Opinion · Un paso al frente

¿Por qué llamó Óscar Reina, portavoz del SAT, «miserable» a Felipe VI?

Nada más conocer la detención en Granada del portavoz del Sindicato Andaluz de Trabajadores, Óscar Reina, por llamar “miserable” a Felipe VI, una pregunta atormentaba mis pensamientos: ¿qué quiso decir?

Vamos a ver, según la RAE, miserable es una persona “ruin o canalla”, “extremadamente tacaña” o “extremadamente pobre”; una cosa “insignificante o sin importancia”; o también “desdichado, abatido o infeliz”. Atendiendo a las acepciones anteriores se antoja enormemente complicado considerar a Felipe VI como «miserable». Yo, al menos, no convivo con él, con lo que no sabría decir si es tacaño, ruin o canalla, pero lo veo cuanto menos forzado. Quizás habría sido más apropiado denominar “avaricioso”, “egoísta” o “inhumano” si lo que se pretendía era hacer mención a la asignación cercana a los ocho millones de euros anuales mientras gran parte de su ciudadanía vive una situación de gran precariedad. Pero ¿y si refería a otra cuestión?

¿Quizás quiso llamarle fascista/franquista?

Tal vez, a lo que se quiso referir Óscar Reina al afirmar que Felipe VI es un «miserable» era a su filia fascista/franquista. Según la RAE, fascista es lo “perteneciente o relativo al fascismo”, “partidario del fascismo” o “excesivamente autoritario”. En este caso, usar fascista/franquista para dirigirse a Felipe VI encajaría mucho mejor que «miserable».

No resulta muy complejo percatarse que reina España gracias a la designación de un dictador fascista y genocida o que jamás se ha manifestado antifascista como si lo han hecho de forma inequívoca la mayoría de dirigentes políticos europeos.

No solo eso, sino que ha sido capaz de mantener el título nobiliario a la familia del dictador y a otros cuarenta franquistas. También ha consentido que se les entregue contratos en la Guardia Real a descendientes de Franco o que las Fuerzas Armadas que dirige se encuentren infectadas de fascistas/franquistas sin que se haya mostrado públicamente contrariado por ello (más de 1.000 altos mandos, entre ellos generales y coroneles, llegaron a firmar un manifiesto a favor de Franco, muchos de ellos cercanos a la Casa Real).

Por si fuera poco, nadie puede dudar de los lazos de amistad de Felipe VI con fascistas, su respaldo público e incluso su afecto personal. Pensemos, y solo es un ejemplo, en la familia real saudí, la cual encaja a la perfección en la definición de fascista: “No hay ningún secreto que el Reino de Arabia está dirigido por una familia, en el sentido más doncorleánico de la palabra, que aplica el Apartheid y un totalitarismo teocrático, el más severo del mundo que, como castigo a delitos como apostasía, adulterio, la homosexualidad y la hechicería no sólo amputa manos y pies, sino ejecuta con lapidación y decapitación, para luego crucificar sus cadáveres en público” (Nazanín Armanian).

En estas condiciones, denominar a Felipe VI como fascista/franquista difícilmente habría podido ser catalogado como un insulto, menos aún como una injuria.

¿Y si lo que quiso fue llamarle delincuente/criminal?

En cuanto a delincuente, la RAE considera que un delincuente es aquel que delinque, esto es, que comete un delito. Por ahí, quizás Óscar habría estado más acertado, porque si lo que pretendía era llamar «miserable» a Felipe VI por estar fomentando la venta de armas a Arabia Saudí cuando este es responsable de la mayor hambruna en los últimos cien años y la mayor catástrofe humanitaria que se vive en la actualidad, los términos «criminal» o «delincuente» se antojan más correctos. Aunque yo tampoco soy un experto en el asunto.

Pensemos que España ha vendido armas a toda la coalición de países que están bombardeando Yemen por valor de 1.200 millones de euros entre 2015 y 2017, años en los que ha durado el conflicto. Y el Jefe del Estado español es Felipe VI, lo cual le posiciona como claro responsable de esta violación de los derechos humanos y del derecho internacional. Sobre todo, porque sus relaciones son tan excelentes con la familia real saudita que sería rocambolesco pensar que las ventas se han realizado contra su voluntad. No le imagino llorando desconsolado y abatido por las ventas, especialmente si tenemos en cuenta que existen acusaciones sobre comisiones de su padre y la amante de éste.

