses nacionales de su país, y al contrario de EEUU que juega a suma cero de “o estás conmigo o contra mí”, no exige a ningún estado que rompa sus vínculos con otro como condición de establecer relaciones comerciales y políticas.

Historia de una relación turbulenta

La Unión Soviética reconoció al Reino de Arabia Saudita (RAS) en 1932, aunque seis años después y tras la entrada del país árabe en la órbita de EEUU (que coincidió con el hallazgo de depósitos de petróleo más grandes del mundo en sus desiertos), la embajada de la URSS es clausurada hasta 1991. EEUU y Arabia cooperaron para desmantelar a la Unión Soviética con dos estrategias: 1) patrocinar en 1979 a la extrema derecha religiosa en los países  fronterizos, y 2) bajar el precio del petróleo de los 35 dólares el barril a 10, hundiendo la economía soviética (la misma política de hoy contra Rusia, Irán, o Venezuela, utilizando incluso el cadáver de Khashoggi). En 1948, EEUU había planeado destruir la industria petrolífera en todo Oriente Próximo (tapar los pozos, deshabilitar las refinerías, etc.), en caso de que la URSS consiguiera hacerse con el control de zona o que las fuerzas progresistas de región tomasen el poder tras la derrota del fascismo, como sucedió en Irán.

RAS reconoció la Federación de Rusia, y en 2003 el príncipe heredero Abdullah bin Abdulaziz visitó Moscú. Putin, el primer mandatario ruso en pisar la tierra de Mahoma, le devolvió la vista en 2007. Diez años después, el rey Salman será el primero monarca saudí en aterrizar en el país de Pushkin, y no para participar en un evento cultural sino discutir el precio del petróleo y averiguar si Rusia es capaz de apadrinar su monarquía ahora que Washington le retira la garantía de seguridad. Desde su conversión fraudulenta en “Príncipe heredero” en 2015, MBS ha visitado Rusia cuatro veces. Otra consecuencias del cambio de sistema político en Moscú ha sido el sorprendente diálogo Ruso-Talibán, en un Afganistán ocupado por decenas de miles de tropas de la OTAN.

En noviembre de 2008, el rey Abdullah propuso construir una mezquita en Moscú, que tenía cuatro para sus dos millones de musulmanes. La respuesta de varios grupos ortodoxos fue contundente: ¡De acuerdo!, pero si al mismo tiempo nos autoriza levantar una Iglesia ortodoxa rusa en La Meca, la visita de los cristianos a los lugares sagrados musulmanes, llevar cruces en Arabia y organizar cursos sobre la doctrina de Jesús. Es el mismo año en el que Riad cancela el contrato de Russian Railways de 800 millones de dólares para construir un ferrocarril de 520 km: fue una protesta por el acuerdo de unos 4.000 millones de dólares que la compañía firmó con Libia, para unir Bengasi y Sirte.

Aunque la guerra contra Siria colocó a ambos países en bandos enfrentados, y es posible que Riad haya utilizado el terrorismo para forzar a Putin a acabar con Bashar al Asad, el “éxito militar ruso” en Siria ha sido justamente uno de los factores del acercamiento de los jeques a los eslavos: es gente seria y no abandona a sus aliados como lo hace EEUU, pensaron. Pero, los estados tienen intereses cambiantes que no aliados fijos.

¿Por qué Arabia es importante para Rusia?

1. Por su papel en el mercado de petróleo. La OPEP contará con una secretaría en Viena, encabezada por Rusia, país no miembro del cartel. Los dos gigantes energéticos se sienten amenazados por el petróleo y gas de esquisto estadounidense, y la extraña política de Trump para exportarlos. Arabia, Rusia e Irán lograron un acuerdo en 2016 para reducir la producción de petróleo crudo en 1,8 millones de barriles por día con el fin de impedir la caída de los precios. Pero, EEUU ha conseguido el apoyo ruso para poder imponer las sanciones sobre el petróleo iraní: el ministro de energía saudí Khalid al-Falih, su homólogo ruso Alexander Novak, el secretario de energía de EEUU Rick Perry acordaron en septiembre pasado llenar el mercado con miles de barriles para que no se notara la expulsión de Irán. Así, EEUU podrá alargar el tiempo de las sanciones, estrangulando a la nación iraní. A demás, en menos de tres meses los precios han caído de unos 80 dólares el barril a cerca de 60, mostrando que la amenaza de Trump a derrocar al régimen saudí si no bajaba los precios, ha funcionado. Pero, el estado rentista, mono productor y con miles de príncipes parásitos y derrochadores del dinero público, corre una grave amenaza con las arcas que pueden quedarse vacías.

