Quien quiera oír, que oiga

La tarea de cuidarnos

No podría comenzar este artículo sin dar un mensaje a todas las personas que están trabajando para que el resto de la gente podamos vivir confinadas, porque son muchos los servicios esenciales y los esfuerzos de trabajadores y trabajadoras que durante tanto tiempo ha sido azotada por las crisis, la precariedad, con bajos salarios, con dificultades para poder sobrevivir, que nunca han estado en el tiro de cámara o que ya se han ido cuando se encienden las luces, y que hoy se erigen como los que están sosteniendo y cuidando de la vida. Esto debe hacernos reflexionar y plantearnos una cuestión: de esta no nos va a sacar el Estado, ni el Gobierno, de esta crisis nos va a salvar el pueblo porque es un reto colectivo de toda la sociedad.

En esa tarea el Gobierno, las instituciones deben estar al servicio de la gente entendiendo, sobre todo, que esto es un reto para la humanidad, para todos los pueblos, y esto precisa de una línea de actuación muy clara: el humanismo y la vida se tienen que colocar en el centro a la hora de abordar esta crisis.

¿Qué significa que las instituciones tienen que facilitar? Que debemos poner el ojo en cómo nuestra gente, ante una situación tan difícil, se ha remangado sin que le temblara el pulso, y se ha puesto a la tarea de mantener la vida en nuestros barrios y en nuestros pueblos ante lo que no hay que denominar como una crisis de los cuidados. Una crisis de los cuidados donde hoy es necesario que para que mucha gente mayor pueda acceder a los productos básicos, son sus vecinos y vecinas quienes se están organizando y están facilitando que puedan acceder a ellos. Donde las costureras, las aparadoras, tan precarizadas y olvidadas, a quienes muchas veces la institución les ha dado la espalda en sus reivindicaciones, no han sabido ponerse de perfil y están cosiendo con sus cansadas manos mascarillas para todos nosotros y nosotras y han encontrado la forma de homologarlas para que podamos usarlas. Donde los trabajadores y las trabajadoras de muchas empresas son las que están dando un paso adelante para reconvertir su producción y ponerla al servicio de esta lucha común.

Las empresas deben escuchar la sabiduría de la gente trabajadora y apoyar las iniciativas de transformación de la producción que se están tomando. Es importante también que se apoyen desde el Gobierno, pero siendo conscientes de que es necesario escuchar a los profesionales que son los que son capaces de realizar ese proceso de transformación. Que necesitamos a nuestros ingenieros, a nuestro operarios, a nuestras operarias trabajando para ese proceso de transformación de la industria que haga que podamos enfrentarnos hoy a un mercado desalmado,  cruel, que impide el conjunto de los pueblos del mundo podamos afrontar una situación como esta. Quién nos lo iba a decir, en el siglo XXI, que los pueblos de los países mas desarrollados, cuando íbamos a tener que necesitar materiales básicos no éramos capaces de acceder a ellos por un mercado cruel e inhumano. Lección aprendida: es necesario el desarrollo de industrias estratégicas que nos provean de todo lo necesario para la vida.

Esto no es un guerra, es una emergencia, y en las emergencias hay que hacer cosas que son mucho más difíciles que combatir, que es cuidar. Esto es una crisis de los cuidados, donde aquellas que habían estado avisándonos durante todo este tiempo que las estructuras de cuidado eran frágiles, son las que están en primera línea hoy aguantando la crisis. Y tenemos que aprender de todo esto. Tenemos que aprender pero tenemos que actuar hoy, y actuar hoy en primer lugar, entendiendo que es una crisis sanitaria mundial, y que a continuación habrá una crisis económica y social mundial. Y que ya no sirven los dogmas de la competitividad o de la competencia cruel, que es el momento de la cooperación y de la fraternidad, de la solidaridad. Que nos necesitamos los unos a los otros.

