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Buzón de Voz

Blog de Jesús Maraña

¡Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita!

10 ago 2009
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Todo el que la conoce asegura que la alcaldesa de Valencia es de esas personas que ponen el alma en lo que hacen. Es algo que se nota, que no se puede disimular. Rita Barberá no está acusada ni imputada en ninguna de las tramas de corrupción que enmarañan (con perdón) al Partido Popular.  Sólo se sabe que Álvaro Pérez, alias El Bigotes, virrey en Valencia de Francisco Correa, asegura que lleva cuatro años regalando a la alcaldesa bolsos de la marca Louis Vuitton. Cuando se conoció ese dato, Barberá puso toda su alma en negar la maledicencia. “Jamás en la vida he recibido regalos” de El Bigotes, aseveró santa Rita. Poco después, puso toda su alma en comparar tal obsequio, o los trajes de su compañero Camps, con las anchoas que Revilla regala a Zapatero. Cuando hasta las fallas de Valencia se descojonaron de la comparación, santa Rita puso toda su alma –en plan Cospedal– para denunciar la persecución a la que jueces, fiscales, policías y periodistas, todos ellos a las órdenes del Gobierno, están sometiendo al PP.

El TSJM reclama ahora a la Federación de Municipios y Provincias las adjudicaciones que este organismo hizo a las empresas de Correa y El Bigotes mientras Barberá fue presidenta. Santa Rita no tiene nada que ocultar, así que muestra con orgullo su Louis Vuitton, modelo ‘Alma’.

Rajoy pisa arenas movedizas

20 jun 2008
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Los más sesudos analistas y las fuentes menos contaminantes de las distintas familias del Partido Popular coinciden en una conclusión: Javier Arenas es el hombre fuerte de la nueva etapa emprendida por Mariano Rajoy. Y debe de ser tan cierto como que ayer por la tarde Ángel Acebes quiso ser la voz de los derrotados en este XVI Congreso Nacional del PP. Ambos enunciados contienen una diferencia esencial: sobre el primero disponemos de indicios fundamentados, aunque la política es una ciencia absolutamente inexacta y susceptible de cambio permanente; sobre el segundo tenemos la evidencia de la voz inconfundible del propio Acebes, que hilvanó un discurso de claridad meridiana, una defensa de cabo a rabo de los últimos cuatro años de oposición crispada. Vayamos por partes.

Javier Arenas (sevillano de Triana, adolescente en Cádiz, de juventud en la UCD y madurez aznarista) es señalado desde todos los rincones críticos del PP como el principal cerebro y muñidor del proclamado giro al centro que Mariano Rajoy emprendió tras la derrota del 9 de marzo. Así lo sostienen los liberales de Esperanza Aguirre, los moderados de Juan Costa, los antinacionalistas de Mayor Oreja y los federicos del entorno mediático de la derecha. Hasta las fuentes del PSOE y del Gobierno mejor relacionadas con la oposición coinciden en otorgar ese protagonismo a Javier Arenas.

Por si no sobraran indicios de su creciente influencia, en los días previos al congreso de Valencia se han acumulado varios. Rajoy desveló una de las ya escasas incógnitas que quedaban por despejar: los nombres del cuarteto que formará el núcleo duro de la dirección del PP junto a los portavoces parlamentarios, Soraya Sáenz de Santamaría y Pío García Escudero. La designación de María Dolores de Cospedal como secretaria general y del propio Arenas, González Pons y Ana Mato como vicesecretarios confirman la ascendencia del andaluz. Tanto Cospedal como Mato han sido estrechas colaboradoras de Arenas, y sólo el nombre de González Pons se interpreta como una cesión a otro barón del partido, el valenciano Francisco Camps.

No puede ser casual (casi nada lo es en política) que el propio Arenas ocupe precisamente la Vicesecretaría Territorial. Una de las señas de identidad del supuesto cambio que Rajoy quiere imponer en el PP es el que se refiere a la relación con los nacionalistas y a la radicalidad del mensaje sobre la estructura del Estado español. Esa apuesta le ha costado ya la fuga de María San Gil y la consiguiente indignación de Mayor Oreja y del ex patrón, José María Aznar. Se trata de dejar de asustar al personal en Catalunya y en el País Vasco, donde el 9-M la derecha se estrelló y donde se juega mayormente la posibilidad de recuperar algún día el Gobierno central. El discurso contra el Estatut, eje fundamental de la oposición de los últimos cuatro años, fue aparcado por Arenas en la negociación del nuevo estatuto de autonomía de Andalucía, donde también se habla de nación y donde se copian sin pudor artículos enteros del texto catalán que el PP tiene recurrido ante el Tribunal Constitucional.