Esta violación, por otra parte, constituye un delito por cuanto transgrede el artículo octavo de la ley 54/2007, sobre control del comercio exterior de material de defensa y doble uso, y lo hace en los apartados a) y c).

En el apartado a) se especifica que España no podrá vender armas “cuando existan indicios racionales de que el material de defensa, el otro material o los productos y tecnologías de doble uso puedan ser empleados en acciones que perturben la paz, la estabilidad o la seguridad en un ámbito mundial o regional, puedan exacerbar tensiones o conflictos latentes, puedan ser utilizados de manera contraria al respeto debido y la dignidad inherente al ser humano, con fines de represión interna o en situaciones de violación de derechos humanos”.

Y en el apartado c) se asevera que se denegarán las ventas de armas “cuando vulneren las directrices acordadas en el seno de la Unión Europea, en particular los criterios del Código de Conducta, de 8 de junio de 1998, en materia de exportación de armas, y los criterios adoptados por la OSCE en el documento sobre Armas Pequeñas y Ligeras de 24 de noviembre de 2000, y otras disposiciones internacionales relevantes de las que España sea signataria. Para la aplicación de los criterios del Código de Conducta se atenderá a las mejores prácticas más actualizadas descritas en la Guía del Usuario”.

Pero es que, además, ya hay informes que denuncian que Arabia Saudí posiblemente está cometiendo crímenes de guerra, según expertos de la ONU, o incluso el Parlamento Europeo ha solicitado hasta en tres ocasiones en los últimos dos años el cese de la venta de armas a los sauditas. De hecho, en 2016 Arabia Saudí fue incluida en la “lista negra” de países responsables de ataques a niños, tal y como admitió el propio Ban ki-moon, y solo las presiones internacionales consiguieron que fuera borrada de la misma.

Así pues, Felipe VI como jefe del Estado español y como persona conocedora de toda esta información podría ser catalogado, en todo caso, como «delincuente» o «criminal», pero, difícilmente no como «miserable». Incluso se podría aseverar que sería deseable que algún día fuera juzgado en un tribunal internacional junto a Pedro Sánchez, Margarita Robles, Mariano Rajoy, María Dolores de Cospedal, Pedro Morenés y todos los que hayan participado de tales ventas en la comisión interministerial que concede los permisos (JIMMDU), pero ¿»miserable»?

¿Y si Óscar quiso denominar déspota a Felipe VI?

Tal vez, cuando denominó como «miserable» a Felipe VI lo que quería decir fue déspota. Según la RAE, un déspota es el “soberano que gobierna sin sujeción alguna a la ley”. Dada la supervivencia, gracias a PP-PSOE-Cs, de la inviolabilidad jurídica del rey, es evidente que Felipe VI reina sin ningún tipo de responsabilidad jurídica como antes lo hizo Juan Carlos I, cuyas múltiples acusaciones jamás han sido juzgadas.

Por todo ello, habría sido un gran acierto, casi incuestionable, ya no jurídicamente, sino también moralmente, aseverar que Felipe VI es un déspota. Al menos, atendiendo al diccionario de la RAE, claro.

Óscar se equivocó y ahora merece pagar por ello

Después de este breve análisis, queda claro que Óscar cometió un error imperdonable al emplear el término «miserable» para dirigirse a Felipe VI, jefe del Estado español y, por tanto, merece que caiga sobre él todo el peso del Estado de Derecho. Por ejemplo, recibir una lección magistral en un oscuro y tétrico calabozo impartida por Manuel Sánchez Corbí, Billy el Niño o el general Galindo. O como mínimo, sufrir a los magistrados del Tribunal Supremo o de la Audiencia Nacional, tan representativos del Estado de Derecho como los anteriores.

 

Luis Gonzalo Segura, ex teniente del Ejército de Tierra y autor de El libro negro del Ejército español.