Es cierto, en muchos momentos para afrontar grandes tareas es necesario la articulación de una épica que nos permita poder afrontar esos grandes retos difíciles, para poder afrontar esas tareas descomunales. Bien, construyamos una épica de los cuidados que se base en la empatía, en la generosidad, en la humildad, en la hermandad humana y en el amor a la vida. Y eso significa que hay algunas propuestas que no vamos a poder escuchar jamás. Jamás escucharemos que a un ser humano se le pueda distinguir o se le pueda privar de un tratamiento médico por no tener dinero suficiente, aquellos que defiende eso son un peligro para la Salud Pública. Y ese criterio de discriminación no puede establecerse tampoco por un pasaporte que tengas en el bolsillo o por no tenerlo.

Esta es una emergencia que requiere de todos los esfuerzos, del esfuerzo del conjunto de la comunidad, todas las personas que hacen parte de nuestro país, y del conjunto de los seres humanos en este mundo, tenemos posibilidades de participar en este reto. Son tareas, no peleas lo que hacen falta hoy. Tareas de salud pública, educación para la salud y menos programas televisivos donde se transmite el terror. Es necesario hablar con la gente y plantear que enfrentarse a un fenómeno de emergencia sanitaria como éste significa que vamos a tener que convivir con el virus durante mucho tiempo y que vamos a tener que adoptar medidas de salud pública de las que vamos a poder participar todos: desde el más pequeño de la casa al más mayor.

Necesitamos reconvertir el modelo económico para salir de aquí. Estamos en la fase de la emergencia sanitaria, pero vamos a una fase de emergencia económica y social. Las medidas sociales se tienen que seguir profundizando, fundamentalmente para que la gente que está en casa esté tranquila porque el Estado va a estar de su parte y la va a cuidar. Que el conjunto de la población tiene que tener medios suficientes para vivir. Que igual que se ha hecho con las hipotecas, hace falta dar un paso con los alquileres. Los autónomos y las PYMES: tienen que saber que el Estado les va a garantizar que no va a ver presión crediticia, que los bancos van a ser capaces de esperar, que tienen que esperar, y que tienen que entender cual es la situación de nuestro país y que si no lo entienden, el Estado se lo va a hacer entender hasta que respeten a la gente.

En ese sentido creo que es importante que entendamos que el proceso de reactivación económica que se va a dar a partir de que salgamos de aquí, incluso para poder abordar cuestiones centrales en el proceso de reconversión de la economía que vamos a tener que hacer en lo inmediato en algunos sectores productivos, es el paso de una economía basada en la competencia feroz a una economía que se base en el cuidado y en la cooperación fundamentalmente.  Creo que además,es necesaria la cooperación de todas las Administraciones Públicas y del conjunto de la población para abordar esta emergencia. Hoy la principal cooperación que se puede hacer es permanecer en casa, hay sectores que están participando y están cooperando en esta situación reconvirtiendo la producción y facilitando servicios que no existían para poder facilitar la vida en el confinamiento, pero que va a haber que hacer muchas cosas más y va a tener que participar la gente. Y ahí sí que quiero remarcar la educación para la salud para poder afrontar este asunto. En este sentido, es fundamental compartir la inquietud de muchos profesionales de cuidar la joya de la corona de nuestra Sanidad Pública que es la Atención Primaria. La primera línea para poder, precisamente poder, abordar las cuestiones desde el punto de vista comunitario.

La naturaleza nos reta frente a la soberbia de la autosuficiencia y la competencia feroz entre los seres humanos. Nos ha puesto frente al espejo para recordarnos la vulnerabilidad de la vida y la interdependencia de los seres humanos que fundamenta la necesidad de la fraternidad y de la sororidad como el derecho a la existencia. Es la hora de demostrar que no somos la simple suma de individuos y familias, somos una sociedad capaz de cuidarnos. Como dijo Machado de nuestro país lo mejor es nuestro pueblo, siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, y la salva. Todos los que estamos en las instituciones debemos dar todos nuestros esfuerzos y todas nuestras tareas para poder ponernos a al servicio del pueblo. No es el momento de ser pesimista ni optimistas, creo que todos y todas tenemos que ser militantes de la esperanza, esencialmente aportando nuestro trabajo humildemente en la tarea colectiva que hoy nos ocupa como sociedad: cuidar y cuidarnos.