Con pedigrí

El traje centrista, dialogante y simpático le viene a Arenas de lejos. Lo aprendió en UCD de la mano de Manuel Clavero y de Fernández Miranda, y lo lució con éxito como ministro de Trabajo en la primera legislatura de Aznar. Sólo se recuerda un borrón en su talante: aquella nefasta noche del 6 de junio de 1993, cuando proclamó que la victoria electoral de Felipe González había sido “un pucherazo”. Para compensarlo, anteayer se despachó con un mensaje valiente y rotundo: “la ultraderecha no cabe en el PP”.

Quienes conocen la habilidad política de Arenas confían en la sinceridad de su centrismo, aunque dudan que apueste ciega y exclusivamente por Mariano Rajoy como futuro candidato a la presidencia del Gobierno. Lloverá mucho de aquí a 2011, y Esperanza Aguirre, Camps y unos cuantos más esperarán otra oportunidad. Rajoy, por mucho empeño que le ponga, es el eslabón más débil en la credibilidad del giro del PP. Al fin y al cabo, la memoria y la hemeroteca atestiguan que lideró durante cuatro años la oposición más extrema y a menudo irresponsable de la historia reciente.

Angel Acebes defendió ayer exactamente esa política que hasta anteayer encabezó Rajoy. Se despedía y se desahogaba. Dijo muy clarito lo que probablemente Aznar esta tarde exprese con mayor diplomacia. Incluso deslizó un aviso a navegantes: “He dado la cara por el PP cuando me correspondía y a veces cuando no me correspondía”. El gesto de Rajoy como escuchante lo decía todo.

Rajoy confía en la otra crisis

06 jun 2008
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Las encuestas encargadas por el PSOE y el PP sobre los resultados electorales del 9 de marzo parecen coincidir en lo esencial: el PP fue derrotado por su radicalismo y por el débil liderazgo de Mariano Rajoy entre sus propios votantes, frente a la imagen moderada del PSOE y la credibilidad de José Luis Rodríguez Zapatero. Esos datos explican en parte el giro en el discurso de Rajoy y el consiguiente carajal organizado en sus filas. Anteayer, el líder del PP avanzó un paso más en su mensaje del viaje al centro: “No podemos quedarnos en una esquina”. Es una forma diáfana de reconocer que su partido se ha tirado cuatro años en el monte. De modo que Rajoy afronta esa conclusión convencido de que tiene ahora otros cuatro años por delante para suavizar mensajes y convencer al espacio central del electorado de que no es el lobo. Cabe preguntarse cómo pretende superar el pequeño escollo de que él mismo dirigía a sus huestes por el agreste monte y ahora decide bajar al valle y abandonar a unos cuantos en la citada esquina sin mayores explicaciones ni gestos de arrepentimiento. Tal contradicción ya es un obstáculo para ganar credibilidad, pero aún más complicado es resolver el segundo problema que apuntan las encuestas. La encargada por el PSOE refleja que el 58% de los votantes de derechas no ve a Rajoy como líder. No lo ven los votantes y es evidente que no lo ven muchos de sus propios compañeros de filas.

De Valencia a Galicia

Faltan quince días para el congreso de Valencia. A Rajoy le habría gustado salir de la capital del Turia con una cerrada ovación y un equipo de fieles en la cúpula del partido habiendo soltado ya el lastre de los nombres más contaminados por el radicalismo: Zaplana, Acebes, Mayor Oreja… a ser posible con el asentimiento mudo de su padrino, José María Aznar. Pero eso en el PP es como pedir que llueva hacia arriba. Aunque Juan Costa no se atreva a dar el paso final en Valencia con una candidatura alternativa y pese a llevar cargadita de avales la cartera, Rajoy ya no puede evitar salir tocado de la convención. Es prácticamente imposible que consiga un porcentaje de apoyo superior al del último congreso (81,8%), en el que las abstenciones sólo podían explicarse por problemas de transporte o gripes de última hora. Esta vez no sólo se vaticina mayor abstención, sino que existe el riesgo de que los sectores críticos, sin un cartel alternativo, se planteen jugar al voto en blanco, mucho más vergonzante para quien lo recibe que la abstención.

