Caminar erguidos

22 May 2011
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EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

Hace unos días estuve a punto de colgar un comentario en el blog de Bipedismo y parto (15-5-2011), el esclarecedor artículo de mi admirado colega José María Bermúdez de Castro; pero me salió tan largo que decidí convertirlo en una columna. Que es esta.

Cuando nuestros remotos antepasados descendieron de los árboles, algunos se irguieron sobre sus patas traseras y no tardaron en descubrir las ventajas de la ambulación bípeda. El hecho de caminar erguidos amplió su horizonte (en el sentido más literal de la expresión: podían ver a sus depredadores y a sus presas a mayor distancia) y les suministró una ligera ventaja reproductiva (como estaban un poco mejor alimentadas, las hembras bípedas, por término medio, lograban amamantar a una cría más a lo largo de su vida fértil).
Este pequeño margen les permitió sobrevivir como especie mientras las otras ramas del árbol protohumano eran truncadas por los implacables hachazos de la selección natural. La especie sobrevivió lo suficiente como para aprender a sacar partido de las extremidades superiores que el bipedismo había dejado libres, y ese nuevo logro garantizó su supervivencia.

La racionalidad y la cultura (o, mejor dicho, la racionalidad-cultura: ambas cosas son inseparables, se determinan mutuamente) son “propiedades emergentes” del prolongado y retroalimentado hábito de un grupo de primates de caminar juntos y erguidos (no en vano la evolución del ser humano se suele representar mediante la secuencia condensada de su erguimiento ambulatorio).

El 13 de marzo de 2004 tuve el privilegio de participar, varios millones de años después, en una epifanía similar a la de los primeros bípedos. Miles de personas caminando juntas y erguidas durante horas, reclamando un territorio más habitable y un horizonte más amplio, propiciando la aparición de nuevas “propiedades emergentes” –es decir, de una nueva cultura– a partir de la vieja solidaridad gregaria; miles de personas convocadas por el imperativo moral (expresión del deseo de supervivencia de la especie) de hacer frente a los depredadores del capitalismo salvaje, movilizadas por y hacia el “gran atractor” de la democracia participativa. Y hace unos días, en la Puerta del Sol de Madrid, asistí a un levantamiento masivo y espontáneo de similares características.

No es casual que agacharse sea la metáfora –o la metonimia– de la sumisión y levantarse simbolice la rebeldía y la liberación. El erguimiento nos elevó por encima de la mera animalidad. Y seguimos en ello.


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