Opinion · Un paso al frente

Señor Sánchez, déjese de mundiales de fútbol con Marruecos y termine con la barbarie en Yemen

Señor Sánchez:

Quizás no lo sabe, o no quiere saberlo, pero Yemen puede convertirse, según ACNUR, en la mayor hambruna de los últimos cien años. Ya es, eso sí, según la ONU, la mayor catástrofe humanitaria del mundo. De hecho, solo durante esta semana fallecerán de inanición más de mil niños. Atroz. En Yemen más de 20 millones de personas se enfrentan a la guerra, la inanición y enfermedades como cólera o dipteria, y hasta 12 millones de personas se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad.

Lo que sí ya sabe es que en Yemen han fallecido por la guerra más de 6.500 civiles y han resultado heridos más de 10.000, de los cuales más de 5.000 eran niños. Según UNICEF, casi 2.400 niños han fallecido por el conflicto armado. Lo sabe porque cuando se produjo el escándalo de la venta de las 400 bombas de precisión, esas que, según Isabel Celaá o Josep Borrell, no matarán yemeníes porque son de precisión, usted tuvo que enterarse de ello. Fue cuando priorizó las comisiones de altas personalidades, que usted denominó puestos de trabajo, a los miles de muertos.

Por todo ello, verle visitar Marruecos y proponer la celebración de un evento deportivo con un país que forma parte de la coalición que perpetra la mayor catástrofe del planeta a día de hoy y que se ha convertido en el cuarto trastero de Europa con violaciones constantes de los derechos humanos resulta, como mínimo, inmoral. Marruecos no está para mundiales de fútbol y usted no está para convertir los derechos humanos en una moqueta que pisotear a placer. Su obligación es justamente la contraria.

Pero ya no hablamos de miles de muertos cualesquiera, de los que le importan un bledo, hablamos de niños. Un niño yemení no corre el peligro de comer esos productos que los padres, aquí en occidente, siempre queremos evitar. Ya sabe: la bollería o las golosinas. La obesidad infantil. Los yemeníes sufren desnutrición y adelgazan, pero a pesar de ello, sus enjutas piernas apenas pueden sostener el resto del cuerpo. Su piel, como la que acariciamos en nuestros hijos, se vuelve seca y flácida, sus músculos se consumen, sus huesos se desgastan, su pulso y su presión se ralentizan. Sus rodillas parecen espolones… Como puede comprobar, en nada se parecen a nuestros rechonchos bebés.

En sus entrañas el daño es todavía más dantesco. Sus órganos pierden peso, especialmente el hígado y el intestino, también el corazón y los riñones, aunque en menor medida. Órganos que son iguales que los de nuestros pequeños, esos cuyas manitas tan solo agarran nuestros dedos.

Sus rostros se vuelven pálidos y sus cabellos se caen. Niños sin pelo, señor Sánchez. Debe ser casi diabólico contemplar sus ojos apagados o perdidos, frustrante intentar animarles. Porque a los niños en Yemen no hay que perseguirles, hay que reanimarles. Casi sin excepción padecen de apatía, irritabilidad y un agotamiento perpetuo. Los mismos peques que aquí son pura energía y nos dejan agotados con su vitalidad en Yemen tienen problemas cardiorrespiratorios, sus heridas no cicatrizan y su temperatura corporal desciende. Caerse en Yemen es una tragedia, una de verdad, y una herida en una rodilla casi un acta de defunción.

Los mismos peques a los que llevamos al pediatra al mínimo resfriado o a la mínima complicación padecen en Yemen una diarrea tan continuada que en muchos casos se produce el prolapso del recto. Esto es: el recto se gira de dentro hacia fuera y la mucosa rectal se convierte en una protuberancia. Los niños con este problema tienen el recto visible, pierden materia fecal de forma incontrolada y sufren hemorragia rectal.

Finalmente, aunque su destino será fallecer por un colapso vascular o una insuficiencia cardíaca, lo normal será que antes de ese desenlace alguna enfermedad acabe con los debilitados cuerpos, como neumonía, tuberculosis o las mencionadas anteriormente. Enfermedades que podrían contenerse con ayuda humanitaria, no con bombas de precisión como las que vende o mundiales de fútbol como los que propone.

Mientras esto ha sucedido y sucede, España ha obtenido unos beneficios sin precedentes: hemos vendido a los sauditas y sus aliados 361 millones de euros solo en 2017 y 1.200 millones de euros desde 2015. Ignominia a la que, a diferencia de otros múltiples países occidentales, se ha negado a poner fin.

Por ello, los miles de niños yemeníes que fallezcan por el conflicto bélico o sus consecuencias (inanición o enfermedades) y el destino de los 12 millones de personas en riesgo de hambruna o los 16 millones de personas necesitadas de atención sanitaria caerán sobre su conciencia, sobre su gobierno y sobre la historia de España. Esa historia que usted quiere adornar con un mundial.

Porque no solo debería cesar la venta de armas a Arabia Saudí, sino que debería sancionar económicamente a los sauditas hasta que cese el conflicto, presionarles diplomática, política y económicamente. Y, por supuesto, enviar de forma inmediata ayuda humanitaria al país. Yemen no necesita bombas, necesita alimentos. Y medicamentos. Y seguridad para reconstruir las ruinas del presente y construir un futuro.

¿Qué decir de Marruecos? ¿Pretende celebrar un mundial de fútbol que pase a la historia como el celebrado en la Argentina de la dictadura? ¿Pretende ensuciar de semejante manera nuestra historia? Marruecos está necesitada de muchas reformas, está necesitada de democracia, está necesitada de libertad, está necesitada de derechos humanos. En definitiva, Marruecos lo que necesita es que usted intente desalojar al sátrapa que tiene por gobernante en lugar de blanquearle la imagen. Aunque no estaría de más que antes de ello comience por desalojar al que tenemos en nuestro país.

Señor Sánchez, cese la venta de armas a Arabia Saudí, envíe inmediatamente ayuda humanitaria a Yemen y replantee la disparatada e infame idea de celebrar un mundial de fútbol con Marruecos.

Respete los derechos humanos y el derechos internacional.

Luis Gonzalo Segura, ex teniente del Ejército de Tierra y autor de El libro negro del Ejército español.