Luces de esperanza en el firmamento

02 Jul 2014
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“¿Conservadores? Muy bien, decía Mairena. Siempre que no lo entendamos a la manera de aquel sarnoso que se empeñaba en conservar, no la salud, sino la sarna” de “Habla  Juan de Mairena a sus alumnos”, de Antonio Machado.

Las recientes elecciones anuncian el fin del bipartidismo conservacionista y oligárquico. En el firmamento político se han encendido luces de esperanza. Los dos partidos hasta ahora dominantes sumados no alcanzan el 50% de los votos y la gran pérdida de votos, que ya se había iniciado antes, indica que la tendencia a la baja continuará. Optar por uno u otro ya no se justifica con el argumento de “votar útil”. Votar a otros ya no será perder el voto. Han emergido fuerzas políticas con vocación ganadora. Las próximas elecciones, las municipales serán probablemente la prueba del fin del bipartidismo. Y quizás asestará un golpe mortal al régimen salido de la transición.

No se trata de futuros próximos apocalípticos, ni de anunciar el derrumbe de todo el marco político y jurídico denominado democrático. Se trata de conservar el sistema de libertades y derechos de las personas y de mantener el sufragio universal y el pluralismo político. Pero no conservar la sarna acumulada por las pervivencias del franquismo y la degeneración de los partidos dominantes, ni la ocupación partitocrática del conjunto del Estado, ni un sistema electoral excluyente, ni renunciar a desarrollar la democracia hacia el conjunto de la sociedad, ni dejar fuera del juego político a la inmensa mayoría de los ciudadanos, ni mantener una alianza de hierro del poder político con los poderes económico-financieros, ni promover políticas antipopulares y menospreciar las iniciativas y las demandas de la ciudadanía. Se trata de hacer una revolución democrática, de amplia mayoría social, pacífica, de movilización tranquila y de confirmación en las urnas.

Así como las acciones positivas pueden tener efectos perversos, lo se puede considerar una acción o situación no querida puede producir algunos efectos positivos. La crisis económica y política no es buena para un país y sus gentes pero rompe el velo que oscurecía la realidad del mal que lleva en sus entrañas el sistema económico y el régimen político vigentes. Los desmanes de todo tipo del PP y la vocación únicamente reproductiva de sus aparatos por parte del PSOE han agotado la paciencia del personal. Si la mayoría de ciudadanos españoles considera a los partidos políticos y las instituciones de base representativa como lo peor valorado del entramado institucional es obvio que los principales responsables son los dos partidos que se han alternado en el poder. Los otros, en la izquierda, han quedado autosecuestrados en las instituciones y necesitan renovarse no solo desde dentro, también en contacto con las fuerzas nuevas que es probable que resulten mucho más fuertes.

Han aparecido luces de esperanza en el firmamento político oscuro que anuncia tormenta. Unas luces que anuncian una aurora. En el vacío de representación en el escenario de la política en que vivían los ciudadanos activos e indignados, cargados de razones y de alternativas, que han ido construyendo desde la base un tejido social constructor de nuevas formas y nuevos contenidos, han emergido fuerza políticas con vocación ganadora. En España la estrella, esperemos que no sea fugaz, es Podemos. Creo sinceramente que tiene un gran futuro si desarrolla una función integradora. En Catalunya el panorama es más complejo, por lo menos visto de cerca, pero hay datos muy visibles: ERC es probable que supere a CiU, la Asamblea Nacional es un movimiento centrado en la consulta y la independencia que hoy representa ya a una mayoría social, el Procés Constituent ha recibido decenas de miles de apoyos, Iniciativa y EUiA ha salido de la cáscara institucional y tienen una presencia activa en los movimientos sociales, las CUPs crecen y son ya mucho más que un conjunto de colectivos locales, Podemos ha recogido más de 100.000 votos a pesar de no tener antes de las elecciones una presencia orgánica en el territorio (117.000 exactamente) … y multitud de plataformas, coordinadoras, colectivos territoriales o especializados, etc… tan innumerables y difíciles de clasificar como los animales de la Enciclopedia del emperador de China según Borges.

Muy recientemente, a finales de junio, ha emergido una nueva propuesta política en el firmamento físico y virtual, de base de amplio espectro y con voluntad de agrupar numerosas fuerzas políticas y sociales con la intención de ganar la alcaldía de Barcelona e iniciar una revolución democrática desde la base. Nos referimos obviamente a Guanyem Barcelona cuya principal portavoz es Ada Colau. De entrada ya se le atribuye (La Vanguardia de hoy) un potencial suficiente para disputar la victoria con ERC y con CiU, siempre que cuente con los apoyos o alianzas con Podemos, Procés Constituent, ICV-EUiA, CUPs (éstos parecen menos dispuestos que los antes citados), etc. El éxito de salida permite considerar posible un cambio radical de mayorías a la que se puede añadir ERC, pues mantener una alianza conservadora con una CiU derrotada podría ser suicida. La creación de esta fuerza nueva, renovadora, radical a favor de un proceso democratizador a todos los niveles e impulsor de una políticas públicas a favor de las mayorías populares tendrá una influencia desde ya en las dinámicas preelectorales en las ciudades y pueblos catalanes. Y también en España más aún si se da una victoria en Barcelona y otros municipios. Siempre que “Guanyem…” no se fascine por su éxito inicial, que reconozca el pluralismo político y cultural que es su sustrato y asuma positivamente las alianzas necesarias  y priorice las coincidencias presentes más que las diferencias pasadas.