Superado el trago con mayor o menor desgaste, el reto siguiente pasa por las urnas. Rajoy sólo conseguiría recuperar alguna solidez en el liderazgo si saliera bien parado de los comicios previstos en los próximos meses. Incluso desde el PSOE reconocen que el PP, a pesar de su crisis actual, tiene un año por delante para llegar a las elecciones europeas en disposición de cosechar un buen resultado. Esa cita siempre ha sido utilizada por los ciudadanos para el voto de castigo. Rajoy se subirá a la grupa de la crisis económica e intentará culpar a Zapatero de las subidas de las hipotecas, los precios de los alimentos, el estallido de la burbuja inmobiliaria y la escalada imparable de los carburantes. Esa es la principal y casi única baza política que puede jugar el PP en la oposición. Su pretendido giro al centro implica que ya no puede denunciar la ruptura de España ni criminalizar a los nacionalismos ni manifestarse contra el Gobierno por la política antiterrorista. La moderación no admite esos disparates. Pero sí puede colocarse bajo la pancarta de los nuevos parados o de quienes temen que los inmigrantes ocupen sus puestos de trabajo. Se trata de que la crisis económica de los próximos dos años consiga por sí misma desgastar a Zapatero más que el debate político.

Pero antes de llegar a las europeas, Rajoy debe afrontar otras dos paradas en su viaje al centro. La de las elecciones vascas no pinta bien, porque la madre de todas las batallas se producirá entre el PNV y el PSE. Todos los sondeos pronostican una caída del voto del PP, a costa del cual puede crecer el apoyo a la UPyD de Rosa Díez. No sería el mal resultado vasco, en cualquier caso, la mayor herida de Rajoy en su calvario. Donde realmente se la juega es en su propia tierra. El actual PP de Galicia ha sido una apuesta personal del pontevedrés, que consiguió pasito a pasito deshacerse del clan de la boina que tanto ayudó a Manuel Fraga a perpetuarse en el poder. El PSOE aspira a ganar, por primera vez, en votos y a seguir gobernando con el apoyo de los nacionalistas del BNG. Si Rajoy no logra ser profeta en su tierra, donde hasta ahora no ha surgido una sola voz crítica, desde otras latitudes del partido lo echarán a los leones. Y para qué mencionar el traje que le cortarán sus locutores de cabecera.

Visiones de un candidato

29 oct 2007
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El presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, será proclamado hoy sábado, 27 de octubre, en la Feria de Muestras de Valencia, candidato a la presidencia del Gobierno. ¿Dónde está la noticia? No la hay. Este tipo de actos que organizan los principales partidos imitan el marketing político norteamericano para envolver con aplausos, fanfarrias, banderas y cintas de vídeo una reafirmación de liderazgo. En este caso, el festejo supondrá además un chute de autoestima para el líder del PP tras una semana horribilis. Empezó metiendo en un lío a un primo suyo catedrático de Física al citarlo como autoridad científica para despreciar todas las alarmas mundiales sobre el cambio climático. Podemos imaginar la vergüenza ajena del primo al verse retratado en la ignorancia de confundir el tiempo atmosférico con el clima.

Apocalipsis

La cosa podría haberse quedado en un llamativo patinazo de no ser por el esfuerzo de Rajoy para justificarlo. El jueves habló en la COPE, altavoz de mil rencores, para declararse “defensor del medio ambiente” y presumir de haber estampado su firma como representante del Gobierno español en una de las declaraciones fundamentales de compromiso con el protocolo de Kioto en la lucha contra el cambio climático. Pero no se conformó con ese ejercicio de memoria histórica, sino que denunció la “visión apocalíptica de la realidad” que demuestran quienes advierten sobre los peligros del calentamiento global. Conviene reconocer que es incuestionable la autoridad de Rajoy, de su entrevistador y de la cúpula del PP en lo que se refiere a “visiones apocalípticas de la realidad”. En los últimos tres años y medio, España se ha roto, ETA ha puesto de rodillas al Gobierno, Navarra salió a subasta, el 11-M fue una conspiración islamo-etarra-policial, Zapatero ha desenterrado la Guerra Civil, el Rey está a por uvas… y el crecimiento de la economía es un escaparate navideño plagado de juguetes rotos.
Por si fuera poco, en medio de este ejercicio de optimismo analítico nos enteramos en Público de la existencia de otro pariente de Mariano Rajoy, un joven cuñado que cumplía todos los requisitos para ejercer de contable en una pequeña o mediana empresa, pero (azares del destino) el Gobierno gallego de Manuel Fraga le nombró director financiero de una obra faraónica de la Xunta cuyos costes se triplicaron a mayor velocidad que la temperatura de los océanos.

