El test de Turing

04 Jun 2011
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EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

* Escritor y matemático

Cómo podemos saber si nuestro interlocutor es o no un ser pensante? La pregunta, hasta hace poco, no habría tenido sentido, salvo como especulación filosófica de altura o argumento de un relato de ciencia ficción. Pero ya hemos empezado a hablar por teléfono con grabaciones inteligentes que nos interrogan con insistencia policial y a veces hasta contestan a nuestras preguntas. Y no es infrecuente que, para entrar en una página de internet, tengamos que identificar una serie de signos distorsionados. ¿Para qué? A veces, un breve texto bajo el recuadro de los caracteres deformes nos lo aclara: “Por favor, identifica estos signos para confirmar que no eres una máquina”.

Por máquina, en este caso, no hay que entender (todavía) un androide tecleando en un ordenador, sino un programa automático, un spam o un virus. Y las grabaciones telefónicas aún se distinguen con bastante claridad de los operadores humanos (y cuando cabe la duda no es porque las grabaciones parezcan seres humanos sino más bien por lo contrario).

Pero dentro de nada no será fácil saber si al otro lado de una línea telefónica o de una pantalla hay una persona o un programa. Y el primero en plantearse seriamente esta cuestión fue el matemático británico Alan Turing. En su ya clásico artículo Computing Machinery and Intelligence, publicado en 1950 en la prestigiosa revista Mind, el autor propone lo que desde entonces se conoce como el test de Turing, que consiste en comparar las respuestas dadas por una persona y un programa de ordenador a una serie de preguntas planteadas por un juez humano que no sabe quién es quién (o quién es qué, o qué es quién…). Según Turing (y la experiencia demostró que tenía razón), un interrogador mínimamente hábil distinguirá rápidamente entre el humano y la máquina. ¿Y si no logra distinguirlos? Entonces, afirma Turing, es que la máquina es inteligente.

El test de Turing se ha aplicado muchas veces, y hasta ahora no lo ha superado ninguna máquina. De hecho, el conocido método de identificación anti-spam mediante signos distorsionados es una aplicación del test, y su nombre, Captcha, es el acróstico de Completely Automated Public Turing test to tell Computers and Humans Apart. Una aplicación paradójica, pues en este caso el juez es un programa de ordenador; por eso se denomina también Prueba de Turing Inversa, puesto que quien distingue entre el ser humano y la máquina es una máquina. Lo cual, además de paradójico, no deja de ser inquietante.


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