La cuestión es hasta que punto el proceso político catalán puede converger con otros procesos políticos y sociales en el conjunto del Estado español. Sin un cambio de Gobierno en España y un final del actual bipartidismo difícilmente Catalunya  podrá pactar nada importante con el Estado. Sin la aportación catalana a la revolución democrática se debilita mucho el frente democrático y además las sectores conservadores españolistas, PP, adláteres y probablemente el PSOE si mantiene sus posturas  integristas y excluyentes (véase el siniestro personaje que es Susana Díaz), utilizarán el caso catalán para reorientar a una parte de la ciudadanía española contra Catalunya. No estoy seguro que de un día para otro se pueda crear un idilio amoroso, pero los matrimonios más sólidos son los de interés. Si tenemos objetivos comunes el afecto se crea o renace. Veamos como podemos avanzar en esta dirección.

Creo que los demócratas españoles deben asumir que la consulta catalana es tan justa como inevitable. Es una condición sine qua non. Pero desde Catalunya hay que explicitar que con otro Gobierno en España, abierto a un nuevo pacto entre iguales, la independencia puede traducirse en un nuevo tipo de relación con el Estado español.

Desde Catalunya no debemos ni podemos centrarnos exclusivamente en la cuestión de la independencia. Ciertamente se ha convertido en el factor integrador, en gran parte debido a las posiciones intransigentes e irracionales de las cúpulas del PP y del PSOE, pero las demandas ciudadanas son múltiples y en muchos casos se dirigen no solo al Gobierno español, también al catalán. El independentismo se alimenta principalmente del sentimiento de humillación, desprecio y ninguneo recibido por gobernantes y aparatos del Estado y por la expectativa que una Catalunya independiente podría generar un Gobierno más vinculado a la ciudadanía y cuyas políticas serían más favorables al pueblo. Y lo que ocurra en Catalunya el 11 de setiembre y el 9 de noviembre, día de la consulta convocada , puede acelerar los acontecimientos. Desde España es lógico que no deseen la segregación pero es prácticamente inevitable reconocer el derecho a la autodeterminación como se reconoció por  parte de los partidos políticos democráticos hasta la aprobación de la Constitución. Aceptar en teoría la independencia de Catalunya por parte de España es el mejor argumento para evitarla. A partir de lo cual podemos entendernos.

Un nuevo pacto entre Catalunya debe basarse en principios republicanos, sea cual sea la forma política superestructural, La Monarquía es coyuntural vista desde la historia pero no es la cuestión inmediata. En cambio hay que plantearse, por parte de todos, el marco de un futuro pacto. No hay unos que proponen, los catalanes y otros que disponen, las instituciones y aparatos del Estado. Es un pacto ente iguales en el que hay un autogobierno sólo limitado por la solidaridad. El catalanismo conservador se conforma con obtener competencias constitucionales bloqueadas que permitan unos ingresos fiscales correspondientes a las competencias y basados en la ordinalidad de los ingresos, la exclusividad de competencias en cultura y enseñanza y una presencia significativa en las instituciones europeas y en los organismos internacionales. Creo que las izquierdas catalanas serán más exigentes y no se conformarán con las anteriores. Apuntamos algunas que nos parecen importantes tanto porque permiten realizar políticas avanzada y porque en otros casos responden a aspiraciones de la ciudadanía: competencia exclusiva en organización territorial y de los gobiernos locales; descentralización del poder judicial; mecanismos de participación ciudadana a todos los niveles  y electoral; gestión tributaria y de las grandes infraestructuras (puerto, aeropuerto, carreteras y gran parte de la red ferroviaria); regulación del derecho de propiedad y de las empresas de servicios y financieras y de medios de comunicación con presencia de representantes  del Gobierno y de los sindicatos en los consejos de administración;  legislación laboral y participación de los trabajadores en la empresa; selecciones nacionales propias sin perjuicio de que los clubs participen en las competiciones del conjunto del Estado.

Apunto estas cuestiones para que si es posible iniciemos debatirlas sin condiciones previas es crear un clima de complicidades, lealtades y confianza mutua. Desde un punto de vista general supone asumir el carácter plurinacional de España y el derecho a la autodeterminación de los pueblos que la componen y si alguno de ellos quiere, por mayoría promoverla, pueda hacerlo. Puede facilitar una coincidencia sobre los objetivos y las acciones que nos lleven a todos, conjuntamente, a promover una revolución democrática.

Pero la cuestión más actual es iniciar caminos paralelos que converjan. En política las paralelas se encuentran, si queremos, antes de llegar al infinito. ¿Cuáles son los objetivos actuales que nos acerquen y nos hagan más fuertes? Primero convertir desde ya las futuras elecciones municipales en una derrota enorme para el PP y también para el PSOE (con una cierta predisposición a distinguirlos a pesar de que hacen lo posible para parecerse mucho). Lo cual supone procesos como los de Podemos y los de Guanyem Barcelona. Creo que plantearnos un objetivo ambicioso y posible: convertir las elecciones municipales como el inicio de la revolución democrática tanto en las formas de hacer política como en las políticas concretas a desarrollar desde los municipios. ¿Estamos preparados para gestionar estas políticas? Menos lo estaremos estando fuera o en la oposición.  Se trata de dar una salida real y unitaria a la demanda ciudadana, tanto de Españacomo de Catalunya.

Las revoluciones largas y pacíficas pueden ser  posiblemente las más sólidas y duraderas. Pero deben empezar ya- En nuestro caso es urgente pues ni los gobernantes actuales pueden gobernar como antes, ni los gobernados están dispuestos a tolerarlo más, siempre que tengan alterntivas creíbles. Hay que acabar con la sarna política. El 31 de mayo de 2015 puede ser un 14 de abril.


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