2. Por su poder financiero: en 2017 el comercio exterior entre Rusia y Arabia Saudita aumentó un 86% en comparación con el 2016. Riad ha hecho una inversión de 5.000 millones de dólares en un proyecto de gas natural en el Ártico ruso, ha comprado el 30% del capital de la compañía de gas Novatek, ha firmado un acuerdo de armas por 3.000 millones de dólares y ha negociado la compara de cuatro reactores nucleares (¿Y no le preocupa a nadie que los utilice para fabricar la bomba?), aunque es a EEUU a quien Riad compra gran parte de sus «armas hermosas», en palabras de Trump.

3. Excluida de los mercados de EEUU y Europa desde el 2014, Rusia explora los de Oriente Próximo, China e India. Riad ha anunciado que la venta de participaciones de Aramco empezará en 2021, y la Bolsa de Nueva York podrá quedarse fuera del juego, si los tribunales de EEUU siguen exigiéndole indemnizar a las víctimas del 11S, lo cual puede ser una oportunidad para los rusos. En caso de que el comercio entre ambos países siga creciendo, el reciclaje de petrodólares se ralentizará asestando un importante golpe al sistema bancario occidental, y si deciden excluir al dólar (como China que ya presiona a Riad para usar el yuan), habremos entrado en una nueva era financiera.

4. Por su influencia sobre el integrismo sunnita de Rusia. Riad ahora apoya la política de Putin en Chechenia.

En realidad, el “amigo especial” de Rusia es Emiratos Árabes Unidos: Entre el 2000 y el 2017, el volumen del intercambio comercial entre ambos aumentó de 200 millones de dólares a 1.6 mil millones, mientras el comercio con Arabia en 2016 fue tan sólo unos 900 millones. Quizás MBS haya vinculado los contratos de armas rusas con el distanciamiento de Moscú de Teherán. El 30 de noviembre, ni Rusia ni sus escudos antimisiles en Siria reaccionaron ante el último ataque de Israel a las posiciones de Irán, país que no debe esperar que Rusia derribe una caza israelí por él.

La “exitosa” experiencia con Turquía -de atraer la cooperación de un socio de la OTAN-, anima a Moscú probar la suerte con RAS. Es consciente de que los regimenes de Oriente Próximo, unos enfrentados con otros, ante la ausencia política de EEUU en la región, buscan un nuevo liderazgo. El RAS, por su parte, está diversificando sus puntos de apoyo, y de paso chantajea a su viejo aliado: si me abandonas, iré con tu mejor amigo.

El nuevo equilibrio de las potencias extranjeras en esta región es el resultado de 1) una hábil diplomacia rusa combinada con la estrategia de recuperar su posición como potencia mundial y 2) la obsesión de Trump por Irán olvidando el resto de los países de la zona. Putin, como reza el dicho machista, “baila con todas sin casarse con ninguna” (también “reconcilia” en el interior del país los símbolos del socialismo con los zaristas sin despeinarse). Kremlin no tiene intención de acabar con la hegemonía de EEUU en el Golfo Pérsico: sólo pide que se comparta.

Moscú se ha ofrecido para mediar en el conflicto de Yemen, cuyos niños esqueléticos han sido la manifestación de la decadencia global de la ética y la política. Está negociando con el Partido Socialista de Yemen, el Movimiento Separatista del Sur, y otros, con la mira puesta en el Mar Rojo. Tanto Moscú como Teherán han disfrutado al ver cómo el principal aliado árabe de EEUU se ha empantanado en aquel pobre país.

La doctrina del equilibrio regional ruso está basada en alianzas estratégicas desideologizadas y no excluyentes; busca principalmente beneficios económicos que no políticos, y mientras intenta impedir más guerras, aprovecha la enemistad de EEUU con los persas, turcos y árabes.