La tele no mató a la radio

Hubo un tiempo en que se creyó que la televisión acabaría con la radio.

Era cuando las teles eran de tubo y en lugar de tener el mando, tenías hermano. Y claro, si un televisor de aquellos caía encima de una radio, no había forma de salvarla.

Eso en cuanto a continente. En cuanto a contenido, el medio televisivo se limitó a esquilmar la radio todo lo que pudo. Hasta hoy.

Hasta hoy mismo, vaya, y lo que te rondaré. Porque este lunes, TVE ha estrenado el mismo programa que lleva décadas haciéndose en todas las radios generalistas del país. La estructura de La mañana de La 1 es sencilla a más no poder: consiste en un presentador, en este caso una más que correcta Mariló Montero, alrededor del cual van pivotando todas las secciones cuyo peso llevan los distintos colaboradores del programa. Bien, esto no es del todo exacto, lo reconozco. Más bien al contrario, Mariló no es un eje inmóvil, porque la pobre se tiene que dar sus buenas carreras para llegar a las distintas partes del plató donde pasa cada cosa.

Lo que pasa son las habituales secciones de salud, actualidad, cocina, sociedad. Lo habitual en las mañanas radiofónicas. Hasta el punto que hubo secciones que ni siquiera contaban con las habituales imágenes que en otros programas ilustran (mal) las palabras de invitados y colaboradores. Tiene hasta boletines informativos cada hora.

Aunque no hay grandes cambios respecto a la etapa anterior en la programación matinal de la pública, si me ha parecido notar un cierto cambio de aires. Sin dejar de ser más de lo mismo, he creído olisquear un cierto tempo diferente (y mis percepciones olfativas no tienen nada que ver con el calor que hace en Madrid estos días). Había como un cierto aire a programa despertador americano. Quizá por ese tono blanco que intenta impregnarlo todo. Veremos lo que dura la intención.

La mañana de La 1

 Mariló y el frente juventudes

La sección de actualidad ya pecó de antiguos vicios a la hora de exponer un conflicto entre vecinos y botelloneros. Tampoco se pasaron. De hecho, creo que estaban los de Callejeros viéndolo al grito de: “¡uuuuuuuyyyy!” y “noooooo, menos charla y más farla” y así.

Otros dos puntos flojos: la tertulia de Fernando Ónega y la sección de “humor” con Capitán y García. La primera porque Silvia Tarragona es el nuevo Ramoncín, pero sin pollo frito. Y la segunda por pecar contra el divino mandato de la SGAE, porque parece que el guión lo hubieran cogido de un descarte de Arangüena en Espejo público. ¡Capi! ¡Puedes hacerlo mejor!

¿Verdad?

Pero, ya que he cogido inercia, les voy a revelar lo peor. El mal endémico. La insoportable levedad del ser. No, mucho peor, incluso. Sí, les voy a revelar El código Da Vinci. Porque lo terrible del caso es que La mañana de La 1 es que un programa de radio no deje de ser una de las ofertas matutinas menos vergonzantes de la televisión.