Opinion · Al piano

La espantada de Cifuentes y sus Minions

Juanma del Olmo. Secretario de Comunicación de Podemos

Cristina Cifuentes se enfrentó a la moción de censura como quién se sabe culpable, como un niño que ha robado en una pastelería y, con la boca manchada de chocolate, niega tener nada que ver con el mordisco a la tarta. Aunque las “mordidas” en el PP significan otra cosa menos inocente. Paralizada, testigo mudo de su propia impotencia, incapaz de defender su gestión y a su gobierno, Cifuentes parecía ausente, inquieta, como si en cualquier momento la UCO fuera entrar en el pleno de la Asamblea y ponerle las esposas.

Quizás por eso abandonaron en estampida la Asamblea. No hay que echarlos ya se van ellos solos, pensarán muchos al ver la espantada de ese compacto grupo de Minions que es el PP de Madrid.

Cifuentes anticipo el otro día su futuro. Su huida del debate de la Asamblea de Madrid es premonitoria de lo que será su abandono del gobierno. En cuanto Podemos le ha obligado a responder, la presidenta se ha dado a la fuga. Y es que la democracia tiene necesidades que el PP no acaba de asumir. En primer lugar necesita de demócratas que realmente respeten las instituciones, y en ese aspecto el PP anda escaso de personal. En segundo lugar, la democracia necesita transparencia, y en este sentido el PP tiene a sus cargos más transparentes en la cárcel. La democracia es para el PP de Madrid un trámite, un mal menor que tienen que soportar con paciente resignación para poder seguir haciendo sus negocios, pero todo tiene un límite; ¿Cómo van a dar explicaciones de sus turbios negocios ante los y las diputadas de la Asamblea de Madrid, elegidos por la ciudadanía, si se niegan a dárselas a la Guardia Civil?

Si España fuera un país normal, como insiste el gobierno del PP, el escándalo de la espantada de Cifuentes y sus Minions sería portada de todos y cada uno de los medios de comunicación de éste país. Si, como insiste el presidente Rajoy, todo fuera normal, el PP de Madrid ya se habría disuelto y entregado sus teléfonos móviles. Cuando un gobierno huye de la oposición, ese gobierno se sitúa fuera de la democracia.