Otra vez: qué hacemos con la tele pública

Elucubrábamos la otra noche acerca del futuro de TVE como servicio público sin publicidad. Esta es la charla desde el punto de vista del Anómalo:

– Será difícil que mantengan un perfil claro si ni la corporación define de una vez por todas qué entiende por servicio público.

– O bien los poderes ejecutivo y legislativo.

– Sin duda.

La charla desde cualquier otro punto de vista:

– Eres mi mejor amigo.

– Su tabaco, gracias.

– ¡Mi mejor amigo!

Si ellos toman decisiones legislativas los sábados de marcha, yo reflexiono sobre ellas los sábados de marcha. La pregunta que subyace en todo esto es la de siempre: ¿es Águila Roja servicio público? Por lo que sea, éste es un tema que nos tiene a todos muy preocupados.

¿Cuál es el criterio de audiencias que va a seguir TVE? Dentro del concepto servicio público, parece extraño competir con otras cadenas por productos con grandes posibilidades comerciales. Si las privadas quieren una serie de éxito, ¿por qué no cederla al mejor postor? La ciudadanía va a tener acceso a esta ficción, el servicio está garantizado y una tele pública arrasando en audiencia sin rentabilizarla sí que va a ser una anomalía (jijiji) en el mercado. Vasile, Carlotti, ¿a que no habíais pensado en eso?

Imagínense que en el campo de ficción, TVE tuviera que apostar siempre a la calidad en lugar de a la cantidad y acabara convirtiéndose en una especie de HBO pública. ¡Como escarpias se me ponen las calandracas! Y cada vez que algo funciona, hale, a subastarlo a las privadas. Esta idea de financiación os la regalo, Luis Fernández, pero a partir de ahora cualquier otra os la facturo como consultor, que es la ilusión de mi vida.

El caso es que la corporación ya tiene un modelo de servicio público sin publicidad para seguir. Y lo tiene en su misma casa: Radio Nacional. Claro, que es un modelo muy sui generis. Porque ¿qué hace la radio pública? Exactamente lo mismo que las privadas generalistas. Pero exactamente, ¿eh?: magacín mañanero, informativos mediodía, magacín de tarde, más informativos y programas raros por la noche. Lo único que no hacen programa de deportes, cosa que apreciaba mucho cuando tenían El ombligo de la Luna. Ahora no tanto.

Con estos mimbres y lo que pesa el funcionariado en sus estructuras, tienen la audiencia que tienen, que no es mucha pero está creciendo. Supongo yo que a base de rellenar el cada vez más amplio hueco que queda entre las polarizadas emisoras privadas. Ocupan la tierra de nadie en el dial. Sobre todo si tenemos en cuenta que, efectivamente, cubren más territorio que ninguna otra cadena.

La mañana de La 1 ya ha iniciado ese recorrido en televisión. Ya es el magacín que las privadas no quieren o no pueden hacer. Aunque yo mataría por tener a Belén Esteban en Saber vivir. Por las tardes sólo se saltan esa vía con Amar en tiempos revueltos y el culebrón que le sigue.

¿Y el prime time? Ah, el prime time, el eterno prime time