Daños y perjuicios (no es un post de política)

Me piden las chicas de Canal + que les recuerde el estreno de la segunda temporada de Daños y perjuicios (Damages) el próximo 7 de septiembre. Lo haré (¡corran a su distribuidor de televisión de pago más cercano!) por dos razones.

El primer motivo es que en realidad nunca hemos hablado de la serie en este blog más allá de la sospecha de plagio de Acusados. Ya saben, aquí siempre huyendo el morbo.

Damages es el contenido televisivo con más trampas por minuto de emisión por detrás de los call TV. Imagínense: una serie sobre abogados y políticos corruptos, valga la redundancia (¡huy, lo que he escrito!). Como si de Mujeres y hombres y viceversa se tratase, todo el mundo engaña a todo el mundo y el espectador es posiblemente el que menos información maneja del conjunto.

Al igual que todo en esta vida, podría ser una película de Antena 3 a mediodía (como género), pero tiene una gente muy potente delante y detrás de las cámaras. Y no lo digo porque uno de los realizadores sea Mario Van Peebles. El reparto de la serie podría usar sus merecidos premios como amarracos para jugar al mus. Se han llevado Emmy por su papel en Damages Glenn Close y Zeljko Ivanek, mientras Rose Byrne y Ted Danson empiezan a entrar en la categoría de eternos candidatos, tanto en los Emmy como en los Globos de Oro. La Close, que también se llevó éste, seguro que se dedica a chincharles en el set. Menciono estos galardones por ser los más conocidos, no los únicos.

 

La careta de entrada no sólo me gusta, sino que va estupenda con el diseño urbano de esta bitácora

Una vez finiquitada la primera temporada, con una trama principal perfectamente resuelta, el riesgo de resbalón en la segunda era claro. No nos engañemos, pierde un poco de tensión. Pero en una época en la que Los misterios de Laura puede convertirse en un éxito tampoco es como para preocuparse. Se incorporan además William Hurt y Marcia Gay Harden y todas las tramas se retuercen un poquito más. Lo bastante para pasarse de rosca si no tuvieran unos guionistas que para sí quisiera el equipo de comunicación del PP.

La parte buena es que los personajes no tienen más remedio que evolucionar y que no se trata de repetir sin más una fórmula que funciona. Se trata de forzarla un poquito más y ver hasta dónde llega sin romperse. En la segunda temporada siguen sin verse las costuras y los mecanismos aún funcionan. Volveremos a tener miedo cuando empiece la tercera.

Ah, lo olvidaba. La segunda razón para este post es que las chicas de Canal + me lo pidieron por favor… mientras me regalaban una caja de donuts. Y es que yo soy muy sensible a la educación.