No, realmente no ha sido la mejor semana de Mariano Rajoy. Coincidía además con la discusión de los Presupuestos Generales del Estado en el Congreso, donde el jefe de la oposición tenía la oportunidad de trasladar a la opinión pública los mimbres fundamentales de su alternativa de Gobierno. Después de la derrota que sufrió en el debate sobre el Estado de la Nación en julio pasado, era una ocasión de oro para marcar un discurso creíble en un momento complicado para Zapatero, cuyos principales socios de legislatura marcan distancias con la vista puesta en sus respectivos corralitos electorales. Y con una Catalunya indignada por el carajal en el que se han convertido los últimos kilómetros del AVE, cuyos socavones provocan un calvario cada día a centenares de miles de barceloneses.

El líder del PP se siente más cómodo y seguro en la tribuna del Congreso que en los vídeos. Evitó entrar en discusiones macroeconómicas de las que Pedro Solbes sabe mucho más que Rajoy y su cuñado juntos, y se centró en un mensaje directo y simple: “Ustedes, a falta de un proyecto ilusionante e ideas eficaces, tiran ahora de chequera para ocultar su fracaso”. Por enésima vez, acusó al Gobierno de despreciar los intereses de los españoles y de “utilizar los Presupuestos como mero instrumento electoral”. Pese a su bajo estado anímico (acababa de morir un hermano menor), Solbes tuvo los reflejos políticos de interrogar a Rajoy sobre la famosa “chequera”. “¿Usted está o no a favor –le preguntó–de la Ley de Dependencia o de las medidas de carácter social para ayudar a los más desfavorecidos?” El PP consideró un éxito que los Presupuestos fueran aprobados por sólo nueve votos de diferencia y que Solbes reconociera que sus previsiones de crecimiento para el próximo año podrían quedarse en “el entorno del 3%”. Todo un fracaso si se compara con las cifras de las principales economías del mundo.

Liderazgo

Hoy saldrá Mariano Rajoy de Valencia con los galones que ya tenía, como candidato oficial a la presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales, pero con los mismos problemas de mensaje y liderazgo que venía arrastrando y que esta semana horribilis ha confirmado. Por mucho que intenta centrar el discurso en el “sentido común”, en el “rigor” y en los “asuntos que de verdad preocupan a los españoles”, Rajoy no consigue escapar a los fantasmas políticos y mediáticos que vienen marcando su travesía desde que José María Aznar le señaló con el dedo de la sucesión. De hecho, el propio Aznar se encarga de adelantarle por la derecha con sus Cartas a un joven español (a un tal Santiago y cierra España), último best-seller firmado por el ex presidente del Gobierno y todo un ejemplo de “visión apocalíptica de la realidad”.
Todas las encuestas señalan que el suelo electoral del PP sigue siendo sólido. Mucho más frágiles parecen las posibilidades de que Rajoy consiga ampliar su techo hacia el centro o hacerse perdonar las afrentas con las que ha atizado a los nacionalistas, únicos socios posibles en el futuro. Y de este modo, puede llenar la Feria de Muestras de Valencia o arrasar las audiencias de You Tube, pero difícilmente conseguirá acceder al gobierno.

Algunos miembros del núcleo duro del PP, en alianza con los cerebros mediáticos habituales, tienen tal desconfianza en sus posibilidades electorales que han decidido impulsar la teoría del caos hasta las últimas consecuencias. Por eso han bloqueado de nuevo el Consejo del Poder Judicial y por eso están dispuestos a paralizar por completo el Tribunal Constitucional, aun a costa de hundir definitivamente su ya mermado prestigio institucional. Todo vale si con ello se consigue transmitir la imagen de que la legislatura de Zapatero ha sido lo peor que le ha ocurrido a España desde, por ejemplo, la Guerra Civil. Lo cual, si no es una “visión apocalíptica de la realidad”, se le va acercando bastante.